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JUAN PABLO II
«REGINA CAELI»
Domingo
25 de abril de 1999
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Acaba de concluir, en la basílica de San Pedro, la santa
misa, durante la cual he tenido la alegría de conferir la ordenación
presbiteral a 31 diáconos de la diócesis de Roma. Estos nuevos sacerdotes
constituyen un gran don para la comunidad eclesial romana y para la Iglesia
universal. Demos gracias al Señor y oremos para que los recién ordenados,
procedentes de diversas naciones, sean fieles a Dios, que los ha llamado al
servicio del altar.
2. Esta celebración, tan sugestiva, se inserta en el marco del
cuarto domingo de Pascua, Jornada mundial de oración por las vocaciones,
que este año tiene como tema: «El Padre llama a la vida eterna». ¡Qué
importantes son las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada para la
salvación eterna de los hombres! Dios sigue manifestándose como Padre a
través de personas que testimonian, con la palabra y con las obras, y a veces
incluso con el martirio, la entrega sin reservas al servicio de sus hermanos
(cf. Mensaje para la XXXVI Jornada mundial de oración por las vocaciones,
Introducción).
Modelo de todo sacerdote es Jesús, buen pastor, que vino para
que el mundo tenga la vida y la tenga en abundancia (cf. Jn 10, 10). Ante
los ojos del buen Pastor se abren los horizontes inmensos de la nueva
evangelización. El IV Encuentro internacional de sacerdotes, organizado por la
Congregación para el clero, en Tierra santa, del 22 al 27 del próximo mes de
junio, constituirá una ocasión privilegiada para que los sacerdotes de todas
las naciones caminen juntos hacia el gran jubileo y puedan entrar en el nuevo
milenio con renovada fidelidad y ardiente espíritu misionero. Aseguro mi
oración por el éxito de este encuentro, esperando que participe una amplia
representación procedente de muchas naciones de los diversos continentes.
3. A María, hija predilecta del Padre y modelo de toda
respuesta generosa a la llamada divina, le encomendamos las oraciones que en
toda la Iglesia se elevan hoy por las vocaciones. En particular, invoquemos su
protección maternal sobre los nuevos sacerdotes de la diócesis de Roma y sobre
todos los que este año van a recibir la ordenación sacerdotal, así como sobre
cuantos abrazan la vida consagrada.
Que la Virgen ayude a los padres a comprender el valor de las
vocaciones de consagración especial y a favorecer su maduración con la
oración y el ejemplo. En efecto, al dirigir nuestra mirada hacia el tercer
milenio, resuenan más vivas que nunca las palabras del Señor Jesús: «La mies
es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe
obreros a su mies» (Mt 9, 37-38). Que la Madre de la Iglesia sostenga
nuestra oración.
Después del "Regina Caeli"
(Al encuentro sobre el evangelio de la caridad, organizado
por el Consejo pontificio «Cor unum»)
Ante los grandes sufrimientos del mundo de hoy, y en particular
ante los causados por la guerra, es cada vez más urgente la necesidad de
difundir y testimoniar de modo concreto el evangelio de la caridad. En
este marco se sitúa el encuentro, organizado por el Consejo pontificio Cor
unum, que el domingo 16 de mayo tendré la alegría de presidir.
Participarán en él numerosos testigos de la caridad, y para ellos celebraré
una solemne eucaristía en la plaza de San Pedro. Será una ocasión
significativa para expresar el aliento de la Iglesia a cuantos se dedican a sus
hermanos necesitados y trabajan por construir un futuro de auténtica paz, en
una sociedad más fraterna y solidaria.
(En español) Con gran alegría saludo en este domingo
«del buen pastor» a los peregrinos venidos de España y América Latina, en
particular a los fieles de las parroquias de San Braulio, de Zaragoza, y Nuestra
Señora del Perpetuo Socorro, de Huesca. Hoy, Jornada mundial de oración por
las vocaciones, os invito a pedir con insistencia nuevas vocaciones para la
Iglesia del tercer milenio. Con este deseo os bendigo de corazón a vosotros y a
vuestras familias.
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