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CONCELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
EN LA BASÍLICA ROMANA DE SAN CLEMENTE

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Festividad de los Santos Cirilo y Metodio
Sábado 14 de febrero de 1981

 

Venerados hermanos:

1. Me siendo particularmente feliz al poderme encontrar —juntamente con numerosos cardenales y personalidades, y con los fieles y religiosos de origen eslavo residentes en Roma— para esta solemne celebración eucarística en honor de los Santos hermanos Cirilo y Metodio, en esta basílica de San Clemente, donde reposan los venerados restos mortales de San Cirilo; se trata de una obligada y gozosa celebración en honor de los dos gloriosos Santos, a los cuales el 31 del pasado diciembre proclamé, por medio de la Carta Apostólica Egregiae virtutis, celestes Patronos de toda Europa, junto a San Benito.

Como es sabido, el año pasado se cumplía un siglo desde la publicación de la Encíclica Grande munus, con la que León XIII, después de haber ilustrado la poliédrica personalidad y la intensa acción apostólica de los dos Santos, introducía su festividad litúrgica en el calendario de la Iglesia católica; coincidía, además, el XI centenario de la Carta Industriae tuae, que mi predecesor Juan VIII, en junio del año 880, había dirigido al Príncipe Svatopluk para recomendar el uso de la lengua eslava en la liturgia.

Estos importantes aniversarios, unidos al del XV centenario del nacimiento de San Benito, me impulsaron a poner de relieve, junto a la imponente obra evangelizadora y civilizadora realizada por el Patriarca de Occidente, la no menos importante y decisiva, desde el punto de vista eclesial e histórico, desarrollada por los dos Santos hermanos, con los cuales toda la Iglesia, de Oriente y de Occidente, tiene una deuda perenne de inmensa gratitud y de filial reconocimiento.

2. La Liturgia de la Palabra de hoy nos ha presentado, en la primera lectura, el final de la etapa del viaje apostólico de Pablo y Bernabé a Antioquía de Pisidia. Los dos intrépidos anunciadores del Evangelio, rechazados por los judíos, declaran con franqueza: "...puesto que rechazáis la Palabra de Dios..., nos volveremos a los gentiles". Y San Lucas comenta: "Oyendo esto los gentiles, se alegraban y glorificaban la palabra del Señor, creyendo cuantos estaban ordenados a la vida eterna" (cf. Act 13, 46. 48).

Como Pablo y Bernabé, los Santos Cirilo y Metodio. hermanos en la sangre, pero todavía más en la fe, fueron intrépidos seguidores de Cristo e incansables predicadores de la Palabra de Dios.

Naturales de Tesalónica, la ciudad donde San Pablo desarrolló parte de su actividad apostólica y a cuyos primeros fieles dirigió dos cartas, los dos hermanos entraron en contacto espiritual y cultural con la Iglesia patriarcal de Constantinopla, entonces floreciente por la cultura teológica y la actividad misionera, y supieron unir las exigencias y los compromisos de la vocación religiosa con el servicio misionero. Los cazaros de Crimea fueron los primeros testigos de su ardor apostólico; pero su más importante obra evangelizadora fue la misión de la Gran Moravia, emprendida después que el Príncipe de Moravia, Ratislaw, se lo había pedido al Emperador y a la Iglesia de Constantinopla.

La obra apostólica y misionera, tan compleja y varia, de los Santos Cirilo y Metodio, considerada hoy, a distancia de once siglos, bajo diversos ángulos, aparece rica de una fecundidad extraordinaria y, además, de una excepcional importancia teológica, cultural y ecuménica; aspectos que interesan no sólo a la historia de la Iglesia, sino también a la civil y política de una parte del continente europeo.

La traducción en lengua vulgar de los libros sagrados con finalidad litúrgica y catequética hizo de los Santos Cirilo y Metodio, además de apóstoles de los pueblos eslavos, padres también de su cultura. Su incansable servicio: misionero realizado en unión tanto con la Iglesia de Constantinopla, por la que habían sido enviados, como con la Sede Romana de Pedro, por la que fueron, confirmados, nos manifiesta su inquebrantable amor por la Iglesia una, santa, católica, y nos sirve de estímulo para que esta unidad sea plenamente vivida en la fe y en la caridad.

Además —como he subrayado en mi citada Carta Apostólica Egregiae virtutis—, los dos Santos hermanos pusieron de relieve ante todo la aportación de la antigua cultura griega y, luego, el alcance de la irradiación de la Iglesia de Constantinopla y de la tradición oriental, la cual se ha grabado muy profundamente en la espiritualidad y en la cultura de tantos pueblos y naciones del Oriente europeo.

