 |
JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo 13 de agosto de 2000
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Ayer, en Turín, se inauguró la ostensión de la Sábana
santa, que durará hasta el 22 de octubre. A poca distancia de la anterior,
esta nueva e importante iniciativa espiritual subraya la íntima relación que
existe entre el mensaje de la Sábana santa y el Año jubilar. Doy las gracias de
corazón a monseñor Severino Poletto, arzobispo de Turín y custodio pontificio de
la Sábana santa, y a sus colaboradores, por haber ofrecido a los creyentes, que
acudirán de todas partes, la posibilidad de venerar este singular testimonio de
Cristo.
Cada vez que se tiene la posibilidad de contemplarla, se queda
profundamente impresionado. Esto me sucedió también a mí. En efecto, recuerdo
con viva emoción mis visitas: la primera, pocas semanas antes de mi
elección a la Sede de Pedro; la segunda, durante mi visita a Turín en 1980; y la
tercera, con motivo de mi peregrinación, en mayo de 1998, después del grave
incendio que estuvo a punto de dañarla seriamente. Cada una de esas ocasiones
constituyó una profunda experiencia de gracia. En efecto, en el Hombre de la
Sábana santa, el amor infinito de Dios habla al corazón de todo hombre.
2. Con ocasión del inicio de la ostensión de la Sábana santa,
muchísimos jóvenes se han dado cita en Turín. También esta es una
coincidencia providencial. En efecto, la apertura ha sido concebida como una
introducción a la Jornada mundial de la juventud, ya inminente. La tarde
del 15 de agosto tendré la alegría de acoger en Roma a los participantes en este
extraordinario encuentro mundial. Los jóvenes, en los días siguientes, vivirán
varios momentos de catequesis, de oración y de fiesta, antes del encuentro
conclusivo en Tor Vergata, donde espero estar presente tanto para la gran
vigilia, el sábado por la tarde, como para la solemne celebración eucarística,
el domingo por la mañana.
La peregrinación de la juventud mundial partió de la plaza de
San Pedro hace quince años y, bajo la guía de la misma cruz, ha dado la
vuelta al mundo. Ahora, esa cruz ha vuelto a Roma, traída por un grupo de
jóvenes de la diócesis de Mantua, que han recorrido el camino a pie desde
Castiglione delle Stiviere, lugar donde nació san Luis Gonzaga. A ellos les
dirijo un saludo especial, y lo extiendo a todos los jóvenes peregrinos
acogidos en las diócesis italianas, donde están compartiendo la alegría de
la misma fe y se preparan para venir a Roma. Pero también deseo abrazar con
afecto a todos los jóvenes que, en los próximos días, se unirán espiritualmente
a nosotros, y a los que se sienten lejanos. A todos les digo: Dios está
cerca de ti y te ama, ¡acógelo!
3. Invito a todos a orar para que cuantos vengan a Roma para la
Jornada mundial de la juventud se encuentren con Cristo, y para que él
fortalezca su fe y su deseo de seguirlo con coherencia. Lo pedimos por
intercesión de María, Madre de Cristo y de la Iglesia.
© Copyright 2000 -
Libreria Editrice Vaticana
|