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MISA CRISMAL

HOMILÍA DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II

Jueves Santo,
19 de abril de 1984

 

1. Hoy, mientras la misión publica del Mesías sobre la tierra llega a su término, las palabras del Evangelio según San Lucas nos llevan de nuevo al comienzo, presentándonos a Jesús en la sinagoga de Nazaret y el Libro del profeta Isaías.

Jesús lee: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque El me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del. Señor" (Lc 4, 18-19).

Una profecía mesiánica.

Dice Jesús en Nazaret: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír" (Ib. , y. 21).

La profecía mesiánica se cumple en El.

2. El Mesías es ungido con el Espíritu Santo.

Tiene la plenitud del espíritu, porque es el Hijo de Dios.

En El se cumplen las palabras del Salmista referidas directamente al rey David.

Dice Dios por boca del Salmista:

"Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán, / por mi nombre crecerá su poder. / El me invocará: Tú eres mi Padre, / mi Dios, Mi Roca salvadora" (Sal 88/89, 25. 27).

Sólo anunciando a Jesús podía David exclamar de este modo, porque únicamente Cristo puede decir a Dios: "Tú eres mi Padre".

Sólo Cristo - en cuanto Hijo consustancial con el Padre - está unido a El en el Espíritu Santo.

Y únicamente Cristo, al ser enviado del Padre, posee la plenitud del Espíritu Santo.

Posee esta plenitud en cuanto Redentor de la Iglesia qué es su Cuerpo. Tiene esta plenitud en la Iglesia para la humanidad entera, para todos los pueblos, naciones y generaciones, para cada hombre.

3. El símbolo de la infusión del Espíritu Santo es la unción.

Hoy la Iglesia bendice los óleos que se emplean en la unción; concretamente: el santo crisma, el óleo de los catecúmenos y el óleo de los enfermos.

Con esta liturgia matutina especial del Jueves Santo, la Iglesia desea confesar,

- que Cristo, poseyendo la plenitud del Espíritu Santo por ser Hijo de Dios y Redentor del mundo, de esta plenitud va sacando para enriquecer continuamente una y otra vez a la Iglesia

- y en la Iglesia y mediante la Iglesia desea sacar de esta plenitud inagotable del Espíritu Santo para enriquecer a todos y cada uno de los que se abran a la. potencia de su redención,

- en particular la Iglesia desea sacar de esta plenitud del Espíritu Santo de Cristo para enriquecer a todos y cada uno con la administración de los sacramentos, signos de salvación y gracia.

Los santos óleos - crisma, óleo de los catecúmenos y óleo de los enfermos - están destinados al ministerio sacramental de la Iglesia.

4. Nosotros los sacerdotes - que concelebramos hoy esta Eucaristía matutina del Jueves Santo - desearnos confesar que cada uno de nosotros tenemos una parte especial en esta plenitud del Espíritu Santo que hay en Cristo, Eterno y Único Sacerdote de la Nueva Alianza.

El Jueves Santo es recuerdo de la institución del Sacrificio eucarístico.

Para celebrar este Santísimo Sacrificio hemos sido ungidos en el sacramento del sacerdocio. Al ser dispensadores de la Eucaristía nos hemos transformado en servidores peculiares de Cristo ante todo el Pueblo de Dios. Se nos ha confiado la remisión de los pecados y el ministerio de los demás sacramentos junto con la enseñanza de la fe.

5. Hoy, Jueves Santo, miramos con amor particular a Aquel a quien el Padre "consagró con la unción y envió al mundo"; miramos a Cristo que posee la plenitud total del Espíritu Santo en favor de la humanidad entera,

- a Cristo, de cuya plenitud todos hemos recibido

-  y cada uno de nosotros tenemos nuestra "parte con El".

Por medio de esta "parte", a través de nuestra participación sacerdotal en la Unción mesiánica de Jesucristo, nosotros somos sus sacerdotes ante el Pueblo de Dios, al servicio de este Pueblo.

Agradecemos nuestro sacerdocio ministerial a Quien lo ha injertado en nuestras almas. Deseamos permanecer y perseverar en él al servicio de la salvación humana.

Juramos nuestra fidelidad sacerdotal a Aquel que nos ama y nos ha liberado de nuestros pecados con su sangre . . .

6. El Jubileo extraordinario de la Iglesia con motivo del Año de la Redención toca a su fin.

En este Año Santo hemos querido renovar en nosotros la gracia del sacramento del sacerdocio.

Damos gracias por este sacramento que crece sobre el fundamento del "sacerdocio universal" de todos los bautizados como sacramento del servicio salvífico.

Gloria eterna a Cristo que "nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre" (Ap 1, 6).

 

© Copyright 1984 - Libreria Editrice Vaticana

 

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