3. Junto a la tumba de San Cirilo, que a los 42 años terminó en esta Urbe su vida terrena, el 14 de febrero del año 869, y recordando también a su hermano San Metodio, que fue ordenado arzobispo por el Papa y enviado a Moravia para continuar su preciosa obra apostólica, proseguida hasta la muerte, que acaeció el 16 de abril del año 885, hemos escuchado las palabras que Jesús dirigió a los 72 discípulos, antes de enviarlos, de dos en dos, a predicar el Reino de Dios: "La mies es mucha y los obreros pocos; rogad, pues, al amo mande obreros a su mies" (Lc 10, 2).

Cirilo y Metodio fueron dos auténticos "obreros" de la mies, de Dios. Y en este día de su festividad, la Iglesia, al exaltar su meritoria acción apostólica, es consciente de tener hoy todavía más necesidad de cristianos capaces de dar su aportación de compromiso, de energías, de entusiasmo por el anuncio del mensaje de salvación en Cristo Jesús. Pero es consciente, además, de tener necesidad de almas consagradas total y exclusivamente a la predicación del Evangelio, a la acción misionera; tiene necesidad de sacerdotes, de religiosos, de religiosas, de misioneros, de misioneras, que, renunciando generosa y gozosamente a la familia, a la patria, a los afectos humanos, dediquen toda su vida a trabajar y a sufrir por el Evangelio (cf. Mc 8, 35).

Ante el alcance histórico de la obra evangelizadora realizada por los dos Santos hermanos, la Iglesia se da cuenta aún más profundamente de que la evangelización es su gracia y su vocación propia, su identidad más profunda. "Ella existe —ha escrito Pablo VI— para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la Santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa" (Evangelii nuntiandi, 14).

Esto significó para los Santos Cirilo y Metodio hacer predominar el anuncio del Evangelio: un anuncio que no ha matado, destruido o eliminado, sino más bien ha integrado, elevado y exaltado los auténticos valores humanos y culturales, típicos del carácter de los países evangelizados, contribuyendo a una apertura y a una solidaridad, capaces de hacer superar los antagonismos y de crear un patrimonio común espiritual y cultural, que ha puesto sólidas bases para la justicia y la paz.

Al leer en la antigua "vida" de San Cirilo en lengua eslava algunos detalles de los últimos días de su historia terrena, experimentamos una emoción intensa, porque penetramos en la dimensión más íntima de su conciencia y entrevemos los grandes ideales para los que el Santo había vivido, trabajado y sufrido: "Señor, Dios mío —rezaba él—, guarda en la fe a tu rebaño..., acrecienta a tu Iglesia y reúne a todos sus miembros en la unidad. Haz que tu pueblo viva concorde en la verdadera fe y en la recta confesión, e inspira en los corazones la palabra de tu doctrina".

4. Mientras nos disponemos a celebrar la Eucaristía, elevemos nuestra humilde y ferviente oración a los dos Santos hermanos. Patronos de Europa, pidiendo su potente intercesión ante la Santísima Trinidad:

¡Oh Santos Cirilo y Metodio,
que con entrega admirable llevasteis la fe
a los pueblos sedientos de verdad y de luz;
haced que toda la Iglesia proclame siempre
a Cristo crucificado y resucitado,
Redentor del hombre!

¡Oh Santos Cirilo y Metodio,
que en vuestro difícil y duro apostolado misionero
permanecisteis siempre profundamente vinculados
a la Iglesia de Constantinopla
y a la Sede Romana de Pedro;
haced que las dos Iglesias hermanas, l
a Iglesia católica y la ortodoxa,
superados en la caridad y en la verdad
los elementos de división,
puedan alcanzar pronto la plena unión deseada!
¡Oh Santos Cirilo y Metodio,
que, con sincero espíritu de fraternidad,
os acercasteis a pueblos diversos
para llevar a todos el mensaje
de amor universal predicado por Cristo;
haced que los pueblos del continente europeo,
conscientes de su común patrimonio cristiano,
vivan en el respeto recíproco
de los justos derechos y en la solidaridad,
y sean realizadores de paz entre todas las naciones del mundo!

¡Oh Santos Cirilo y Metodio,
que, impulsados por el amor de Cristo,
abandonasteis todo para servir al Evangelio;
proteged a la Iglesia de Dios:
a mí, Sucesor de Pedro en la Sede Romana;
a los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas,
misioneros, misioneras, padres, madres,
jóvenes de ambos sexos, niños, pobres, enfermos,
a los que sufren; que cada uno de nosotros,
allí donde lo ha colocado la divina Providencia,
sea un "obrero" digno de la mies del Señor! ¡Amén!

 

© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana

 

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