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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
26 de diciembre de 2000
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. A la luz de la santa Navidad, la liturgia ofrece hoy a nuestra
contemplación el heroico ejemplo de san Esteban. Con su martirio honra la venida
del Rey de reyes al mundo, ofreciéndole como don su misma vida. Así nos indica
cómo vivir el misterio de la santa Navidad.
Para acoger dignamente a Jesús y prolongar la alegría de la Nochebuena, es
preciso hacer propia la enseñanza del Evangelio, incluso a costa de la vida. Y
aunque no todos están llamados, como san Esteban, a derramar su sangre por
Cristo, a todo cristiano se le pide que sea coherente con su fe en las diversas
circunstancias de la vida.
2. Seguir el Evangelio es ciertamente un itinerario arduo y exigente, pero nos
conforta el don que el Señor ofrece a los hombres y mujeres de buena voluntad.
En efecto, en Belén los ángeles anuncian a los pastores: "Paz en la tierra a los
hombres a los que Dios ama" (Lc 2, 14).
La paz, tan esperada y anhelada, la única capaz de serenar la conciencia y el
corazón de toda persona, está asegurada a todos los que, aun en medio de las
pruebas de la vida, saben acoger la palabra de Dios y se comprometen a cumplirla
con perseverancia hasta el final (cf. Mt 10, 22). Como dice san Pablo, Cristo
mismo es nuestra paz.
3. A la vez que os deseo de corazón que paséis serenamente estas fiestas
navideñas, invoco sobre cada uno la protección de san Esteban. Que él, el
protomártir, nos sostenga en nuestro camino diario, que esperamos coronar, al
final, con la Navidad eterna, en el gozoso y alegre marco de los santos en el
Paraíso.
Después del Ángelus
También esta mañana, al asomarme a la ventana, he visto y veo en esta plaza a la
multitud de gente que, aprovechando los últimos días del jubileo, espera
pacientemente entrar en la basílica por la Puerta santa.
Es un espectáculo que me conmueve y evoca en mi mente el recuerdo del pueblo de
Dios en camino hacia la tierra prometida. Cristo es la verdadera Puerta que nos
introduce a nosotros, su pueblo, en la "tierra prometida" del Cielo.
A todos renuevo mi deseo de una serena prosecución de las fiestas navideñas.
© Copyright 2000 - Libreria
Editrice Vaticana
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