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VIAJE APOSTÓLICO A UCRANIA

JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Aeropuerto de Chayka, 24 de junio de 2001

 

Antes de concluir esta solemne celebración eucarística, nos dirigimos con la oración del Ángelus a María santísima, a la que el pueblo ucraniano tiene una profunda devoción.

María, la primera y perfecta discípula de su Hijo, es figura y modelo de la Iglesia que acoge con fe la palabra del Señor. Su protección ha acompañado los pasos de la comunidad cristiana en Ucrania desde el bautismo de la Rus', en el año 988.

Ucrania, bañada por el gran río de la fe, se convirtió así en tierra cristiana y, al mismo tiempo, en tierra mariana. Lo atestiguan los numerosos santuarios en los que se expresa todo el amor de los fieles hacia la Madre celeste. Para los fieles de rito latino pienso, particularmente, en los santuarios de Berdichiv y Letichiv. Entre los fieles de rito bizantino son muy visitados los santuarios de Zarvaniza y Hoshiv. Con la mente y con el corazón me dirijo a esos lugares de culto, y me postro devotamente a los pies de la Virgen e invoco para todos su maternal protección.

A la celestial intercesión de María encomiendo esta visita pastoral y a todos aquellos con quienes tendré oportunidad de encontrarme durante estos días. A ella, Madre de la Iglesia, le pido de modo especial que apresure los pasos de todos los cristianos hacia la comunión plena. Ojalá que en Ucrania y en todo el mundo, los creyentes en Cristo puedan realizar cuanto antes la apremiante invitaci ón del único Señor: «Ut omnes unum sint» (Jn 17, 21). Que eso acontezca per Mariam, Madre de todos los creyentes, Madre de la unidad.

 

© Copyright 2001 - Libreria Editrice Vaticana

 

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