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SANTA MISA EN EL INSTITUTO ESLOVACO DE LOS SANTOS CIRILO Y METODIO

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Domingo 8 de noviembre de 1981

 

Queridos hermanos en el servicio episcopal,
amados hijos e hijas:

Las fuentes históricas cuentan que el Papa Adriano II fue personalmente a dar la bienvenida a los Santos Cirilo y Metodio cuando vinieron a Roma y trajeron consigo también las reliquias de San Clemente, mártir y Obispo de Roma, (cf. Vida de Constantino XVII, 1).

El actual sucesor de Clemente y de Adriano sale hoy fuera de las puertas de la ciudad para saludar a los Santos hermanos de Tesalónica y venerar su memoria en esta iglesia, en la casa dedicada a ellos.

El saludo se extiende además a todos los presentes. En primer lugar, os saludo a vosotros, queridísimos hermanos en el servicio episcopal. Particularmente saludo a usted, arzobispo Andrea Pangrazio: como obispo diocesano usted vigila, con amor y mirada atenta, sobre la vida y actividad de la familia eslovaca cirilometodiana que vive en este Instituto y asegura su inserción en la Iglesia universal. Saludo a usted, obispo Andrea Grutka, como protector y custodio de esta familia desde el comienzo hasta hoy. Saludo también a usted, padre director, mons. Dominik Hrusovsky. Os saludo a todos vosotros que trabajáis en el Instituto eslovaco de los Santos Cirilo y Metodio: sacerdotes, religiosos, religiosas, auxiliares. Con amor especial os saludo a vosotros, queridos seminaristas. Y en este momento mi mirada espiritualmente va aún más lejos, a todos los que vosotros representáis aquí de algún modo: os saludo, queridos eslovacos, que estáis en la patria o fuera de ella, os saludo a todos muy cordialmente y con amor de padre.

Este amor ha guiado también mis pasos al Instituto de los Santos Cirilo y Metodio: el amor a los dos Santos hermanos y el amor a vosotros. Mi visita a este Instituto es como un nuevo anillo en la cadena de las manifestaciones de respeto y confianza hacia los apóstoles de los eslavos. Al final del año pasado confié a su protección toda Europa, para que, juntamente con San Benito, la custodien y guíen hacia la unión, hacia la paz, hacia la fidelidad a las propias fuentes espirituales. La peregrinación a la tumba de San Cirilo, en la basílica de San Clemente, el 14 de febrero de este año, era la expresión de plegaria para que la heredad espiritual de los Copatronos de Europa diese también hoy frutos copiosos. La bendición de la capilla de los Santos Benito, Cirilo y Metodio en la cripta de la basílica de San Pedro, el lunes de esta semana, dignificaba la dedicación permanente de ese insigne lugar al culto de los protectores de Europa. Hoy nos encontramos aquí, en este lugar, donde el mensaje espiritual de los Santos Cirilo y Metodio es norma de vida y programa consciente de trabajo cotidiano, para meditar juntos en su mensaje, para ins pirarnos en su ejemplo, para invocar su protección.

La lectura del Antiguo Testamento que hemos escuchado hace poco recuerda la Sabiduría. La encuentran todos los que la aman y la buscan. Sale al encuentro de todos los que son dignos de ella y los busca (cf. Sab 6, 12. 16). ¿Quién no pensaría inmediatamente en el joven Constantino, que eligió la Sabiduría como compañera de su vida? (cf. Vida de Constantino III, 1-8). Se trata de la Sabiduría Divina, de Dios mismo. Dios pensó todo desde la eternidad, creó todo en el tiempo y gobierna todo incesantemente. Encontró también el corazón puro de Cirilo, el cual lo acogió, se le consagró y vivió sólo para El. De Dios promanaba toda la sabiduría de Cirilo, su amor a la verdad y su deseo de difundirla. Este científico, investigador de nuevos caminos en filología y en la manera de anunciar el Evangelio, este fundador de la cultura de los pueblos eslavos, sacaba todo de la Sabiduría Divina. Esta le devolvió también la dignidad perdida por su padre; le restituyó la dignidad de hijo de Dios, que estimaba más que las riquezas y las posiciones en el mundo (cf. Vida de Constantino IV, 14).

Aquí están, pues, las raíces de la cultura eslava, en el cristianismo, en Dios. La fe en Dios es el presupuesto y la garantía de su riqueza plena. Lo que vale para toda manifestación de la vida y de la actividad cultural. ¡Que sea esto también para vosotros, queridísimos, regla de conducta y de acción!

La parábola de las vírgenes sensatas y necias nos lleva a considerar la sabiduría vital del hombre que vela para estar preparado en todo momento al encuentro con Dios. Cuando pensamos bajo esta luz en las obras de los Santos hermanos de Tesalónica, podemos reflexionar sobre la importancia de su aportación a la vida social y cívica. El ámbito de su actividad no se limitaba exclusivamente al campo religioso, sino que de la fe en Dios sacaron las consecuencias eficaces para la vida cotidiana de los individuos, de las familias y de toda la sociedad, para que cada sector, cada paso de vida tuviese en Dios la fuente y el fin. Así construyeron los fundamentos de la nueva sociedad, de la nueva justicia y paz. No temieron combatir y sufrir por estos principios. En Dios encontraron el fin, el apoyo y la fuerza. ¡Cuántas acusaciones injustas, cuántas humillaciones debió sufrir Metodio a causa de la fidelidad a la misión que consideraba como voluntad de Dios y que realizaba como el último mensaje del hermano moribundo!

Un ejemplo de la sabia vigilancia de los santos apóstoles se vislumbra también en su esfuerzo por prepararse sucesores. Es sabido que en el viaje a la Ciudad Eterna los acompañaba también el grupo de discípulos, reunidos y preparados para el servicio sacerdotal. ¿No es ésta también una de las finalidades principales de este Instituto? ¡Procuradla, pues, con sabia vigilancia, según el gran ejemplo de los Santos Cirilo y Metodio!

Cirilo que luchó mucho por sus iniciativas y Metodio que sufrió mucho por su actividad han entregado a los pueblos que eran el campo de su apostolado, una prueba ulterior de sabia vigilancia también con el hecho de que les han enseñado a sufrir y les han conducido hacia el modelo del hombre que sufre, hacia la Virgen María. Vuestros apóstoles frecuentaron las escuelas civiles y religiosas de Constantinopla, donde la piedad mariana, en los primeros siglos cristianos, encontró más de una clarificación. ¿No tendrá aquí su última raíz también la veneración de los eslovacos hacia la Virgen Dolorosa? La cruz en el Calvario, sobre la cruz Cristo que muere, bajo la cruz la Madre probada y amante: es la imagen que domina en la historia del pueblo eslovaco en el pasado y hoy. Cristo que sufre es la fuerza en las luchas y en los sufrimientos, María, en cambio, es siempre la Madre. Cristo que muere da la certeza de la resurrección, la Madre asunta al cielo asegura el consuelo de la vida eterna. Esto valía en el pasado, vale hoy y será siempre una garantía de fidelidad al contenido pleno de la heredad de los padres.

Queridos míos: ¡permaneced fieles a esta heredad! ¡Conocedla cada vez mejor en profundidad en todas sus dimensiones vitales, con todas las consecuencias para la vida personal y social! Vivid según esta heredad, sedle fieles, defendedla y enriquecedla con la certeza de que ella constituye la base de vuestra grandeza espiritual y de la grandeza real cultural de vuestro pueblo y de todo pueblo y nación. Que os guíe en esto el ejemplo de vuestros santos apóstoles y la protección de la Dolorosa Patrona de Eslovaquia.

 

© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana

 

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