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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo
22 de agosto de 1999
1. En el evangelio de este domingo, Jesús pregunta a sus discípulos: «Y
vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16, 15). Le responde Simón
Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16). En la
respuesta de Pedro está el corazón mismo del cristianismo. En ella se apoya el
servicio a la fe y a la unidad, que Pedro y sus sucesores están llamados a
prestar, según las palabras mismas de Jesús: «Y yo a mi vez te digo que tú
eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16, 18). La
tarea del Papa es un servicio a la Iglesia y a la humanidad, por eso lo llaman,
ya desde tiempos remotos, Servus servorum Dei, Siervo de los siervos de Dios.
2. El calendario litúrgico nos invita hoy, además, a honrar a María con el
título de «Reina». Este título de gloria, en cierto sentido, completa la
imagen de María que la liturgia nos propuso el domingo pasado en la solemnidad
de la Asunción. En realidad, para entender bien la prerrogativa real de María,
no debemos olvidar que existe un sentido cristiano de la realeza, profundamente
diferente de las imágenes terrenas del poder. Se trata de una realeza de
servicio y amor, que pasa por la cruz (cf. Jn 18, 33-37), antes de
resplandecer en la Resurrección.
Que María Virgen, coronada Reina, interceda por nosotros y nos permita
imitarla en el cumplimiento fiel de la voluntad de Dios en la tierra, para poder
estar con ella un día en la Jerusalén celestial. En toda situación de nuestra
vida, invoquémosla con confianza: «Reina de todos los santos, ruega por
nosotros».
3. No puedo ahora dejar de dirigir mi pensamiento a las queridas poblaciones
de Turquía, afectadas recientemente por un violento terremoto. Las noticias que
siguen llegando describen una situación que reviste el carácter de una
catástrofe. Las fuentes oficiales hablan de varios miles de muertos, que, por
desgracia, aumentan a medida que prosiguen las intervenciones de los
socorredores. Innumerables son los heridos y los que han perdido su vivienda;
muchos edificios han sido destruidos y muchas localidades habitadas han quedado
arrasadas.
Estoy cercano con constante preocupación y gran afecto a esos hermanos y
hermanas tan duramente probados. Expreso mi profundo pésame por los muertos, y
ruego a Dios misericordioso que los acoja en su morada eterna. Pido también al
Señor que alivie el sufrimiento de cuantos han experimentado graves daños y
han perdido sus viviendas. Quiera Dios que la acción de socorro organizada y
coordinada por las autoridades, y la solidaridad concreta de los voluntarios que
han llegado de Turquía y de muchos otros países, sean motivo de consuelo y
ayuda para cuantos están viviendo en esa querida nación una hora de gran
dolor. Ahora oremos por ellos.
* * *
Después del Angelus
:Mi saludo lleno de afecto se dirige a las personas, familias, miembros del
grupo de la Obra de la Iglesia y grupos procedentes de los diversos países de
América Latina y de España. En este domingo, fiesta de santa María Reina, os
encomiendo bajo su protección y os bendigo a todos de corazón.
Llamamiento por Angola
Noticias cada vez más preocupantes llegan de Angola donde, a causa de un
conflicto fratricida, se está consumando, en el silencio y el desprecio de la
dignidad humana, una de las crisis humanitarias más graves del continente
africano.
El egoísmo de unos unido a los intereses de otros está llevando a esa
nación a una lenta e inexorable agonía, comprometiendo también el futuro de
toda esa región. En su constante solicitud pastoral, los obispos angoleños se
han hecho portavoces, en estos días, de las peticiones de ayuda que llegan,
sobre todo, de los más débiles e indefensos.
Pidamos a María, Reina de la paz, que haga nacer en toda persona de buena
voluntad la valentía de la paz, y en la comunidad internacional un suplemento
de solidaridad, para favorecer el renacimiento de la esperanza y asegurar a esas
poblaciones la paz y la justicia a las que aspiran desde hace tanto tiempo.
© Copyright 1999 - Libreria Editrice Vaticana
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