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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 24 de octubre de 1999

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Con una solemne celebración eucarística en la basílica vaticana, se clausuró ayer la II Asamblea especial para Europa del Sínodo de los obispos. Los padres sinodales exhortaron frecuentemente a los creyentes a ser misioneros valientes del Evangelio en nuestro continente.

Europa tiene sed de esperanza; precisamente por eso, tiene necesidad de Cristo. Como recuerda el tema mismo de la Asamblea sinodal, él es efectivamente la fuente de esperanza para todos los hombres.

2. La invitación a ser misioneros adquiere hoy una dimensión universal, pues se celebra la última Jornada mundial de las misiones del milenio. Ante las exigencias espirituales de nuestro tiempo, todos los cristianos están llamados a comprometerse, con obras, por el reino de Dios con el mismo empeño que animó desde su niñez a Paulina Jaricot, promotora de la Obra para la propagación de la fe. Este año se celebra el segundo centenario de su nacimiento. Su ejemplo luminoso impulsa a la Iglesia a difundir cada vez con mayor celo el mensaje de Cristo en el mundo.

Desde esta perspectiva, será de gran interés la celebración, el 22 de octubre del año 2000, de un Jubileo misionero especial y del Congreso misionero mundial, organizados por la Congregación para la evangelización de los pueblos. Será una ocasión providencial para dar gracias a Dios por cuanto se ha hecho hasta ahora y para renovar el impulso y el interés de todo el pueblo cristiano por la obra de la nueva evangelización.

3. Junto con toda la Iglesia, dirijo hoy un afectuoso saludo y expreso mi gratitud a los misioneros y misioneras ad gentes, que realizan la obra que se les ha confiado sin amedrentarse ante las dificultades y, a veces, lo hacen incluso a costa de su vida. Que no les falte jamás nuestro apoyo espiritual y material.

Amadísimos hermanos y hermanas, oremos por estas personas generosas que se han consagrado al servicio del Evangelio.

La santísima Virgen María, Estrella de la evangelización, acompañe a los misioneros y misioneras, y haga fecundo el esfuerzo de todos los que, de diversas maneras, cooperan en el cumplimiento de la misión universal de la Iglesia.

* * *

Llamamiento en favor de la paz en Colombia

Se realiza hoy en todas las ciudades de Colombia una marcha por la paz. También los colombianos presentes en Roma se unen a esa iniciativa, y han venido aquí, esta mañana, en señal de solidaridad y para participar en la oración común.

Invito a todos a unirse a su invocación para obtener de Dios el don de la paz, al mismo tiempo que bendigo y aliento los esfuerzos que ya se están realizando en esta dirección.

 

 

© Copyright 1999 - Libreria Editrice Vaticana

 

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