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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 8 de noviembre de 1998

 

1. Se celebra hoy en Italia el tradicional Día de acción de gracias, en el que de manera especial los agricultores, pero también otros grupos, dan gracias a Dios por su Providencia.

En esta celebración tan significativa, también este año quiero expresar mi cordial cercanía, con el deseo de que, como han escrito los obispos italianos en su mensaje, ayude a encontrar «el significado auténtico del esfuerzo y el motivo profundo de la alabanza y la acción de gracias a Dios, que sigue actuando también a través de las manos y el ingenio de cada hombre y de cada mujer» (n. 1).

A todos los agricultores y a cada uno de los trabajadores y trabajadoras, en particular a cuantos atraviesan situaciones personales o familiares difíciles, les envío hoy una bendición especial.

2. Asimismo, deseo expresar unas palabras de consuelo a las poblaciones de Centroamérica, donde pueblos enteros han sido arrasados por una terrible catástrofe natural.

A la vez que elevo a Dios mi oración de sufragio por las numerosísimas víctimas, renuevo a todos la invitación a la generosidad con los supervivientes, que en este momento se enfrentan a enormes problemas.

Por desgracia, otros dolorosos acontecimientos, causados esta vez por la violencia de los hombres, amenazan con hacer inútiles los esfuerzos de cuantos anhelan un mundo mejor.

Me refiero, en particular, a la región de Oriente Medio, donde otro atentado en el centro de Jerusalén ha despertado nuevos temores con respecto a la paz, precisamente cuando habían resurgido las esperanzas de una reanudación de las conversaciones después del reciente acuerdo firmado por las partes implicadas y que fue fruto de arduas y valientes negociaciones.

3. Además, en algunas zonas de la República del Congo siguen produciéndose enfrentamientos armados, que crean en las poblaciones locales un clima de total inseguridad, causando también daños al personal religioso y a obras de la Iglesia católica.

Expreso mi ardiente deseo de que todos den muestras de solidaridad humana y renuncien a la violencia, que no lleva nunca a soluciones dignas del hombre.

Encomiendo este deseo a la intercesión de la Virgen santísima, pidiéndole que consuele a los que sufren y confirme los propósitos de las personas de buena voluntad.

 

© Copyright 1998 - Libreria Editrice Vaticana

 

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