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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 28 de enero de 2001

1. Saludo con gran afecto a los numerosos muchachos y muchachas de Roma y del Lacio, reunidos en la plaza de San Pedro con ocasión de la "Jornada de la paz", organizada por la Acción católica de muchachos. ¡Gracias por haber venido con vuestros padres, sacerdotes y educadores!

Durante este mes de enero, en el que ha concluido el gran jubileo, habéis trabajado sobre el tema del diálogo entre las diversas culturas, que propuse en el Mensaje del 1 de enero para la Jornada mundial de la paz. Es importante que los niños y los muchachos, especialmente los cristianos, crezcan con una mentalidad abierta al encuentro con todas las personas, aprendiendo a ver en cada uno a un hermano. Es así como se llega a ser apóstoles de paz. A vosotros y a todos los muchachos y muchachas de Italia, comenzado por los de la Acción católica, os digo: la Iglesia cuenta con vosotros, para que la humanidad no vuelva a sufrir las aberraciones del odio racial, étnico y religioso. A este propósito, ¡cómo no recordar que ayer se celebró en Italia la "Jornada de la memoria", instituida precisamente para que no se olviden los horrores de la Shoah y de las demás aberraciones humanas, que nacen del rechazo del diálogo entre culturas y religiones diversas! Ojalá que las palomas que vuestros representantes soltarán desde esta ventana sean un augurio de solidaridad y de paz para el nuevo año recién iniciado.

2. Prosiguiendo lo que anticipé el domingo pasado, me alegra ahora anunciar los nombres de los cardenales que había reservado in pectore en el consistorio del 21 de febrero de 1998. Son:

Mons. Marian Jaworski, arzobispo de Lvov de los latinos (Ucrania);

Mons. Jlnis Pujats, arzobispo de Riga (Letonia).

El domingo también tenía in pectore, es decir, en el corazón, algunos otros nombres, cuyo anuncio, por diferentes razones, decidí posponer hasta hoy. También ellos, derogando el límite numérico establecido, figurarán entre los cardenales que crearé en el consistorio del 21 de febrero.

Entre ellos está, ante todo, mons. Lubomyr Husar, m.s.u., recién elegido arzobispo mayor de Lvov de los ucranios. En su persona, así como en la de los dos prelados antes mencionados, quiero honrar a sus respectivas Iglesias, que, especialmente durante el siglo XX, han sido probadas duramente y han dado al mundo el ejemplo de numerosos cristianos y cristianas que han testimoniado su fe en medio de sufrimientos de todo tipo, coronados a menudo con el sacrificio de la vida.

Los demás nombres son de los siguientes pastores beneméritos:

Monseñor Johannes Joachim Degenhart, arzobispo de Paderborn (Alemania);

Monseñor Julio Terrazas Sandoval, c.ss.r., arzobispo de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia);

Monseñor Wilfrid Fox Napier, o.f.m., arzobispo de Durban (Sudáfrica);

Monseñor Karl Lehmann, obispo de Maguncia (Alemania).

3. Encomendemos ahora a estos generosos pastores a la protección de la Virgen santísima, para que, con su ayuda, puedan proseguir con renovado compromiso su servicio a las respectivas Iglesias particulares, suscitando en ellas ulteriores frutos del gran jubileo recién celebrado.


Después del Ángelus

Sigo con gran preocupación las noticias que llegan de la India, donde hace dos días se verificó un violentísimo terremoto, que ha causado miles de víctimas e ingentes daños. Cuando todavía no se ha superado la emergencia en El Salvador, se ha producido este nuevo seísmo, más devastador aún. Invito a todos a unir sus fuerzas morales y materiales para prestar las ayudas necesarias a estos hermanos y hermanas nuestros, tan duramente probados. A la vez que oro por las víctimas, aseguro mi cercanía, con sentimientos de profunda solidaridad, a las poblaciones indias y paquistaníes, afectadas por tan terrible desastre.

© Copyright 2001 - Libreria Editrice Vaticana

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