|
JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Solemnidad de la Asunción de María Castelgandolfo,
domingo 15 de agosto de 2002
1. La solemnidad de la Asunción de María al cielo en
cuerpo y alma nos recuerda, en el corazón del verano, cuál es nuestra morada
verdadera y definitiva: el paraíso. Como subraya la carta a los
Hebreos, "no tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos buscando
la del futuro" (Hb 13, 14). En el misterio que hoy contemplamos se
revela claramente el destino de toda criatura humana: la victoria
sobre la muerte para vivir eternamente con Dios. María es la mujer
perfecta en la que se cumple desde ahora este designio divino, como prenda de
nuestra resurrección. Es el primer fruto de la Misericordia divina,
porque es la primera partícipe en el pacto salvífico sancionado y realizado
plenamente en Cristo, muerto y resucitado por nosotros.
2. "¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las
cosas que le fueron dichas de parte del Señor!"
(Lc 1, 45). Estas palabras se aplican bien a María, la Virgen del fiat,
que con su disponibilidad total abrió las puertas al Salvador del mundo. Grande
y heroica fue la obediencia de su fe; precisamente a través de esta fe
María se unió perfectamente a Cristo, en la muerte y en la gloria. Al
contemplar a María se refuerza también en nosotros la fe en lo que
esperamos, y al mismo tiempo comprendemos mejor el sentido y el valor de la
peregrinación en esta tierra.
3.Oh María, Madre de la esperanza, con la fuerza de tu
ayuda no tememos los obstáculos y las dificultades; no nos desaniman
los esfuerzos y los sufrimientos, porque tú nos acompañas a lo largo
del camino de la vida y desde el cielo velas sobre todos tus hijos, colmándolos
de gracias. A ti te encomendamos el destino de los pueblos y la misión
de la Iglesia. A ti quisiera encomendarte hoy, de modo especial, mi viaje
pastoral a Polonia, que emprenderé mañana, si Dios quiere.
Queridos hermanos y hermanas, os pido que me acompañéis con la oración.
4.Me alegra saludar a todos los peregrinos de lengua
francesa, en particular a los "pueri cantores" de Santa Cruz de
Neuilly. Estad, como la Virgen, atentos a la palabra del Señor y guardadla en
vuestro corazón. Con la bendición apostólica.
Saludo a los visitantes de lengua inglesa presentes para esta
plegaria del Ángelus, incluido el grupo de peregrinos de Malta. María, desde
su lugar en el cielo, os guíe a vosotros y a vuestras familias al reino
glorioso de Jesucristo, su Hijo.
Os saludo cordialmente, queridos peregrinos y visitantes de
lengua alemana. El Señor, por intercesión de la Madre de Dios, os confirme
en la fe y en la esperanza, y os acompañe siempre en el camino de vuestra
vida.
En la solemnidad de la Asunción de la Virgen María saludo
con afecto a los oficiales de la Academia politécnica del Ejército de Chile
y demás peregrinos de lengua española, a los cuales doy mi bendición.
Saludo ahora a los peregrinos de lengua portuguesa aquí
presentes, especialmente al grupo de Heraldos del Evangelio, de Portugal,
pidiendo a Dios gracia y paz para la Asociación y para sus familiares.
Hoy deseo saludar a los peregrinos reunidos en Kalwaria
Zebrzydowska con los cardenales y obispos para celebrar de modo especial, en
el día de la Asunción de la santísima Virgen María, el 400° aniversario
del santuario.
Me uno espiritualmente a vosotros, esperando estar dentro de
poco -si Dios quiere- en Kalwaria para agradecer a Dios todas las gracias que
en estos cuatro siglos ha derramado sobre las generaciones de fieles.
Que vuestra peregrinación llegue a ser para todos fuente de
bendición divina. Hasta pronto.
Por último, saludo a los peregrinos italianos. En particular, a los miembros
de la Compañía de María Assunta, instituto religioso que este año
celebra el cuadragésimo aniversario de su fundación; a un grupo de
Nomadelfia, a los feligreses de la parroquia de Brugine (Padua) y al grupo de
participantes en el curso de actualización del CEDEL, del Opus Dei.
Un recuerdo especial para las víctimas del mal tiempo, que en
estos días ha azotado a algunas naciones de Europa, y para cuantos sufren por
los graves problemas causados por las inundaciones. A todos aseguro mi cercanía
espiritual, e invoco sobre cada uno la protección materna de la Virgen.
A todos deseo una buena fiesta de la Asunción de la Virgen
María.
© Copyright 2002 - Libreria Editrice Vaticana
|