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JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 20 de marzo de 1996

 

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Os dirijo mi saludo cordial a todos vosotros, que tomáis parte en esta audiencia algo singular, y os agradezco vuestra estimada presencia y el apoyo de vuestra oración.

Ayer hemos celebrado la solemnidad de san José, patrono de la Iglesia universal. La comunidad cristiana se dirige a san José con diversos títulos: ínclito descendiente de David; esposo de la Madre de Dios; custodio casto de la Virgen; modelo de los obreros; amparo de las familias (de las Letanías de san José). Estas invocaciones, y otras más, subrayan el papel de san José en el designio salvífico y en la vida de los creyentes. Al día siguiente de su fiesta, junto con vosotros, quisiera encomendar a su patrocinio la Iglesia y el mundo entero, sobre todo las familias y, de modo particular, todos los padres que en él tienen un modelo singular para imitar.

2. La liturgia nos invita a encontrarnos con san José en el itinerario cuaresmal hacia la Pascua. Se nos presenta como testigo insuperable del silencio contemplativo, pleno de escucha de la palabra de Dios, que se vislumbra en los evangelios como atmósfera característica de la casa de Nazaret. El silencio de José era un silencio activo, que acompañaba el trabajo diario, al servicio de la Sagrada Familia.

Que todos los creyentes, siguiendo el ejemplo de san José, logren en su propia vida una profunda armonía entre la oración y el trabajo, entre la meditación de la palabra de Dios y las ocupaciones diarias. En el centro de todo esté siempre la relación íntima y vital con Jesús, Verbo encarnado, y con su Madre santísima. A todos vosotros, mi bendición afectuosa.


Saludos

Amadísimos hermanos y hermanas, saludo con afecto a todos los peregrinos y visitantes de lengua española. Os agradezco vuestra presencia y la ayuda eficaz de vuestras oraciones. Ayer celebramos la solemnidad de san José, testigo insuperable del silencio contemplativo, propio de la Casa de Nazaret y modelo de trabajador. Vivió una relación profunda y vital con Jesús y su Madre. A este santo Patriarca confío la Iglesia y el mundo, y especialmente las familias, así como sobre todo a los padres, que en san José tienen un modelo para imitar. A todas las personas, familias y grupos procedentes de los distintos Países de América Latina y de España imparto con afecto mi Bendición Apostólica.


 

© Copyright 1996 - Libreria Editrice Vaticana

 

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