Amados hermanos y hermanas:
1. Se celebra hoy en Italia la Jornada en favor de la vida, cuyo
tema es: "Con la vida no se comercia". Este principio, aunque
teóricamente reconocido, por desgracia no siempre se respeta. Hay situaciones
en las que la persona humana se convierte en instrumento de
intereses económicos, políticos y científicos, sobre todo cuando es débil
y no tiene la fuerza para defenderse.
Además, una cierta lógica mercantil, aliándose con modernas tecnologías,
puede aprovecharse a veces de deseos humanos en sí buenos, como los de ser
madre y padre, para inducir a desear un hijo "a toda costa". En
realidad, la vida humana no puede convertirse jamás en "objeto":
desde la concepción hasta la muerte natural, el ser humano es sujeto de
derechos inviolables, ante los cuales la libertad tiene que saber
detenerse. Por tanto, es indispensable que los Estados emanen, sobre estas
materias complejas, leyes orgánicas y claras, fundadas en sólidas bases éticas,
para tutelar el bien inestimable de la vida humana.
2. Como desde hace diez años, la Jornada en favor de la vida se
prolonga en la diócesis de Roma en una especial "Semana de la vida y de
la familia".
A este tema se dedicará también la asamblea eclesial diocesana del próximo
mes de junio. Renuevo a las familias de Roma el mensaje que resonó en el
Encuentro mundial que se concluyó hace poco en Manila. Queridas familias
cristianas, sois una "buena nueva" para nuestra ciudad.
Sostenidas por la gracia del sacramento del matrimonio, afrontad unidas las
diversas situaciones de la vida y contribuid a mantener sano el tejido social.
3. Encomendemos a María, hoy, fiesta de la Presentación del Señor
en el templo, a cuantos trabajan en defensa de la vida y a las familias
que son el "nido" natural de la vida. Que la Virgen vele también
sobre cuantos se prodigan al servicio de los enfermos, por los cuales se
celebrará, el próximo 11 de febrero, la Jornada mundial dedicada a ellos.
Por último, que la santísima Virgen proteja de modo especial a los
religiosos, religiosas y laicos consagrados, que celebran hoy la "Jornada
de la vida consagrada".
Después del Ángelus
Gran conmoción ha suscitado en todos la dolorosa noticia de la trágica
explosión de la nave espacial estadounidense "Columbia", a su
entrada en la atmósfera. Invito a todos a orar por las víctimas del
accidente, fallecidas en el cumplimiento de una misión científica
internacional. En este momento de dura prueba, estoy espiritualmente cercano a
los familiares, a los cuales aseguro mi recuerdo en la oración.
Una vez más mi pensamiento va a Costa de Marfil, probada por una grave
crisis que desgarra a aquellas poblaciones. Oremos para que sobre las
divisiones y las reivindicaciones prevalezcan los esfuerzos de cuantos se
preocupan por la unidad del país y el respeto de la legalidad. Los fieles católicos,
en particular, guiados por sus pastores, esfuércense para que todos
practiquen y promuevan el diálogo y el respeto de las personas y de sus
bienes. Que María, Nuestra Señora de la Paz de Yamusukro, interceda por la
reconciliación y la concordia de todos los hijos de aquella amada nación.
Ayer, primer día de febrero, festejaron el inicio del año lunar muchos
millones de personas -sobre todo chinos, vietnamitas y coreanos-, que viven
este día de fiesta en la intimidad familiar. A ellos les repito los buenos
deseos que formulé en el Mensaje para la reciente Jornada mundial de la paz:
que el nuevo año sea un período de paz, fundada en "cuatro exigencias
concretas del alma humana: la verdad, la justicia, el amor y la
libertad". Quisiera que mi saludo afectuoso llegara al corazón de cada
uno de ellos. Mi oración los acompaña todos los días.
(En español)
Doy mi bienvenida a los peregrinos de lengua española presentes en esta
oración del Ángelus, especialmente a los de las diócesis españolas de
Jerez de la Frontera y Cádiz-Ceuta. ¡Que Jesucristo, revelado en la liturgia
de hoy como luz de las naciones, aliente vuestro camino!