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VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN
GREGORIO MAGNO,
EN EL BARRIO DE LA MAGLIANA
HOMILÍA DEL SANTO PADRE
JUAN PABLO II
Domingo 18 de febrero de 1979
1. En el Evangelio de hoy leernos que en Cafarnaum, en la casa donde vivía Jesús
«se juntaron tantos» (Mc 2, 2). La casa no podía dar cabida a todos, tan grande
era el número de los que deseaban escuchar «la palabra que El anunciaba» y ver
lo que hacía.
Y he aquí que en medio de esta muchedumbre Jesús hace una cosa muy
significativa, cuando le ponen delante un paralítico a quien bajaron por una
abertura en el tejado, por falta de espacio. Jesús ante todo dice a este hombre:
«Hijo, tus pecados te son perdonados» (Mc 2, 5). A estas palabras se levanta un
murmullo entre los que han seguido la acción de Cristo con recelo. Estos son
los escribas que (por otra parte, justamente) afirman: «¿Quién puede perdonar
pecados sino sólo Dios?» (Mc 2, 7). Pero era sólo la aversión hacia
Cristo la que les dictaba esta objeción: «¿Cómo habla así éste? Blasfema» (Mc 2, 7).
Jesús, en cierto sentido, lee sus pensamientos y da una respuesta: «¿Qué es
más fácil, decir al paralítico: tus pecados te son perdonados, o decirle:
levántate, toma tu camilla y vete?» (Mc 2, 9). «Pues para que veáis que el Hijo
del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —se dirige al
paralítico—, yo te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa» (Mc 2,
10-11).
Todo sucede como Jesús ha ordenado.
Jesús sana a un incurable.
Hace un milagro. Con esto prueba que tiene poder en la tierra para perdonar los
pecados. Y como los escribas afirmaron que sólo Dios tiene tal poder, deberían
sacar ahora la conclusión de lo que ellos mismos han sostenido verbalmente.
Jesús reafirma la presencia de Dios entre la turba.
Jesús reafirma el poder divino de perdonar pecados que le es propio.
Jesús demuestra al mismo tiempo que el mal del pecado es más peligroso y
preocupante que el mal físico (en este caso que la grave enfermedad crónica).
El es el Salvador que viene sobre todo para quitar este grave mal.
2. ¿Qué nos dice este pasaje del Evangelio a nosotros reunidos aquí?
«Se juntaron tantos» entonces. Y también hoy aquí hay muchos reunidos. Y no
pienso sólo en las personas presentes ahora en esta iglesia, sino que pienso en
todos los habitantes de la zona de la Magliana. Desde hace cierto tiempo se
reúne aquí gente de diversas partes que ha llegado a Roma. Ha surgido un gran
barrio; a la par ha surgido una parroquia nueva que ahora cuenta con 45.000
personas. Es una parroquia muy grande.
¿Qué significa "parroquia"?
Parroquia quiere decir: la presencia de Cristo entre los hombres. Parroquia
quiere decir un conjunto de personas, quiere decir una comunidad en la que y
con la que Jesucristo reconfirma la presencia de Dios. La parroquia es una parte
viva del Pueblo de Dios.
Mientras digo estas cosas, vuestro pensamiento corre instintivamente a la
experiencia que tenéis, día tras día, en el contexto concreto de vuestra
parroquia. Muchos de vosotros, comenzando por el párroco, don Pietro Cecchelani, han visto a esta parroquia niña, por así decirlo, cuando la
comunidad se reunía en una pequeña capilla, capaz a lo sumo para 200 personas.
No hace falta remontarse muy atrás en los años: el acto de creación de la
parroquia lleva efectivamente la fecha de 13 de diciembre de 1963.
