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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Solemnidad de Cristo Rey Domingo 25 de noviembre de 2001
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Este domingo, último del Año litúrgico, se celebra la
solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, y la Iglesia nos invita a
contemplar la realeza del Redentor, que se manifiesta con particular
elocuencia en la vida de los santos. Esta mañana, en la basílica de San
Pedro, he tenido la alegría de proclamar a cuatro nuevos santos: el obispo
de Acqui José Marello, fundador de la congregación de los Oblatos de San
José, y tres vírgenes consagradas: Paula Montal Fornés de San José de
Calasanz, Leonia Francisca de Sales Aviat y María Crescencia Höss.
Su testimonio demuestra que Cristo crucificado verdaderamente
"vive y reina por los siglos de los siglos". Sí, él es "el Viviente", "el
Señor", y reina en la vida de los hombres y las mujeres de todos los lugares
y de todos los tiempos que lo acogen libremente y lo siguen con fidelidad.
Pero su reino, "reino de justicia, de amor y de paz" (Prefacio), sólo
se manifestará plenamente al final de los tiempos.
2. La realeza de Jesús, medida con los criterios de este mundo,
resulta, por decirlo así, "paradójica". En efecto, el poder que ejerce no
responde a las lógicas terrenas. Al contrario, es el poder del amor y del
servicio que exige la entrega gratuita de sí y el testimonio coherente
de la verdad (cf. Jn 18, 37).
Por eso el Señor se ofreció a sí mismo como "víctima perfecta
y pacificadora en el altar de la cruz" (Prefacio), sabiendo que sólo
así rescataría de la esclavitud del pecado y de la muerte a la humanidad, la
historia y el cosmos. Su resurrección testimonia que él es Rey victorioso,
el "Señor" en los cielos, en la tierra y en los abismos (cf. Flp 2,
10-11).
3. La criatura que, más que cualquier otra, fue asociada a la
realeza de Cristo es María, coronada por él mismo Reina del cielo y de la
tierra. A ella dirigieron su mirada, como a constante modelo, los santos que
hoy la Iglesia presenta a nuestra veneración. A ella también nosotros
dirigimos nuestra mirada para que nos ayude a "reinar" con Cristo, a fin de
construir un mundo donde "reine" la paz.
Debemos orar incansablemente para obtener este gran don, que
es la paz; don que tanto necesita la humanidad. Lo invocaremos con confianza
también mediante las dos iniciativas que anuncié el domingo pasado: el día
de ayuno en diciembre y el encuentro de oración en enero, en Asís, con los
representantes de las religiones del mundo. María, Reina de la paz,
interceda por nosotros ante su Hijo divino, Rey inmortal y Señor de la paz.
Después del Angelus
Saludo a los obispos, a las autoridades civiles, a la familia calasancia y
a todos los fieles que han participado en la canonización de santa Paula
Montal Fornés. En esta oración mariana deseo recordar el gran amor que ella
tenía a la santísima Virgen, para quien fueron sus últimas palabras,
pronunciadas en su lengua materna: "Mare, Mare meua". Os aliento a todos a
imitar a la nueva santa, sabiendo encontrar en la auténtica devoción mariana
y en la piedad filial para con la Virgen un decidido impulso en el
seguimiento de Jesucristo.
© Copyright 2001 - Libreria Editrice Vaticana
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