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JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 21 de agosto de 1985

 

1. Quiero hay dar gracias a Dios y a nuestro Señor Jesucristo, que es Pastor de los pueblos y de los hambres, por la reciente peregrinación a tierra africana. El motivo inmediato de esta tercera visita mía al "Continente negro" ha sido el Congreso Eucarístico Internacional (el XLIII), que se ha celebrado en Nairobi (Kenia) del 11 al 18 de agosto.

Los Congresos Eucarísticos Internacionales -como sabéis- son expresión de una particular veneración y amor de la Iglesia universal al Santísimo Sacramento. Por primera vez un Congreso así se ha celebrado en el corazón de África. Por este motivo deseo manifestar mi gran alegría, ya que el Congreso ha dado testimonio de la madurez cristiana y pastoral de la Iglesia en África, y sobre todo de la Iglesia en Nairobi y en Kenia. De todo corazón me congratulo con esta Iglesia y con sus Pastores, especialmente con el arzobispo de Nairobi, cardenal Otunga. Al mismo tiempo, me congratulo con toda la sociedad, con el Presidente y las autoridades estatales de Kenia.

El Congreso se ha centrado en torno al tema: "La Eucaristía y la familia cristiana" y en torno a los valores fundamentales de naturaleza moral y social que se forman en la vida cristiana, apoyándose en la Eucaristía.

2. Esta peregrinación al Congreso Eucarístico, celebrado en Nairobi, ha ofrecido la ocasión para el encuentro con la Iglesia en diversos países africanos, comenzando por Togo, y continuando luego por Costa de Marfil, Camerún, República Centroafricana y Zaire. Cada una de estas etapas ha tenido su programa al que quiero referirme de modo sintético, poniendo de relieve los elementos principales y, en cierto sentido, comunes.

3. La Iglesia en África es la Iglesia misionera y de misión. Se encuentra en cada uno de esos países, ante todo, con la población de religión tradicional "animista" y va a su encuentro con el Evangelio. Fruto de esta "primera" evangelización son las conversiones y los bautismos. En Garua, Camerún, donde la tarea misionera comenzó relativamente hace poco, he tenido la alegría de administrar este sacramento. Los habitantes del continente negro, y en particular los cristianos, sienten una profunda gratitud hacia los misioneros, incluso por su actividad social (escuelas, hospitales, todo el trabajo educativo y caritativo). Esta intensa labor misionera continúa siendo indispensable. Los obispos, las Iglesias y las sociedades africanas desean tener misioneros (sacerdotes y laicos) y los piden.

4. Al mismo tiempo, esta Iglesia comienza a tener gradualmente sus propias vocaciones sacerdotales y religiosas. Ha supuesto una gran alegría para mi el haber podido ordenar un grupo de sacerdotes en Kara (al norte de Togo) y en Yaundé, capital de Camerún. Igualmente han sido motivo de gran alegría las profesiones religiosas de las Hermanas y de los Hermanos "autóctonos" en la catedral de Yaundé y en la de Kinshasa.

De este modo la Iglesia africana adquiere su propia identidad indígena y se hace "autónoma" gradualmente. También empieza a pensar en los misioneros que ella misma enviará a los países donde hay necesidad. Quiere devolver el don que ha recibido.

Al mismo tiempo que las vocaciones sacerdotales y religiosas, se desarrolla también la conciencia de la vocación al apostolado de los laicos, tanto en la familia como en los varios sectores de la vida social. A esto se orientó el Congreso Eucarístico y también otras iniciativas y encuentros (como, por ejemplo, en Bamenda de Camerún) con la participación de los laicos, y en particular de los jóvenes. A este propósito quiero mencionar el encuentro en Duala.

5. Plenitud de esta vocación cristiana es la santidad. La santidad es también el fruto principal de la Eucaristía. Y, por esto, una etapa singular de la peregrinación "africana" ha sido la beatificación de la primera hija de Zaire, Sor Anuarite Nengapeta, que, el año 1964, sufrió el martirio por defender su virginidad, consagrada a Cristo. Se trata, pues, de una figura cercana en el tiempo. Todavía viven sus padres, y el mismo martirio de Anuarite está vinculado a los acontecimientos que tuvieron lugar al comienzo de la independencia de Zaire. Esta beatificación es un acontecimiento histórico en los anales del país y de la Iglesia en tierra zairense, más aún, en la historia de toda Africa, donde la figura de esta Beata está unida a los Mártires de Uganda y también a la tradición multisecular de los Santos, Mártires y Vírgenes de la historia de la Iglesia universal.

La ceremonia de beatificación fue vivida fervorosamente por los compatriotas de Sor Anuarite. Tuvo lugar en Kinshasa, en la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María. Al día siguiente, en Lubumbashi, se celebró la Santa Misa votiva de la nueva Beata para invocar su intercesión ante Dios en favor del país y de la Iglesia que la ha dado.

