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VIAJE APOSTÓLICO A MÉXICO Y CURAÇAO

SANTA MISA PARA LOS FIELES DE LA DIÓCESIS
EN EL ESTADIO DEL «SENTRO DEPORTIVO KORSOU»

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Willemstad (Antillas Holandesas)
Domingo 13 de mayo de 1990

 

Queridos hermanos y hermanas:

1. Me siento feliz de estar con vosotros en esta bendita Isla, cruce de caminos y de culturas. Como toda tierra abierta al mar y a la comunicación con otros pueblos, la vuestra se encuentra en situación privilegiada, abierta a todos los horizontes, lo cual os hace más sensibles a los problemas del hombre, de la naturaleza, del más allá.

Doy gracias a Dios porque en esta nueva peregrinación a América Latina me ha permitido venir a visitaros y expresar así todo el afecto que siento por vosotros como hijos de la Iglesia católica y ciudadanos de la bella Curaçao. Saludo con un abrazo fraterno a vuestro obispo, monseñor Willem Michel Ellis y a los demás hermanos en el episcopado, cardenales y obispos aquí presentes, así como a los sacerdotes, religiosos, religiosas y a todos los amadísimos fieles de esta hermosa tierra donde la semilla del Evangelio ha sido particularmente fecundada. Mi cordial saludo se dirige a las autoridades que nos acompañan.

2. En nuestra celebración eucarística acaba de resonar la palabra del mismo Cristo que, hoy como ayer, sigue diciéndonos: “ Yo soy el camino, la verdad y la vida ” (Jn 14,6). Su voz es siempre actual, porque El vive resucitado y presente entre nosotros. Sus palabras nos infunden luz y esperanza para seguir el camino de la vida. En efecto, Dios nuestro Padre, por medio de su Hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo, “ movido de amor, habla a los hombres como a amigos ” (Dei Verbum, 2).

La liturgia de este tiempo pascual nos introduce frecuentemente en el Cenáculo donde Jesús, la víspera de su pasión y muerte, tuvo su último coloquio con los Apóstoles. En el contexto de este coloquio encontramos una pregunta del Apóstol Felipe que es, al mismo tiempo, una oración: - “ Señor, muéstranos al Padre y nos basta ” (Jn 14,8.).

Esta pregunta y plegaria del Apóstol nos sirven como de clave para conocer lo que en aquellos momentos estaban pensando los Apóstoles.

La respuesta de Jesús elimina toda duda y les abre el camino para descubrir su misterio y su mensaje: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14,9).

Cristo es la revelación personal de Dios. No solamente nos habla de Dios, su Padre, sino que se nos presenta como la revelación plena del Padre. Jesús es Hijo de Dios, el Verbo o palabra viva y personal del Padre, hecha carne por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María.

Jesucristo, como Hijo de Dios y Redentor nuestro, es el Camino que nos conduce al Padre, para introducirnos y hacernos partícipes del mismo misterio de Dios Amor, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sólo a partir de este misterio de Amor podremos comprender el misterio del hombre nuestro hermano.

El camino por el cual Cristo nos conduce al Padre pasa a través de todo lo que El mismo hace y dice. Es decir, pasa por el evangelio, que es su palabra viva y siempre actual. Pasa principalmente a través de todo lo que Cristo es: nuestra Pascua, nuestro “ paso ” de la Cruz a la Resurrección, nuestro paso a la Verdad y a la Vida, que es el mismo Dios. “ Nadie va al Padre sino por mí ”(Jn 14,6).

3. Aquí y ahora, como hace veinte siglos, Jesucristo sigue diciendo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6). Queridos hermanos y hermanas, el Señor es el único camino que nos conduce a la verdadera vida, a la felicidad eterna, a la verdad inmutable. Nuestras aspiraciones a un mundo mejor, donde reine la justicia y la paz, sólo encontrarán su realización plena en Cristo resucitado, porque El es “la clave, el centro y el fin de toda la historia humana” (Gaudium et spes, 10). La construcción de un mundo donde reine el amor y la concordia comienza en cada corazón humano, cuando en él se hacen vida los criterios, la escala de valores y las actitudes evangélicas del Señor.

Como nos enseña el Concilio Vaticano II, sólo “Cristo..., manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (Gaudium et spes, 22).

Nuestros deseos de bienestar y felicidad sólo serán satisfechos de verdad cuando las personas, las familias y la sociedad entera vivan según el mandamiento del amor. La persona, la familia y la sociedad no serán plenamente humanas si limitan sus aspiraciones a sólo poseer, consumir y disfrutar, pues, “ el hombre..., no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás ” (Gaudium et spes, 24).

