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JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 7 de noviembre de 2001
La
alegría de los que entran en el templo
1. La
tradición de Israel ha atribuido al himno de alabanza que se acaba de
proclamar el título de "Salmo para la todáh", es decir,
para la acción de gracias en el canto litúrgico, por lo cual se adapta bien
para entonarlo en las Laudes de la mañana. En los pocos versículos de este
himno gozoso pueden identificarse tres elementos tan significativos, que su
uso por parte de la comunidad orante cristiana resulta espiritualmente
provechoso.
2. Está, ante todo, la exhortación apremiante a la oración, descrita
claramente en dimensión litúrgica. Basta enumerar los verbos en imperativo
que marcan el ritmo del Salmo y a los que se unen indicaciones de orden
cultual: "Aclamad..., servid al Señor con alegría, entrad en su
presencia con vítores. Sabed que el Señor es Dios... Entrad por sus puertas
con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y
bendiciendo su nombre" (vv. 2-4). Se trata de una serie de invitaciones
no sólo a entrar en el área sagrada del templo a través de puertas y atrios
(cf. Sal 14, 1; 23, 3. 7-10), sino también a aclamar a Dios con alegría.
Es una especie de hilo constante de alabanza que no se rompe jamás, expresándose
en una profesión continua de fe y amor. Es una alabanza que desde la tierra
sube a Dios, pero que, al mismo tiempo, sostiene el ánimo del creyente.
3. Quisiera reservar una segunda y breve nota al comienzo mismo del
canto, donde el salmista exhorta a toda la tierra a aclamar al Señor (cf. v.
1). Ciertamente, el Salmo fijará luego su atención en el pueblo elegido,
pero el horizonte implicado en la alabanza es universal, como sucede a menudo
en el Salterio, en particular en los así llamados "himnos al Señor,
rey" (cf. Sal 95-98). El mundo y la historia no están a merced
del destino, del caos o de una necesidad ciega. Por el contrario, están
gobernados por un Dios misterioso, sí, pero a la vez deseoso de que la
humanidad viva establemente según relaciones justas y auténticas: él
"afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos
rectamente. (...) Regirá el orbe con justicia y los pueblos con
fidelidad" (Sal 95, 10. 13).
4. Por tanto, todos estamos en las manos de Dios, Señor y Rey, y todos
lo celebramos, con la confianza de que no nos dejará caer de sus manos de
Creador y Padre. Con esta luz se puede apreciar mejor el tercer elemento
significativo del Salmo. En efecto, en el centro de la alabanza que el
salmista pone en nuestros labios hay una especie de profesión de fe,
expresada a través de una serie de atributos que definen la realidad íntima
de Dios. Este credo esencial contiene las siguientes afirmaciones: el Señor
es Dios, el Señor es nuestro creador, nosotros somos su pueblo, el Señor
es bueno, su misericordia es eterna y su fidelidad no
tiene fin (cf. vv. 3-5).
5. Tenemos, ante todo, una renovada confesión de fe en el único Dios,
como exige el primer mandamiento del Decálogo: "Yo soy el Señor,
tu Dios. (...) No habrá para ti otros dioses delante de mí" (Ex
20, 2. 3). Y como se repite a menudo en la Biblia: "Reconoce, pues,
hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios allá arriba en el
cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro" (Dt 4, 39). Se
proclama después la fe en el Dios creador, fuente del ser y de la vida. Sigue
la afirmación, expresada a través de la así llamada "fórmula del
pacto", de la certeza que Israel tiene de la elección divina:
"Somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño" (v. 3). Es una
certeza que los fieles del nuevo pueblo de Dios hacen suya, con la conciencia
de constituir el rebaño que el Pastor supremo de las almas conduce a las
praderas eternas del cielo (cf. 1 P 2, 25).
6. Después de la proclamación de Dios uno, creador y fuente de la
alianza, el retrato del Señor cantado por nuestro Salmo prosigue con la
meditación de tres cualidades divinas exaltadas con frecuencia en el
Salterio: la bondad, el amor misericordioso (hésed) y la
fidelidad. Son las tres virtudes que caracterizan la alianza de Dios con su
pueblo; expresan un vínculo que no se romperá jamás, dentro del flujo de
las generaciones y a pesar del río fangoso de los pecados, las rebeliones y
las infidelidades humanas. Con serena confianza en el amor divino, que no
faltará jamás, el pueblo de Dios se encamina a lo largo de la historia con
sus tentaciones y debilidades diarias.
Y esta confianza se transforma en canto, al que a veces las palabras ya no
bastan, como observa san Agustín: "Cuanto más aumente la caridad,
tanto más te darás cuenta de que decías y no decías. En efecto, antes de
saborear ciertas cosas creías poder utilizar palabras para mostrar a Dios; al
contrario, cuando has comenzado a sentir su gusto, te has dado cuenta de que
no eres capaz de explicar adecuadamente lo que pruebas. Pero si te das cuenta
de que no sabes expresar con palabras lo que experimentas, ¿acaso deberás
por eso callarte y no alabar? (...) No, en absoluto. No serás tan ingrato. A
él se deben el honor, el respeto y la mayor alabanza. (...) Escucha el Salmo:
"Aclama al Señor, tierra entera". Comprenderás el júbilo de toda
la tierra, si tú mismo aclamas al Señor" (Exposiciones sobre los
Salmos III, 1, Roma 1993, p. 459).
Saludos
Deseo saludar
cordialmente a los fieles de lengua española, en particular a los peregrinos
de Aldeadávila de la Ribera, de España. Saludo también a la parroquia San
Jorge y a la fundación "Verbum Dei" de México, así como a los
visitantes de otros países latinoamericanos. Confiemos siempre en el amor
misericordioso de Dios, que nunca nos abandona a pesar de nuestros pecados y
debilidades de cada día. Muchas gracias.
(A los peregrinos de Croacia) Queridos hermanos y hermanas, por
medio de la liturgia la Iglesia permanece unida a la oración de Cristo, que,
por la fuerza del Espíritu Santo, congrega a la humanidad en el eterno canto
de gloria y alabanza al Padre. En efecto, la liturgia misma es la oración por
excelencia que se eleva del corazón del hombre al Padre en Cristo por el Espíritu
Santo.
(En italiano)
Saludo cordialmente a los participantes en el "Curso de formación
permanente para misioneros", organizado por la Pontificia Universidad
Salesiana. Queridos hermanos, deseo que estas jornadas de estudio y
cualificada actualización sobre los temas relacionados con el compromiso
misionero susciten en vosotros un renovado entusiasmo en el anuncio de Cristo
a todos los pueblos.
Queridos
jóvenes, proyectad vuestro futuro en plena fidelidad al Evangelio, y
creced en sintonía con las enseñanzas y el ejemplo de Jesús. Vosotros,
queridos enfermos, ofreced vuestro sufrimiento al Señor para que,
gracias también a vuestra participación en sus padecimientos, pueda extender
su acción salvífica en el mundo. Que en el camino que habéis emprendido,
queridos recién casados, os guíe siempre una fe viva y renovada, para
formar una comunidad de intenso fervor espiritual y de testimonio evangélico
concreto.
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