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JUAN PABLO II
«REGINA CAELI»
Domingo
18 de abril de 1999
1. Al término de esta solemne celebración, os doy las gracias
de corazón a todos vosotros, queridos fieles y peregrinos, que habéis venido
para honrar a los nuevos santos que la Iglesia nos presenta como ejemplos para
seguir e intercesores para invocar. Antes del habitual rezo del Regina caeli,
deseo poner de relieve el amor tierno y filial que sintieron por la Virgen
María.
Santa Agustina Livia Pietrantoni conservaba celosamente en el
hospital una imagen de la Virgen: se dirigía a ella con fe y le encomendaba a
los enfermos más difíciles y graves. «Amad, amad, amad a María», pedía a
sus hijos san Juan Calabria, animándolos a «vivir» y «respirar» a María.
Al exhortaros a todos a imitar su ferviente devoción mariana,
dirijo un saludo particular a los Pobres Siervos y a las Pobres Siervas de la
Divina Providencia, y a las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida
Thouret.
2. Me alegra acogeros a vosotros, peregrinos que habéis venido
para la canonización de Marcelino Champagnat, en particular a vosotros,
obispos, sacerdotes, Hermanos Maristas y demás miembros de la familia marista;
saludo también a los alumnos y ex alumnos. Que la Virgen María sea para todos
nosotros «nuestro recurso ordinario», como solía decir con confianza el padre
Champagnat. «Todo a Jesús por María; todo a María para Jesús»; que nuestra
espiritualidad mariana se inspire en ese lema del nuevo santo, para que también
nosotros avancemos diariamente, con humildad y fidelidad, por el camino de la
santidad.
3. María, a quien invocamos como Reina de la paz durante estos
días de gran preocupación por el conflicto en Yugoslavia, obtenga el valioso
don de la paz sobre todo para esa amada tierra, tan atormentada. ¡Que la fuerza
de la convivencia pacífica y del diálogo prevalezca sobre el atropello étnico
y sobre la violencia de las armas!
© Copyright 1999 - Libreria Editrice Vaticana
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