1. El próximo miércoles, miércoles de Ceniza, entraremos
en la Cuaresma, tiempo caracterizado por una exigencia más fuerte de conversión
y de renovación, durante el cual los fieles son invitados a mirar con mayor
intensidad a Cristo, que se prepara para realizar el supremo sacrificio de la
cruz.
Este año emprenderemos el itinerario penitencial hacia la Pascua con un
compromiso más fuerte de oración y ayuno por la paz, puesta en peligro por
crecientes amenazas de guerra. Ya el domingo pasado anuncié esta iniciativa,
que quiere implicar a los fieles en una ferviente oración a Cristo, Príncipe
de la paz. En efecto, la paz es don de Dios que hay que invocar con humilde e
insistente confianza. Sin rendirse ante las dificultades, es preciso buscar y
recorrer todos los caminos posibles para evitar la guerra, que siempre trae
consigo lutos y graves consecuencias para todos.
2. La liturgia del miércoles de Ceniza nos invita a unir a la oración el
ayuno, práctica penitencial que exige un esfuerzo espiritual más profundo, es
decir, la conversión del corazón, con la firme decisión de apartarse del mal
y del pecado para disponerse mejor a cumplir la voluntad de Dios. Así, con el
ayuno físico y, sobre todo, interior el cristiano se prepara para seguir a
Cristo y ser su testigo fiel en toda circunstancia. El ayuno, además, ayuda a
comprender mejor las dificultades y los sufrimientos de muchos hermanos nuestros
oprimidos por el hambre, la miseria y la guerra. Estimula también a realizar un
gesto concreto de solidaridad y comunión con los necesitados.
3. Dispongámonos, queridos hermanos y hermanas, a vivir con intensa
participación la Jornada de oración y ayuno por la paz, que celebraremos el miércoles
próximo. Pediremos la paz para el mundo, en particular para Irak y Tierra
Santa, especialmente mediante el rezo del rosario en santuarios y parroquias,
comunidades y familias. De todas las partes de la tierra se elevará un coro de
oraciones, por medio de María, Madre de misericordia y Reina de
la paz.
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