Amadísimos hermanos y hermanas:
1. El viernes pasado, 14 de febrero, celebramos la fiesta de san Cirilo
y san Metodio, apóstoles de los eslavos y copatronos de Europa. Estos dos
hermanos, que nacieron en Salónica en la primera mitad del siglo IX y se
formaron en la cultura bizantina, aceptaron valientemente la misión de
evangelizar a las poblaciones eslavas de la gran Moravia, en el centro de
Europa.
Una característica de su apostolado fue que siempre se mantuvieron fieles tanto
al Romano Pontífice como al Patriarca de Constantinopla, respetando las
tradiciones y la lengua de los eslavos. Los animaba un profundo sentido de la
Iglesia una, santa, católica y apostólica, y la invocación de Jesús
"ut unum sint" (Jn 17, 11) constituía su lema
misionero. Ojalá que su ejemplo y su intercesión ayuden a los cristianos de
Oriente y de Occidente a reconstruir la unidad plena entre sí (cf. Slavorum apostoli, 13: AAS
77 [1985] 794-795).
2. La herencia de san Cirilo y san Metodio es valiosa también desde
el punto de vista cultural. En efecto, su obra contribuyó a consolidar
las raíces cristianas comunes de Europa, raíces que han impregnado con
su savia la historia y las instituciones europeas.
Precisamente por esto, se ha pedido que en el futuro Tratado constitucional de
la Unión europea se dé cabida a este patrimonio común de Oriente y de
Occidente. Esa referencia no quitará nada a la justa laicidad de las
estructuras políticas (cf. Lumen
gentium, 36; Gaudium
et spes, 36 y 76), sino que, por el contrario, ayudará a preservar al
continente del doble peligro del laicismo ideológico, por una parte, y del
integrismo sectario, por otra.
3. Los pueblos europeos, unidos en los valores y recordando su
pasado, podrán desempeñar plenamente su papel en la promoción de la
justicia y de la paz en el mundo entero. Con este fin, invoquemos a María
santísima y a los santos patronos de Europa.
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