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JUAN PABLO II
REGINA CAELI
Domingo 10 de mayo de 1998
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Al término de esta solemne celebración, me complace subrayar la devoción
mariana que animó a estos nuevos beatos. Siguiendo su luminoso ejemplo, también
nosotros queremos renovar nuestra confianza filial en la Madre de Cristo, para
que nos guíe por el camino de la fidelidad plena a Cristo y su Evangelio.
2. Con gozo saludo a los peregrinos venidos de España, en particular a los
familiares de las once nuevas beatas, a los obispos de sus diócesis de origen,
así como a las autoridades que han querido asistir a esta solemne ceremonia.
Pido a Dios que el maravilloso ejemplo de estas mujeres, que derramaron su
sangre por Cristo, perdonando de corazón a sus ejecutores, sostenga el firme
propósito de la sociedad española de vivir en paz y libertad, y logre ablandar
el corazón de aquellos que hoy siguen utilizando el terror y la violencia para
imponer sus ideas. A todos os imparto mi bendición, que extiendo a vuestras
familias, a los ancianos y enfermos, y también a las religiosas de los
monasterios de clausura vinculados a las nuevas beatas.
3. Saludo cordialmente a los libaneses del Líbano y de la diáspora, que han
venido a Roma con ocasión de la beatificación del padre Kassab Al-Hardini. Mi
saludo va, ante todo, al señor presidente de la República libanesa, a las
autoridades eclesiásticas, a las personalidades civiles y religiosas y a todos
los hermanos de la orden maronita libanesa, así como a los miembros de la
familia del nuevo beato y a quienes han obtenido gracias por su intercesión. Que
el beato Al-Hardini reavive la fe, sostenga la vida cristiana y fortalezca el
testimonio de los libaneses discípulos de Cristo, en el umbral del tercer
milenio.
4. Saludo ahora a los peregrinos de lengua italiana que han venido para las
beatificaciones. Saludo, también, a los participantes en la «Caminata de la
solidaridad », encabezada por la ministra de Sanidad y por un grupo de niños
internados en el hospital «Bambino Gesù» y compuesta por las asociaciones que
reúnen a los pacientes en espera de un trasplante y a los que ya han sido
operados, así como por las asociaciones de voluntariado, entre las cuales figura
la Asociación italiana de donantes de órganos. Expreso a todos unas palabras de
afectuosa cercanía y de aliento cordial.
Por último, deseo dirigir un saludo afectuoso a las poblaciones de Ecuador,
donde inundaciones y desprendimientos de tierra han causado centenares de
muertos y dispersos, así como a las de la Campaña, en Italia, duramente probadas
por el reciente y dramático aluvión, con numerosas víctimas e ingentes daños a
las casas y al territorio. Aseguro mi oración de sufragio por los difuntos y
estoy cerca de sus familiares con toda la solidaridad cristiana. Oro, además,
por los dispersos, por los que han quedado sin casa y por cuantos se están
dedicando a las difíciles operaciones de socorro, para que se ponga remedio
cuanto antes a esas dramáticas situaciones de emergencia, que tanto me
preocupan. Invoco para todos el consuelo y la protección materna de María,
Consuelo de los afligidos y Madre de la esperanza.
© Copyright 1998 - Libreria Editrice Vaticana
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