6. En todas las etapas de la reciente peregrinación "africana", la Eucaristía ha sido el principal lugar de encuentro con el Pueblo de Dios y con la sociedad. Así ocurrió en Lomé, Togo, en las cuatro localidades mencionadas de Camerún, en Bangui, en la República Centroafricana, y luego en Zaire y Kenia.

Entre los momentos más característicos de esta "peregrinación" con el Pueblo de Dios en África hacia la Eucaristía, se debe recordar la consagración de la nueva catedral en Abidján (Costa de Marfil). Hace cinco años pude bendecir la primera piedra de esta catedral; ahora he podido consagrarla con una gran participación de fieles y con la presencia del Presidente de la República, durante una liturgia de consagración muy bien organizada.

La esmerada preparación litúrgica la hermosa participación en la Eucaristía, la espontaneidad del canto, la finura de los gestos de danza africana, la ferviente oración merecen ser subrayados durante todas las etapas del viaje.

7. También está madurando la conciencia de los ambientes intelectuales y su vínculo con la religión y con la Iglesia. Una manifestación de esto fue el encuentro en Yaundé. A la vez, aumenta la necesidad de tener centros eclesiásticos superiores de cultura, que hasta ahora son pocos en el continente africano. Desde este punto de vista es importante la iniciativa de los Episcopados de África Oriental, que ha dado origen a un propio Instituto teológico en Nairobi. He tenido la alegría de inaugurar este Instituto con ocasión del Congreso Eucarístico, en presencia de numerosos cardenales y obispos, promotores e invitados del Congreso.

8. He tenido también la alegría de varios encuentros con los hermanos. pertenecientes a las Iglesias cristianas no católicas, y también con los musulmanes y los seguidores de las religiones tradicionales. Así sucedió en Lomé, capital de Togo; en Garua (Camerún), donde, durante la ceremonia de conferir los sacramentos de la iniciación cristiana, en la homilía dirigí la palabra a los hijos del Islam, a los seguidores de la religiosidad tradicional y a los protestantes; en Yaundé, capital de Camerún, tuvo lugar el encuentro ecuménico con las Representaciones de las Iglesias cristianas y de los Musulmanes, como también luego en Nairobi. Especialmente característico fue el encuentro de oración en el santuario de Nuestra Señora de la Misericordia, en Lago Togo, donde he orado por primera vez también con los animistas.

9. En todas las etapas del viaje he tenido encuentros también con las autoridades estatales y Cuerpo Diplomático. Dirijo una deferente acción de gracias a los Presidentes de Togo, Costa de Marfil, Camerún, República Centroafricana, Zaire y Kenia por todas las manifestaciones de cortesía, por las facilidades del viaje, y por la buena colaboración con la Iglesia en el respeto de su actividad.

Merece una mención especial la visita a las Instituciones de las Naciones Unidas en Nairobi, los Organismos dedicados a la salvaguarda del ambiente natural y al habitat: se ocupan, pues, de problemas que están vinculados con la misión pastoral de la Iglesia.

Les doy las gracias por la invitación y la cordial acogida.

10. En el camino se regreso del Congreso Eucarístico, he podido visitar también Casablanca, aceptando la invitación del Rey de Marruecos, Hassan II. Esto me ha dado la posibilidad de encontrarme con la comunidad católica, poco numerosa, que vive en esa nación y que se agrupa alrededor de los arzobispos de Rabat y Tánger. Al mismo tiempo, por deseo explícito del Rey de Marruecos, he podido hablar a la juventud musulmana de ese país. Este acontecimiento merece especial atención porque es una forma de realización del diálogo con las religiones no cristianas pedido por el Concilio Vaticano II (Declaración Nostra aetate). A los hermanos musulmanes de Marruecos, a su Rey, expreso una gratitud cordial y sincera. Su acogida ha estado marcada por una nota de gran apertura y de gran entusiasmo por parte de los jóvenes, que se han manifestado muy sensibles a los valores religiosos.

11. Durante la estancia en Togo, ante el santuario mariano de Togoville, he confiado a la Madre de Cristo tanto esa nación, como toda África que, desde diversas generaciones se ha abierto a su Hijo Divino: que esta disponibilidad y este compromiso permanezcan y se profundicen mediante la Eucaristía y el ministerio de la Palabra y de los Sacramentos.

A todos los Pastores de este ministerio, mis hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, a las familias religiosas masculinas y femeninas, a todos los hijos e hijas de África renuevo una vez más mi gratitud y bendigo a todos de todo corazón.


Saludos

Amadísimos hermanos y hermanas:

Quiero ahora saludar cordialmente a los peregrinos de lengua española, venidos de España y de América Latina. De modo especial saludo a la peregrinación mexicana de la Parroquia de San Maximiliano Kolbe de León, y también al grupo de estudiantes de arquitectura del Paraguay: que vuestra visita a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo os ayude a acrecentar vuestra fe y vuestra comunión con la Iglesia universal.

A todos vosotros, peregrinos de lengua española, imparto con afecto mi Bendición Apostólica

© Copyright 1985 - Libreria Editrice Vaticana

 

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