Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Ayer comenzó la Semana de oración por la unidad de los cristianos,
que se celebra todos los años del 18 al 25 de enero o, en el hemisferio
austral, en torno a Pentecostés. Las guías para esta "Semana" han
sido preparadas por un comité mixto internacional, formado por representantes
católicos y por la comisión "Fe y constitución" del Consejo ecuménico
de las Iglesias.
Este año el tema elegido, "Un tesoro en vasijas de barro", está
tomado de la segunda carta de san Pablo a los Corintios (cf. 2 Co 4, 7).
En nuestro corazón brilla el conocimiento de la gloria divina, que resplandece
en el rostro de Cristo; pero nosotros llevamos este tesoro "en vasijas de
barro", es decir, en la fragilidad de nuestra condición humana, para que
"aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de
nosotros" (2 Co 4, 7).
El restablecimiento de la unidad de todos los bautizados es efectivamente
un don que viene de Dios, y nuestro compromiso por promoverla no basta
por sí solo para realizarla; pero cuando los cristianos se encuentran,
descubren que son hermanos, colaboran para aliviar los sufrimientos y oran por
la unidad, contribuyen a hacer que resplandezcan el rostro de Cristo y su
gloria.
2. En este segundo día de la "Semana de oración", el versículo
propuesto para la meditación ha sido tomado del mismo texto del Apóstol, y
dice: "Estamos atribulados en todo, pero no aplastados" (2 Co
4, 8). Sí, estamos atribulados por las divisiones, y son muchas las barreras
que aún nos separan. Pero no estamos aplastados, porque la gloria del Señor,
que resplandece sobre nosotros, sigue guiándonos hacia la purificación y el
perdón recíproco, e infunde luz y fuerza a la oración que elevamos juntos a
Dios, para que cure la herida de nuestra división.
3. Amadísimos hermanos y hermanas, pidamos al Señor que haga crecer hasta
la plenitud la comunión entre los cristianos, en la verdad y en la caridad.
Esta ha de ser nuestra invocación coral. Juntos la renovaremos solemnemente el
próximo día 25 de enero, en la clausura de la "Semana", cuando
presida la celebración de las Vísperas en la basílica de San Pablo
extramuros, donde se han desarrollado acontecimientos de gran importancia,
que han marcado el camino ecuménico.
Encomendemos esta ferviente súplica a la intercesión de María santísima,
Madre de la Iglesia.
Después del Angelus
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española,
de modo particular a los de las parroquias de Nuestra Señora del Rosario, de La
Unión, y de San Bartolomé, de Murcia. ¡Que en vuestra vida estéis siempre
dispuestos a seguir al Maestro, respondiendo generosamente a sus llamadas!
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