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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 21 de julio de 2002

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Sigue todavía vivo el recuerdo del gran jubileo de la juventud, que se celebró en Roma, en Tor Vergata, en agosto del año 2000. Con aquellas inolvidables jornadas, los jóvenes creyentes han encendido para todos un fuego de esperanza. Se han dado cita para los próximos días en Toronto, donde se celebrará la XVII Jornada mundial de la juventud, para continuar una peregrinación común de fraternidad a través del planeta.

Los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre del año pasado y del conflicto en Tierra Santa han proyectado sobre el mundo una sombra oscura. Pero Jesús exhorta a sus discípulos a no tener miedo, y les repite: "Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo" (Mt 5, 13-14). Los jóvenes cristianos, que se encontrarán en Toronto, se hallan dispuestos a responder a Cristo: ¡Aquí estamos! En tu palabra, y sin miedo, echaremos las redes del Evangelio (cf. Lc 5, 5).

2. Si Dios quiere, pasado mañana partiré para encontrarme con los muchachos y las muchachas que, procedentes de todos los rincones de la tierra, acudirán a Toronto: voy para orar con ellos, alegrarnos y hacer juntos una enriquecedora experiencia de fe.

Dirijo un saludo especial a los numerosísimos jóvenes que, al no poder estar presentes personalmente, seguirán el acontecimiento a través de los medios de comunicación. Todos estaremos unidos a través de la oración, invocando al único Espíritu, que hace de los cristianos un solo Cuerpo en Cristo.

Toronto (Canadá), metrópoli con vocación cosmopolita, está preparada para convertirse durante una semana en la capital mundial de la juventud, futuro y esperanza de la Iglesia y de la humanidad. Desde ahora saludo y doy las gracias a cuantos están trabajando para acoger a los jóvenes peregrinos, que llegarán junto con los numerosos obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas que los acompañan: thank you very much, merci beaucoup, muchas gracias.

3. Queridos peregrinos de lengua francesa, os saludo cordialmente, invitándoos a orar por los jóvenes que se reúnen en Canadá para la Jornada mundial de la juventud. Que este tiempo fuerte les ayude a ser sal de la tierra y luz del mundo. Con la bendición apostólica.

Saludo en especial a los visitantes de lengua inglesa, esperando que la estación veraniega les conceda tiempo para la reflexión y la lectura de las Escrituras. Dios os bendiga a vosotros y a vuestras familias.

Saludo cordialmente a los visitantes de los países de lengua alemana. Ruego por todos vosotros, para que, de acuerdo con vuestra vocación de cristianos, lleguéis a ser "sal de la tierra". Me alegra de modo particular el encuentro con numerosos jóvenes en Toronto.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los miembros de "La Obra de la Iglesia". Os invito a todos a sembrar paz y esperanza, siendo así sal de la tierra, unidos espiritualmente a los jóvenes de todo el mundo que encontraré los próximos días en Toronto.

Saludo también a los peregrinos y oyentes de lengua portuguesa. A todos os pido que oréis y os sacrifiquéis por los frutos de mi próximo viaje pastoral al continente americano. Que Dios os bendiga.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua italiana, en particular a los participantes en el Curso internacional para formadores en los seminarios, organizado por el Ateneo pontificio Regina Apostolorum, de los Legionarios de Cristo, y al grupo de religiosas y novicias de las Carmelitas del Divino Corazón de Jesús, de Rocca de Papa.

4. Encomiendo a todos a la Virgen santísima, pidiéndole que obtenga a cuantos participen en la Jornada mundial de la juventud la mayor efusión de gracias y bendiciones. Hoy os invito a orar, en el tradicional rezo del Ángelus, por esta intención particular.

A todos los jóvenes que van a Toronto: ¡buen viaje!

 

 

© Copyright 2002 - Libreria Editrice Vaticana

 

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