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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Viernes 1 de enero de 1999

 

1. La liturgia de hoy nos propone de nuevo la antigua y sugestiva bendición bíblica: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz» (Nm 6, 24-26).

Con estas palabras, os expreso a cada uno mi felicitación con motivo del Año nuevo, deseándoos cordialmente que abunde en todo tipo de bienes y consolaciones.

Comenzamos el año 1999 fijando nuestra mirada en la Virgen Madre de Dios, que acogió con abandono y humildad los arcanos designios del Padre. De su generoso «sí» brotó la luz verdadera que ilumina a todo hombre (cf. Jn 1, 9). Gracias a su cooperación confiada, todos los hombres han recibido la paz, que es Cristo mismo.

2. Muy oportunamente, como sucede desde hace años, celebramos hoy la Jornada mundial de la paz. En el mensaje que dirigí con este motivo a los jefes de Estado, a los representantes de las naciones y a los hombres de buena voluntad, y cuyo tema es: «El secreto de la paz verdadera reside en el respeto de los derechos humanos», quise mencionar la Declaración universal de derechos humanos del 10 de diciembre de 1948. Recordé el vínculo recíproco e indestructible que existe entre el respeto a los derechos del hombre y la paz: «El respeto integral de los derechos humanos es el camino más seguro para entablar relaciones sólidas entre los Estados. La cultura de los derechos humanos no puede ser sino cultura de paz» (n. 12: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 18 de diciembre de 1998, p. 7).

La voluntad de paz, que hace cincuenta años impulsó a la Asamblea de las Naciones Unidas a proclamar los derechos del hombre, sigue animando aún hoy el esfuerzo de todas las personas de buena voluntad, deseosas de construir un mundo cada vez más justo y solidario.

3. Oremos para que, a pesar de los problemas y los obstáculos que a veces dificultan y complican el camino de la paz, no falte jamás en los corazones la tensión ideal que se traduce en gestos concretos de reconciliación y respeto a todo ser humano. Oremos, sobre todo, para que los representantes de los Estados muestren una disponibilidad generosa y un empeño diligente al acoger y cumplir felizmente la insuprimible y fecunda aspiración de concordia y paz de la humanidad. Encomendemos estos deseos a la Madre celestial del «Rey de la paz». Pongamos en sus manos el año que comienza, a fin de que sea un tiempo de auténtico progreso y de convivencia serena y pacífica para todo el mundo.


Saludos

En este primer día del año saludo con gozo a los peregrinos de lengua españo la, deseando a todos muy feliz año nuevo. Asimismo, envío mi cordial saludo a los miles de jóvenes reunidos en Santiago de Chile para participar en el encuentro mundial Scout. Pido a la Virgen María, Madre del Dios de la paz, que bendiga con su amor materno los deseos y proyectos de paz de la juventud scout y de todos los hombres de buena voluntad para la construcción de un mundo mejor.

¡Feliz año! Regnum Christi, se ve y se siente, Regnum Christi está presente. ¡Alabado sea Jesucristo!

 

 

© Copyright 1999 - Libreria Editrice Vaticana

 

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