¡Cuánto camino se ha recorrido desde entonces! El barrio creció
vertiginosamente, pasando de los 4.500 habitantes del comienzo, a los más de
45.000 actuales. Pero al mismo tiempo creció, y no sólo en número, la comunidad
cristiana: en torno a la Palabra de Dios anunciada por los sacerdotes, recordada
por los catequistas, testimoniada por los fieles en la vida cotidiana, se ha
ido formando una comunidad de personas que se conocen, se ayudan, se aman. Una
comunidad abierta, lozana, consciente de la inmensa riqueza que constituye el
Evangelio de Cristo y, por lo mismo, dispuesta a llevar su anuncio a la masa de
indiferentes, de "alejados".
La evangelización —sentida justamente como compromiso primario— ocupa a los
sacerdotes, a las religiosas de las dos comunidades presentes en la parroquia, a
los grupos juveniles de catequistas, y se desarrolla no sólo en formas
ordinarias, sino también mediante experiencias nuevas de acercamiento, como la
lectura y meditación del Evangelio en las casas, en los así llamados "grupos
domésticos", en los que se reúnen varias familias para un momento de reflexión
y comunión.
Del acercamiento al Evangelio surge el compromiso concreto de caridad hacia
los hermanos, ya sea en múltiples iniciativas en favor de los ancianos,
enfermos, marginados, a quienes se dedican numerosos jóvenes, ya sea en la
participación solidaria de los problemas del barrio, que habiendo tenido una
"explosión" más bien caótica en estos años, lleva el signo de no pocas
deficiencias en materia de servicios sociales primarios, y sufre las
incomodidades propias de los aglomerados periféricos de reciente formación.
Obviamente, todavía hay mucho que hacer para que la comunidad eclesial alcance
su plena madurez cristiana; lo que ya se ha hecho, sin embargo, y el intenso
latir de la vida litúrgica dentro de los muros de vuestra nueva iglesia,
consagrada hace poco más de un año, permiten esperar mucho de vuestra parroquia
para el futuro. Al reconocer el trabajo desarrollado en estos años, el Papa
desea estimularos a perseverar con renovado impulso en vuestro testimonio
cristiano dentro del barrio: debéis sentir la responsabilidad y el orgullo de
ser levadura en él (cf. Mt 13, 33), para favorecer su apertura a Cristo y, al
mismo tiempo, la elevación humana, contribuyendo así a la instauración de una
convivencia más justa y más fraterna en él.
3. Jesucristo está presente en medio de todos vosotros para confirmar así
cotidianamente la presencia salvífica de Dios. Aquí hay sin duda inmensas
necesidades materiales, económicas, sociales; pero sobre todo hay la necesidad
de esta fuerza salvífica que está en Dios y que sólo Cristo posee. Esta es la
fuerza que libera al hombre del pecado y lo dirige hacia el bien, a fin de que
lleve una vida verdaderamente digna del hombre: a fin de que los esposos, los
padres den a sus niños no sólo la vida, sino también educación, buen ejemplo; a
fin de que florezca aquí la verdadera vida cristiana, a fin de que no saquen
ventaja el odio, la destrucción, la deshonestidad, el escándalo; a fin de que
sea respetado el trabajo de los padres y también de las madres, y a fin de que
este trabajo cree las condiciones indispensables para mantener la familia; a
fin de que sean respetadas las exigencias fundamentales de la justicia social;
a fin de que se desarrolle la verdadera cultura comenzando por la cultura de la
vida cotidiana.
Para realizar todo esto es necesario mucho trabajo humano, mucha iniciativa,
habilidad y buena voluntad. Pero sobre todo es necesaria la presencia de Cristo
que puede decir a cada una de estas 45.000 personas: «tus pecados te son
perdonados»: esto es, que puede liberar a cada uno del mal interior y encauzar
desde el interior la mente y el corazón hacia el bien. El hombre, en efecto,
la vida humana y todo lo que es humano, se forma primero desde el interior. Y
según aquello que hay "en el hombre", en su conciencia, en su corazón, se
modela después toda su vida exterior y la convivencia con los otros hombres. Si
dentro del hombre hay el bien, el sentido de la justicia, el amor, la castidad,
la benevolencia hacia los otros, un sano deseo de dignidad, entonces el bien
irradia al exterior, forma el rostro de las familias, de los ambientes, de las
instituciones.
