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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 8 de agosto de 1999

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. En el pasaje evangélico que nos propone la liturgia de hoy, volvemos a escuchar las palabras de Jesús a sus discípulos turbados y atemorizados: «¡Ánimo, soy yo; no tengáis miedo!» (Mt 14, 27). Señala el evangelista que, conmovidos por la presencia del Señor, «los de la barca se postraron ante él diciendo: « Realmente eres Hijo de Dios » (Mt 14, 33). La Iglesia hace suya esta profesión de fe en el Hijo de Dios, y la renueva constantemente, mientras difunde la buena nueva que él vino a traer a los hombres de todos los tiempos y lugares.

2. Del evangelio de Cristo fue incansable anunciador e intrépido testigo también el siervo de Dios Pablo VI, mi venerado predecesor, que el 6 de agosto de hace treinta y cinco años promulgaba su primera encíclica, cuyo título era Ecclesiam suam. Catorce años después, también en la fiesta de la Transfiguración y precisamente aquí, en Castelgandolfo, fue llamado a contemplar para siempre el rostro del Señor, en la patria bienaventurada.

En la Ecclesiam suam este gran Pontífice indicó los caminos de un inspirado itinerario eclesial hacia el tercer milenio. El primer camino es de orden espiritual, y se refiere a la conciencia que la Iglesia debe poseer de sí para responder a la vocación que le ha confiado el Redentor. El segundo es moral, y concierne a la auténtica renovación ascética, práctica y canónica, que necesita para cumplir su misión en el mundo. El tercero es apostólico. El método del diálogo se convierte para la comunidad eclesial en el estilo con que debe obrar para que llegue a todos los lugares el consolador mensaje salvífico de su Señor.

3. ¡Cómo no dar gracias a Dios por el don de estas enseñanzas tan proféticas, que han orientado el camino del pueblo cristiano durante estos treinta y cinco años! Con el concilio Vaticano II, guiado sabiamente por Pablo VI, la Iglesia ha profundizado mejor su naturaleza íntima y su misión universal. Gracias al constante apoyo del Espíritu Santo, su fe se ha mantenido inquebrantable durante estos últimos decenios del siglo, marcados por muchas luces, pero también por no pocas sombras, y ahora se prepara para cruzar con confianza el umbral del próximo milenio.

Elevemos una vez más nuestra acción de gracias a Dios por el fecundo ministerio apostólico del inolvidable Pablo VI. Al mismo tiempo, encomendemos a María, Madre de la Iglesia y Estrella de la evangelización, las perspectivas futuras y los desafíos misioneros que tenemos por delante, para que ella, como hizo con la Iglesia naciente, guíe los pasos de todos los cristianos.

* * *

Después del Ángelus

Con gran alegría saludo a todas las personas venidas de España y América Latina. Al concluirse hoy en Santiago de Compostela el Encuentro europeo de jóvenes, os invito a pedir al Señor que bendiga con abundantes frutos el entusiasmo y la generosidad de tantos jóvenes que en estos días han peregrinado hasta la tumba del apóstol Santiago movidos por su fe. A todos os agradezco vuestra presencia aquí.

(En italiano)
Se celebra hoy la memoria litúrgica de santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden dominica y figura de altísima espiritualidad, que suscitó en la Iglesia una profunda renovación apostólica.

Felicito cordialmente a los padres dominicos y a todas las religiosas, así como a los laicos que se inspiran en el carisma de santo Domingo.

 

 

© Copyright 1999 - Libreria Editrice Vaticana

 

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