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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

 Castelgandolfo
Domingo 10 de agosto de 2003

 

1. Servir al evangelio de la esperanza: esta es la misión de la Iglesia también en Europa. La Iglesia desempeña esta misión, acompañando el anuncio de la esperanza con iniciativas concretas de caridad. Es lo que ha sucedido a lo largo de los siglos: la tarea de la evangelización ha sido sostenida por una eficaz acción de promoción humana. Poniéndose al servicio de la caridad, la Iglesia ha alimentado y alimenta la cultura de la solidaridad, cooperando a revitalizar los valores universales de la convivencia humana (cf. Ecclesia in Europa, 84).

2. Hace falta también hoy "devolver la esperanza a los pobres", porque acogiéndolos y sirviéndolos, se acoge y se sirve a Cristo mismo (cf. Mt 25, 40). Los desafíos que en este ámbito interpelan a los creyentes en Europa son muchos. Pobres son hoy tantas categorías de personas, entre ellas los desempleados, los enfermos, los ancianos solos o abandonados, los que no tienen una vivienda, los jóvenes marginados, los inmigrantes y los prófugos.

Servicio de amor es, además, volver a proponer con fidelidad la verdad del matrimonio y de la familia, y educar a los jóvenes, los novios y las familias mismas para que vivan y difundan el "evangelio de la vida", luchando contra la "cultura de la muerte". Sólo con la aportación de todos se puede construir en Europa y en el mundo una "ciudad digna del hombre" y un orden internacional más justo y solidario.

Que María, Madre de la esperanza, y santa Teresa Benedicta de la Cruz, copatrona de Europa, cuya memoria celebramos ayer, ayuden a la Iglesia a ser en el continente europeo testigo de la caridad activa, que "es una acertada síntesis de un auténtico servicio al Evangelio de la esperanza" (ib., 104).


Después del Ángelus

Vastos incendios se han desarrollado durante estos días en algunas naciones de Europa, con particular intensidad en Portugal, provocando muertes e ingentes daños al ambiente. Se trata de una preocupante emergencia que, alimentada por una sequía persistente y por responsabilidades humanas, pone en peligro el patrimonio ambiental, bien precioso para toda la humanidad.

Os invito a uniros a mi oración por las víctimas de esta calamidad, y exhorto a todos a elevar al Señor fervientes súplicas para que dé a la tierra sedienta el alivio de la lluvia.

A continuación, saludó a los diversos grupos de peregrinos en francés, inglés, alemán, español, portugués, polaco e italiano. En castellano dijo: 

Saludo ahora a los peregrinos de lengua española. Acogiendo la invitación de la liturgia de hoy, acercaos con renovada fe a la Eucaristía, pan de vida para la vida del mundo.

 

 

© Copyright 2003 - Libreria Editrice Vaticana

 

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