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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo de
la Santísima Trinidad, 10 de junio de 2001
1. Antes de concluir esta solemne celebración, dirijamos nuestra mirada a
la Virgen María, Reina de todos los santos. Su existencia humilde y sublime
es una obra maestra de la santísima Trinidad, y representa para todo
bautizado el grado más alto de la vida cristiana, al que ha de tender
con empeño y confianza.
2. Saludo a Su Beatitud el cardenal Sfeir, patriarca maronita, a los obispos,
sacerdotes, religiosos y religiosas, así como a los representantes de las
autoridades y a todos los fieles libaneses presentes en la canonización de
la hermana Rebeca. Saludo cordialmente a los miembros de la Orden Libanesa
Maronita, que ven elevada a la gloria de los altares a una de los suyos.
Para ellos es una llamada especial a avanzar de manera renovada por el
camino de la santidad, con una vida cada vez más conforme al Evangelio.
Recuerden todos que el testimonio diario, basado en una vida de intimidad
con Cristo, es un medio incomparable para la evangelización.
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua inglesa y los animo a seguir el
ejemplo de los nuevos santos con confianza y generosidad. Os agradezco
vuestra presencia y vuestra oración.
Saludo con afecto a todos los fieles de lengua española que han participado en
esta celebración en honor de los nuevos santos. Que su ejemplo e intercesión
sean para todos una ayuda eficaz en el camino hacia la santidad.
Saludo a los cardenales Dionigi Tettamanzi, Salvatore De Giorgi y Giovanni
Canestri, a los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, así como a los
numerosos fieles italianos que han venido para honrar la memoria de los
nuevos santos. Extiendo mi saludo y mi agradecimiento a las autoridades que
han querido participar en esta celebración. La llamada a la santidad es
universal, porque es santo nuestro Padre que está en el cielo. Que esta
fiesta de santidad acreciente en cada uno la fuerza para recorrer este
camino exigente pero exaltador.
3. Dirijo un saludo especial a los jóvenes trabajadores que han
organizado durante estos días, en Bari, una gran fiesta sobre el
tema "jóvenes y trabajo". Queridos jóvenes, espero que seáis
protagonistas en el mundo del trabajo, afrontando con confianza todas las
dificultades. No aceptéis jamás los modelos económicos que excluyen o
explotan a los más débiles; al contrario, esforzaos por lograr que el
trabajo sea siempre digno para la persona, para las familias y para la
sociedad.
María, a la que invocamos con la plegaria del Ángelus, os conserve a
todos bajo su protección materna.
© Copyright 2001 - Libreria Editrice Vaticana
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