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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 7 de junio de 1998
Solemnidad de la Santísima Trinidad

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad, que presenta a nuestra contemplación orante el misterio de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En la Trinidad se puede descubrir el modelo originario de la familia humana, constituida por un hombre y una mujer llamados a entregarse recíprocamente en una comunión de amor abierta a la vida. La Trinidad es también el modelo de la familia eclesial, en la que todos los cristianos están llamados a vivir relaciones de auténtica comunión y solidaridad. El amor es el signo concreto de la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La segunda Persona de la santísima Trinidad, que se encarnó y se hizo hombre en Cristo, está presente entre nosotros en el sacramento de la Eucaristía. Este es el tesoro más grande de la Iglesia, que lo conserva con inmensa gratitud y amor. A la Eucaristía está dedicada la fiesta de «Corpus Christi», que celebraremos la tarde del próximo jueves con una misa solemne en San Juan de Letrán, a la que seguirá la tradicional procesión. Os invito a todos a participar en ella.

2. Mañana se inaugura en Nueva York la sesión especial de la Asamblea general de las Naciones Unidas dedicada a la lucha contra la droga. Los países de toda la tierra examinarán juntos cómo librar al mundo de la producción, la demanda y el tráfico ilícito de drogas. Estos tristes fenómenos constituyen un mercado de muerte, que corroe y debilita al ser humano en su aspecto más personal, la capacidad de comprender y la libertad de amar, y hiere profundamente a tantas familias.

Aliento las numerosas iniciativas, también en el ámbito de la Iglesia, que brindan a los toxicómanos la posibilidad de superar este mal y reinsertarse en la vida social, y deseo de corazón que el importante encuentro de Nueva York dé un impulso nuevo y concreto a la cooperación internacional, para una humanidad más libre y solidaria.

3. Encomendemos con confianza a la Virgen santísima, templo perfecto de la Trinidad, estos deseos. Pongamos en manos de María, modelo de amor hecho don, cada gesto de solidaridad cristiana y de participación humana en los sufrimientos de nuestros hermanos.

Que la Virgen nos ayude a hacer que nuestra existencia sea un himno de alabanza y amor a Dios, bienaventuranza eterna, vida inmortal, luz sin ocaso.


Llamamiento en favor de la paz en África y en Kosovo

 

Preocupan las noticias de los conflictos que, durante estos días, afectan a poblaciones enteras.

Pienso, en particular, en el enfrentamiento armado entre Etiopía y Eritrea, y el recrudecimiento de la situación en el Kosovo.

Que Dios ahorre a las queridas poblaciones de África, ya tan probadas, nuevos sufrimientos. No lejos de nosotros, en el Kosovo, opciones violentas, represión y fuga de las poblaciones no pueden dejar indiferente a la comunidad internacional. Se trata de episodios que recuerdan la reciente y trágica historia de los Balcanes.

La búsqueda de soluciones negociadas y pacíficas requiere paciencia y audacia. Oremos al Señor para que ilumine a las partes en conflicto, a fin de que emprendan el camino del diálogo, más largo pero eficaz para todos.

 

© Copyright 1998 - Libreria Editrice Vaticana

 

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