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VISITA PASTORAL DE SU SANTIDAD JUAN
PABLO II A FROSINONE (ITALIA)
ÁNGELUS
Domingo 16 de septiembre de 2001
1. Al concluir esta solemne celebración, quisiera agradeceros una vez más a
todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, vuestra afectuosa acogida.
Vuestra ciudad, que visitaron en el pasado otros venerados predecesores míos
y, en particular, el beato Pío IX, el cual dos veces permaneció algunos días
entre vosotros, me ha abierto hoy sus brazos y su corazón. ¡Gracias por
vuestra cordialidad! ¡Gracias por el regalo simbólico que me habéis ofrecido
en nombre de las cinco vicarías de la diócesis! Como recuerdo de nuestro
encuentro, surgirá en cada una de ellas un centro de escucha con una casa de
acogida para personas que se encuentran en dificultades. Que el Señor
recompense vuestra generosidad y os haga testigos de su bondad,
especialmente con las personas necesitadas y con las que sufren.
2. Pongo todos vuestros propósitos de bien y el proyecto pastoral de vuestra
diócesis en las manos de María santísima, a quien amáis y veneráis con
íntima devoción. A la Virgen encomiendo a todos los habitantes de esta
tierra, en la que hay numerosas iglesias dedicadas a ella. Son muchos los
nombres con que honráis e invocáis a María. Forman una especie de letanía
sugestiva, que testimonia de modo elocuente la fe heredada de vuestros
padres: Virgen de las gracias, Virgen del sufragio, Virgen de la salud,
Virgen del Espíritu Santo, Virgen del Carmen, Virgen de las nieves, Virgen
de la esperanza...
Sí, la Ciociaria es tierra mariana que, a lo largo de los siglos, ha
encontrado apoyo en la celestial Madre de Dios. Que la Virgen siga siendo la
Estrella luminosa de vuestra existencia, la esperanza que os conduce a
"Cristo, nuestra esperanza".
3. Que la Virgen consuele e infunda esperanza también a cuantos sufren a
causa del trágico atentado terrorista, que en los días pasados ha herido
profundamente al amado pueblo estadounidense. A todos los hijos de esa gran
nación dirijo, también ahora, mi pensamiento acongojado y partícipe. Que
María acoja a los difuntos, consuele a los supervivientes, sostenga a las
familias particularmente probadas y ayude a todos a no ceder a la tentación
del odio y de la violencia, sino a comprometerse al servicio de la justicia
y la paz.
Que María santísima alimente, sobre todo en los jóvenes, elevados ideales
humanos y espirituales y la constancia necesaria para realizarlos. Que les
recuerde el primado de los valores eternos para que, especialmente en estos
momentos difíciles, los compromisos y las actividades diarias sigan
orientándose siempre hacia Dios y hacia su reino de solidaridad y paz.
Después de la santa misa, los jóvenes de Frosinone aclamaron al Santo Padre
con cantos y bailes populares. El Vicario de Cristo, una vez concluida la
representación, les dio las gracias y los invitó a participar en el gran
encuentro mundial de la juventud que se celebrará en el mes de julio del año
próximo en la ciudad de Toronto (Canadá) He aquí las palabras del Romano
Pontífice:
No puedo marcharme sin dirigiros antes un saludo muy especial a vosotros,
queridos muchachos y muchachas de la Ciociaria, que habéis querido ofrecerme
esta grata y simpática improvisación. Doy las gracias a los dos jóvenes
que se han hecho intérpretes de vuestros sentimientos, comunicándome el
entusiasmo que os anima y el deseo de afrontar la vida con confianza, sin
desanimaros ante las dificultades.
Queridos jóvenes, recordad que Jesucristo, "nuestra esperanza", es la
brújula segura de vuestro camino. Contempladlo y confiad en él, avanzando
con valentía por la senda de la santidad. Avanzad sin titubeos,
juntamente con toda la comunidad diocesana, bajo la guía de vuestro obispo y
de vuestros sacerdotes. El Señor cuenta con cada uno de vosotros; quiere que
seáis protagonistas de la civilización de la vida y del amor. Ayudaos
unos a otros a ser testigos del Evangelio y apóstoles de vuestros coetáneos.
Os saludo a cada uno y os doy cita, por lo menos espiritualmente, para el
gran encuentro de la juventud cristiana del mundo que, Dios mediante, se
celebrará en el mes de julio del año próximo en Toronto, con ocasión de la
Jornada mundial de la juventud. Después de Tor Vergata, Toronto. Preparaos
para este gran encuentro juvenil, que ya se ha convertido en un itinerario
formativo para miles y miles de jóvenes católicos de todos los continentes.
Preparaos con la oración y haced que cada día sea una etapa de crecimiento
en el conocimiento y en el amor a Cristo y en el servicio concreto a los
hermanos.
El Papa os acompaña con la oración y os bendice con afecto.
© Copyright 2001 - Libreria Editrice Vaticana
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