La parroquia de San Gregorio Magno de la Magliana existe para que este bien se
encuentre en cada hombre que habita en este extenso barrio, y para que ese bien
se irradie sobre vuestra vida familiar, profesional, social, sobre vuestros
puestos de trabajo, sobre las instituciones educativas, sobre los lugares de
juego y diversión.
San Pablo nos dice hoy en el pasaje de la Carta a los corintios que
«por Él
(Cristo) decimos "Amén" para gloria de Dios» (2 Cor 1, 20). Precisamente se
trata de esto: decir a Dios "Amén", que quiere decir "sí", y no decir jamás a Dios "no". Esta es la tarea de la parroquia.
Deseo a todos vosotros, con vuestros Pastores a la cabeza, que toda la
parroquia, cada vez más coherentemente y cada vez más cordialmente, diga a
Cristo y, en unión con Cristo-Redentor, diga al mismo Dios, "sí". Para que el
"no", la negación de Dios y de lo que corresponde a su santa voluntad en nuestra
vida humana, se pronuncie aquí cada vez menos en las palabras y en los hechos.
4. Por lo que respecta al número de habitantes, vuestra parroquia ha aumentado
notablemente. Algunos edificios son tan grandes que cada uno de ellos podría
formar una "parroquia" por sí, en el interior de la extensa parroquia. Pensemos
sobre esto para tratar de encontrar lecciones prácticas y eficaces. Hemos oído
en el Evangelio de hoy que el Señor enseñaba en una casa. Me parece que tenemos
en esto un estímulo para proseguir en las iniciativas que ya habéis comenzado
y a las que aludí más arriba.
Para todos vosotros, y en particular para vuestros Pastores, sea ejemplo y
guía San Gregorio Papa, que era un gran maestro en el arte pastoral.
El recordaba que el Pastor de almas «debe estar cercano a cada uno con el
lenguaje de la compasión y de la comprensión», pero al mismo tiempo advertía
que, para hacer esto. «debe ser capaz de manera singular de elevarse sobre los
otros por la oración y contemplación» (cf. Regla past. 11, 5). En la intimidad
del coloquio con Dios y en el contacto regenerador con su gracia, él puede
encontrar la luz y la sabiduría necesarias para «adaptar su palabra al público
que le escucha, de modo que pueda ser acogida por la mente de cada uno, sin
perder la fuerza de resultar edificante para todos» (ib., III, pról.). ¡Pueda
verificarse esto en vuestra parroquia! Se realizará entonces entre vosotros
cuanto San Gregorio señalaba con imagen poética, como el ideal de cada
comunidad cristiana: esto es, ser como una «cítara bien afinada» que, tocada
sabiamente por el artista, eleva a Dios el sonido armonioso de su melodía (cf.
ib.).
Antes de concluir, querría deciros mi alegría al saber que en vuestra parroquia
se encuentra una capilla dedicada al Beato Maximiliano Kolbe, el gran apóstol
de nuestro siglo. En unión con él y con San Gregorio Papa, os confío a todos a
la Virgen que es Madre de la Iglesia, y que es invocada confiadamente por los
habitantes de nuestra ciudad como Salus Populi Romani.
En la liturgia de hoy dice el profeta Isaías:
«He aquí que voy a hacer una obra nueva»... «¿No la conocéis? Ciertamente voy a
poner un camino en el desierto, y los ríos en la estepa. El pueblo que hice para
mí cantará mis loores» (Is 43, 19-21).
Que se realice todo esto entre vosotros.
Con motivo de la visita de hoy esto desea el Obispo de Roma, Papa Juan Pablo II,
a la parroquia de San Gregorio de la Magliana.
© Copyright 1979 - Libreria Editrice
Vaticana
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