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JUAN PABLO II

REGINA CAELI

Lunes de Pascua, 13 de abril de 1998

 

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. La liturgia de hoy prolonga la alegría pascual, invitándonos a regocijarnos en el Señor, porque «Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado». Hoy es un ángel quien nos guía en la reflexión sobre el misterio de la resurrección de Jesús. «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?», dice a las mujeres que habían acudido al sepulcro (cf. Lc 24, 5). La misma pregunta, desde aquel día, recorre los siglos y llega hasta nosotros.

El ángel nos invita a no buscar entre los muertos al que está vivo. Estas palabras nos brindan dos enseñanzas. Ante todo, la exhortación a no cansarnos nunca de buscar a Cristo resucitado, que da la vida en abundancia a cuantos se encuentran con él. Encontrarse con Cristo significa descubrir la paz del corazón, como confirma la experiencia de tantos convertidos. Las mismas mujeres del evangelio, después del temor inicial, experimentan una gran alegría al encontrarse con el Maestro vivo (cf. Mt 28, 8-9). A todos deseo que hagan la misma experiencia espiritual, acogiendo en su corazón, en su casa y en su familia el gozoso mensaje de la Pascua: «Cristo, una vez resucitado, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya» (Antífona de comunión).

2. Pero las palabras del ángel nos ofrecen una segunda enseñanza. Cuando impulsa a las mujeres a no buscar «entre los muertos al que está vivo», quiere darnos a entender que Cristo, vivo y resplandeciente de gloria, puede ser conocido ahora por sus discípulos mejor que antes de su pasión y muerte. En efecto, ahora da a los discípulos el Espíritu Santo, que puede guiarlos «a la verdad plena» (Jn 16, 13). El Espíritu, primer don del Resucitado a los creyentes, (cf. Jn 20, 22), sale en ayuda de su fragilidad, llevándolos a «conocer a fondo el misterio de la redención y a predicar con toda verdad la regla de la fe» (san Pedro Damián, Carmina et preces, III).

3. Amadísimos hermanos y hermanas, invoquemos a la Reina del cielo, que ciertamente se encontró con su Hijo resucitado y pudo reanudar el coloquio con él en la alegría. Que María obtenga a cada fiel el don de un testimonio gozoso y coherente, que impulse a otros muchos a encontrarse con el Señor resucitado, siempre vivo entre nosotros, y a conocerlo.


 

Al final del Regina caeli, el Papa dio gracias al Señor por los «resultados positivos » conseguidos en las negociaciones realizadas en Irlanda del norte.

Deseo invitaros a dar gracias a Dios por los resultados positivos conseguidos en los días pasados en Irlanda del norte, que permiten mirar al futuro con mayor confianza en lo que atañe a esas poblaciones tan queridas y por tanto tiempo probadas. Pidamos al Señor que cada uno, escuchando la voz de su conciencia, tenga la valentía de realizar gestos responsables y concretos que permitan a todos recorrer juntos el camino de la paz, evitando lo que pueda llevar nuevamente al odio y a la violencia.

Asimismo, Su Santidad, hablando en portugués, expresó su solidaridad con las víctimas del catastrófico incendio de las selvas amazónicas

Envío un saludo particular al pueblo del Estado brasileño de Roraima, cuyo territorio recientemente se ha visto afectado, en parte, por un inmenso incendio de la selva amazónica, que se ha extendido también a los territorios limítrofes venezolanos y de Esequibo, en la Guayana. Expreso, de modo especial, mi solidaridad con la población de la reserva indígena de los yanomamis que, a causa de esa catástrofe, se han visto privados de sus medios normales de subsistencia, e invoco la protección de Dios, para que los proteja del azote del hambre y de las enfermedades, enviándoles una propiciadora bendición apostólica, que extiendo a toda la diócesis de Roraima.

 

© Copyright 1998 - Libreria Editrice Vaticana 

  

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