The Holy See
back up
Search
riga

VISITA AL COLEGIO ESPAÑOL DE SAN JOSÉ

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Sábado 29 de octubre de 1983

 

Queridos hermanos obispos y sacerdotes:

1. Al entrar en este colegio, hogar romano de la Iglesia que está en España, ha venido espontáneo a mi mente el recuerdo gratísimo de mi peregrinación pastoral por las rutas de Santa María y de Santiago; de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz: el viaje apostólico que realicé a vuestra querida patria hace ahora precisamente un año, “sembrando a manos llenas la palabra del Evangelio, la fe y la esperanza” (IOANNIS PAULI PP. II, Homilia in aëronavium portu civitatis Santiago de Compostela habita, 1, 9 novembre 1982: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, V/3 [1982] 1246). . 

Os saludo cordialmente, en la paz de Cristo Redentor, y en vosotros saludo a todos los obispos y presbíteros, así como a todos los hijos fieles, de la queridísima España.

2. El venerable sacerdote de la diócesis de Tortosa Manuel Domingo y Sol, avezado en su interior al coloquio divino, con amor de hijo, tuvo la inspiración de fundar este colegio, hace 90 años, aquí en Roma, junto a la Sede de San Pedro.

Mi predecesor León XIII alentó y apoyó tan plausible iniciativa, “para la renovación –decía– científica y aun disciplinar del clero español”, hasta el punto de afirmar que él mismo se consideraba fundador del Colegio. Le proporcionó una sede adecuada en el antiguo Palazzo Altemps, por donde, a lo largo de más de 70 años, pasaron hornadas enteras de jóvenes españoles que, en esta Ciudad Eterna, recibieron su formación sacerdotal o completaron los estudios. Muchos de ellos fueron ordenados presbíteros en la preciosa capilla del citado palacio, bajo la mirada de la Virgen de la Clemencia –Mater Clementissima, Patrona del Colegio– y junto a la tumba de San Aniceto, Papa y mártir. Otros se ordenaron en la basílica de San Pedro o en la de San Juan de Letrán o tal vez en otros templos de la Urbe. Algunos vinieron a Roma siendo ya sacerdotes. No pocos han llegado después al Episcopado. Varios dieron testimonio de su fe y de su sacerdocio con la propia vida. Todos, en las Iglesias locales esparcidas por la geografía de España, de América Latina y de otras naciones del mundo, han sido heraldos del Evangelio, trabajando en los diversos campos del apostolado e influyendo de forma decisiva en la vida religiosa y eclesial de nuestro siglo.

3. Desde hace 22 años el Colegio Español cuenta con esta nueva y moderna sede. Pío XII bendijo la primera piedra del edificio y Pablo VI lo inauguró oficialmente el 13 de noviembre de 1965, durante la IV sesión del Concilio.

Empezó así una nueva etapa de la espléndida historia de este centro, una etapa llamada a ser no menos fecunda que la anterior en el campo de la formación sacerdotal, según las orientaciones del Vaticano II y las exigencias de nuestro tiempo, pero sin separarse nunca de la finalidad propia de la institución y de la línea trazada por su fundador y por mis predecesores en sus documentos y alocuciones dedicadas al Colegio.

4. Ya en las cercanías del I centenario de la fundación de este centro de formación para seminaristas y sacerdotes, en vísperas del V centenario del comienzo de la evangelización de América, iniciada y llevada a cabo en gran parte por misioneros españoles, y en la perspectiva del III milenio del cristianismo, hay que pensar en la acción pastoral que vosotros, jóvenes sacerdotes, estáis llamados a proyectar con renovado entusiasmo y plena generosidad sobre los nuevos tiempos que se avecinan.

Hay que mirar con esperanza y hay que preparar con clarividencia y apertura el futuro de la Iglesia; pero manteniéndose en continuidad con el pasado para no perder su rica y aleccionadora herencia.

