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JUAN PABLO II ÁNGELUS
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Se celebra hoy la Jornada mundial de las misiones. También
fue así hace veinte años, al comienzo de mi ministerio petrino. Me parece una
coincidencia significativa, si pienso en el espíritu misionero que anima mi
compromiso apostólico y que se ha manifestado de manera especial en los
numerosos viajes que he podido realizar, para exhortar a todos, en cualquier
rincón del mundo: «¡Abrid las puertas a Cristo!». Hoy mi pensamiento va, en
particular, a los misioneros «ad gentes», que en los países de misión
llevan este anuncio con tanto amor, a menudo en condiciones difíciles, a veces
incluso a costa de su vida. ¡Démosles las gracias! Que en esta jornada, pero no
sólo ahora, se sientan acompañados por el afecto y la oración de toda la
Iglesia. 2. También tiene un alma misionera la encíclica
Fides et
ratio, que se publicó el jueves pasado y sobre la que me propongo volver a
hablar. Como es sabido, en ella afronto el problema de las relaciones entre la
filosofía y la teología, subrayando que la fe y la razón no se oponen, sino que
se sostienen recíprocamente, como «dos alas con las cuales el espíritu humano
se eleva hacia la contemplación de la verdad» (Fides et ratio, 1). ¡Ay
de una humanidad que perdiera el sentido de la verdad, la valentía de buscarla y
la confianza en encontrarla! No sólo correría peligro la fe, sino tambi én el
sentido mismo de la vida. Encomiendo la acogida de esta encíclica a la intercesión de la
santísima Virgen, «Sede de la sabiduría». Que nos ayuden también santa Teresa
de Lisieux, a quien hace exactamente un año declaré «doctora de la Iglesia», y
Edith Stein, la «filósofa» santa, que el domingo pasado tuve la dicha de
canonizar.
© Copyright 1998 - Libreria Editrice Vaticana
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