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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 31 de enero de 1999

 

1. Hoy el Papa está un poco resfriado y, por eso, sus palabras serán breves.

Hace tres días volví a Roma después de mi peregrinación a la ciudad de México y a San Luis, Estados Unidos, y doy gracias a Dios por haberme concedido esta posibilidad.

A Santa María de Guadalupe, patrona de México y de todo el continente, le encomendamos el destino de los pueblos americanos y de su nueva evangelización.

2. En la plaza de San Pedro se encuentran hoy numerosos muchachos de la Acción católica de Roma, que han venido al término del «mes de la paz» con sus padres, con sus educadores y con muchos coetáneos suyos.

Queridos muchachos, el tema de vuestra iniciativa de este año es: «Estamos a tiempo para la paz». Sí, forma parte de la misión de cada cristiano recordar a todos que siempre estamos a tiempo para la paz. Las dos palomas, que soltaremos dentro de poco, quieren ser un símbolo de paz para Roma y para todo el mundo, que encomendamos a la intercesión de la santísima Virgen.


Saludos

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los diversos grupos parroquiales provenientes de las diócesis de Jerez de la Frontera, Almería, Cádiz y Sevilla. Invito a todos a vivir con gozo el espíritu de las bienaventuranzas, construyendo así un mundo más acorde con el evangelio de Cristo. Os bendigo de corazón.

(En italiano)
Hoy se celebra la Jornada mundial de los enfermos de lepra, con la que se pretende seguir impulsando el compromiso de combatir y derrotar esta grave enfermedad, que afecta aún hoy a cerca de doce millones de personas. A estos enfermos les envío una especial bendición, con la seguridad de mi constante oración.

También saludo y aliento a la asociación italiana Amigos de Raúl Follereau y a todos los que, en el mundo entero, trabajan con generosidad para combatir la enfermedad de Hansen y todo tipo de marginación social.

 

© Copyright 1999 - Libreria Editrice Vaticana

 

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