La labor realizada en su ya casi un siglo de existencia por el Colegio Español es una magnífica y consoladora realidad, que merece el reconocimiento y la gratitud de la Santa Sede y de todo el Pueblo de Dios. Y este reconocimiento va en primer lugar a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús, fundada también por el mismo Don Manuel Domingo y Sol, la cual tiene confiada por la Santa Sede la dirección de este cenáculo sacerdotal, bajo la supervisión de la Sagrada Congregación para la Educación Católica y de los Patronos del Colegio, el Primado de España, Emmo. Señor Cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo, y el Excmo. Monseñor Carlos Amigo Vallejo, arzobispo de Sevilla, ambos aquí presentes, que en esta responsabilidad y delicada función de ayudar y orientar la vida del Colegio representan a todo el Episcopado Español.

5. He hablado de “cenáculo”.

En el cenáculo pronunció Jesús su oración sacerdotal, que acabamos de escuchar en la lectura evangélica. Cenáculo es la mejor definición que se puede dar a un centro eclesiástico como éste donde sus moradores, vosotros, por ser sacerdotes –comensales en la cena del Señor– estáis llamados a hacer propia la misma experiencia de Cristo que se inmola al Padre, como víctima de reconciliación y de unión entre los hombres, para que todos “sean santificados en la verdad”.

En este Año Santo de la Redención yo quiero lanzar, también aquí, mi grito evangélico, dirigido a este cenáculo, a todos los sacerdotes y seminaristas que en él moráis: “Abrid las puertas a Cristo Redentor”:

Abrid las puertas a su Persona, en la cual, por su obediencia hasta la muerte, tenemos de nuevo acceso al Padre. La apertura al Redentor exige compenetración, asimilación a él, en unión íntima de sentimientos, de mentes y voluntades. Así lo pide el mismo Cristo en la oración por sus elegidos: “Para que sean uno como nosotros”. No rehuyáis pues, al contrario, intensificad el trato personal con Cristo, mediante la plegaria individual y la oración comunitaria, y sobre todo durante la Santa Misa cotidiana, “para que –como rezamos en la plegaria eucarística– fortalecidos con el Cuerpo y Sangre de tu Hijo y llenos del Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu”.

a la Palabra del Señor, que ha de penetrar en vuestras almas a través de la meditación, del estudio, de las lecturas, creando en vosotros una mentalidad en perfecta sintonía con la doctrina evangélica y con el magisterio de la Iglesia, Madre y Maestra.

a la Cruz, que es la fuente de la redención y de la vida, el preludio de la resurrección y la base de toda auténtica renovación: os preparáis –como dice San Pablo– a predicar a Cristo Crucificado (cfr. 1 Cor 1, 23);  para ello hay que renunciar a los propios criterios, a los criterios del mundo, abrazando con decisión y amor los criterios del Evangelio, aunque a veces comporten sufrimiento, sacrificio y abnegación.

– abrid, finalmente, las puertas de vuestro corazón a la Iglesia de Jesús, a sus enseñanzas, a sus orientaciones pastorales y a sus normas disciplinares: los sacerdotes formados en Roma, junto a la Sede de Pedro, tienen un motivo especial de amor y fidelidad a la Iglesia, en orden a dar testimonio de su vitalidad santificadora y de su presencia visible en el mundo, sin disimular la propia identidad en todo aquello que puede ayudar a hacer transparente ante los hombres el Evangelio y la Persona de Jesús.

6. Queridos hermanos obispos, superiores y alumnos del Colegio: Soy feliz de encontrarme esta tarde aquí para orar juntos y vivir una hora de gozosa hermandad, con vosotros y también con las religiosas y los seglares que trabajan en esta casa a quienes saludo con afecto y deseo expresar gratitud en nombre de todos por su generoso servicio a esta Casa sacerdotal.

A todos imparto cordialmente mi bendición apostólica.

 

© Copyright 1983 - Libreria Editrice Vaticana

 

top