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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 23 de enero de 2000

 

Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Sigue vivo en mí el recuerdo de la emoción con que, el martes pasado, durante una solemne celebración ecuménica, junto con el metropolita ortodoxo Athanasios y el arzobispo anglicano George Carey, y con los representantes de numerosas Iglesias y comunidades eclesiales, abrí la Puerta santa de la basílica de San Pablo extramuros. Quise que ese acontecimiento coincidiera con el comienzo de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, con el propósito de mostrar visiblemente que el compromiso en favor de la restauración de la unidad de los cristianos es común y debe animar la gran oración que durante este período del Año jubilar se eleva al Señor en todos los rincones de la tierra.

El gesto de abrir juntos esa Puerta, símbolo de Cristo, fue un signo elocuente, que alienta a continuar por el camino que aún queda por realizar y por el que es preciso, ante todo, seguir orando. Doy gracias a las Iglesias y a las comunidades eclesiales que enviaron a sus representantes, permitiendo dar al mundo ese signo de esperanza, y les aseguro, una vez más, mi voluntad de apoyar todas las acciones que hagan más auténtica y eficaz nuestra aspiración a la unidad.

Pasado mañana, fiesta de la Conversión del apóstol San Pablo, en la misma basílica dedicada a él, tendrá lugar la celebración de clausura de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, que presidirá el cardenal Roger Etchegaray.

2. Ha pasado casi un mes desde el comienzo del gran jubileo, y en toda la Iglesia hay un gran fermento de iniciativas espirituales y caritativas. Entre ellas, deseo señalar hoy la del Consejo pontificio para la pastoral de los agentes sanitarios, que ha organizado en Roma una serie de encuentros de oración para los enfermos, en la basílica de Santa María la Mayor. La cita es el último martes de cada mes del Año jubilar.

Es significativa la elección de Santa María la Mayor como sede de los encuentros: a la intercesión de la Madre de Dios se encomendará la oración por el éxito del jubileo y por la salud física y espiritual de quienes sufren. Invito a todos los enfermos y a cuantos los asisten a tener presente esta iniciativa, para unirse espiritualmente a ella desde sus hogares o desde las clínicas.

3. Dirijámonos ahora a la Virgen santísima, que, acogiendo el anuncio del ángel, se hizo dócil cooperadora del misterio de la encarnación del Hijo de Dios. Aprendamos de ella a vivir todos los días de este Año santo como un tiempo de gracia, que espera nuestra respuesta personal. Que María nos ayude a promover la unidad desde la familia, la parroquia y el lugar de trabajo. Y nos obtenga un corazón generoso, sensible ante las necesidades de nuestros hermanos.


Después del Ángelus

Al saludar cordialmente a los peregrinos de lengua española, deseo expresar mi profundo dolor por la noticia del reciente atentado terrorista del pasado viernes en la capital de España, que ha costado la vida a un servidor del Estado y acaba violentamente con los quince meses en que se habían suscitado esperanzas de paz.

Deploro enérgicamente este acto execrable, que pone en serio peligro los esfuerzos de cuantos buscan soluciones justas y pacíficas de convivencia. Pido al Señor por la conversión de quienes utilizan o creen en el terror para imponer sus ideas, y por la armonía entre todos los ciudadanos del querido pueblo español.

 

© Copyright 2000 - Libreria Editrice Vaticana

 

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