Como afirma el Concilio Vaticano II, los cristianos queremos ser constructores de “ un nuevo humanismo, en el que el hombre queda definido principalmente por la responsabilidad hacia sus hermanos y ante la historia ” (Gaudium et spes, 55).

4. El Señor, que es la “ piedra viva ”, como nos acaba de recordar san Pedro en la primera lectura de esta celebración, se dirige esta tarde a vosotros que debéis ser “ piedras vivas, ...en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo ” (1P 2,4.5).

El anuncio de la Palabra de Dios hace surgir generación tras generación, nuevas “ piedras vivas ”, con las cuales se construye el pueblo de Dios que es la Iglesia. Conscientes de que sois miembros vivos de la Iglesia de Cristo, os invito pues a dar testimonio de vuestra vitalidad cristiana y a ser un lazo de unión con tantas personas que pasan por vuestra tierra, buscando descanso, hospitalidad, trabajo, de manera que vuestra vida sea un testimonio permanente del evangelio.

¿Cómo no agradecer al Señor la fe recibida y todos los demás bienes materiales, culturales y espirituales con que os ha bendecido? Pero el mejor modo de agradecer a Dios sus bienes es éste: ser testigos y apóstoles del evangelio. Efectivamente, como nos lo recuerda el Concilio “la Iglesia es toda ella misionera y la obra de la evangelización es deber fundamental del pueblo de Dios” (Ad Gentes, 35).

En el contacto con las gentes que pasan algún tiempo entre vosotros por turismo, negocios o trabajo, podréis observar que “el mundo, a pesar de los innumerables signos de rechazo de Dios, lo busca sin embargo por caminos insospechados y siente dolorosamente su necesidad” (Evangelii Nuntiandi, 76).

En las diversas formas de contacto encontraréis cómo cumplir vuestro deber de cristianos, puesto que por vuestra manera de vivir y compartir, estas mismas gentes deberán ver en vosotros los testigos de Dios Amor; pues a vosotros también van dirigidas estas palabras del Concilio: “La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia” (Gaudium et spes, 1).

5. El mensaje evangélico, que es la base para construir un mundo mejor, debe vivirse principalmente en la familia cristiana. Esta comunidad de Curaçao, en unión con sus pastores, ha escogido como lema de la visita del Papa “ Un mihó mundo mañan ku mas famia Kristian! ”, indicando así una de vuestras prioridades en la edificación del Reino de Dios. En efecto, en el hogar familiar es donde comienza a construirse un mundo mejor. Esto sólo es posible cuando la familia se considera no como simple cohabitación, sino como “ íntima comunidad conyugal de vida y amor ” (Gaudium et spes, 48). Pues la familia recibe la gran “misión de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia su esposa” (Familiaris Consortio, 17).

En el marco propio de la acción evangelizadora, los esposos cristianos han de sentirse llamados a una mayor santidad de vida en fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia. Pero, en contraste con éstas, comprobamos en nuestros días una serie de males que aquejan a la institución familiar, como son las uniones ilícitas no santificadas por el sacramento del matrimonio, la disgregación de la vida familiar por el divorcio, la infidelidad y el abandono del hogar y de los hijos, la violación del derecho a la vida por el aborto y la exclusión de la fecundidad. Todo ello se ve fomentado por una mentalidad materialista y consumista, así como por la corrupción y la pornografía desafiante.

Amados en el Señor, deseo deciros esto en vuestra lengua nativa: Ta necesario pa evangeliza familia, pa berdaderamente e sea un comunidad di bida y di amor poniendo un fundeshi solido pa un mundo nobo.

“Futuro di humanidad ta ser construi den familia” (Familiaris Consortio, 86). Futuro di Iglesia ta ser construi den familianan caminda ta biba y ta transmiti Evangelio, pasobra henter familia Kristian mester bira evangelizador di otro familianan.

Principalmente boso, tata y mamanan Kristian hunto cu boso yiunan tin e deber di anuncia cu alegria y conviccion e “ bon nobo ” tocante di familia, como fundeshi di sociedad y como “ Iglesia domestica ” (Lumen gentium, 11).

(Es necesario evangelizar a la familia, para que sea de veras comunidad de vida y de amor, poniendo así los sólidos fundamentos de un mundo nuevo. “¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia!” El futuro de la Iglesia se fragua en las familias donde se viva y se transmita el evangelio, porque toda familia cristiana tiene que convertirse en evangelizadora de las demás familias. A vosotros, principalmente, padres y madres cristianos, juntamente con vuestros hijos, os toca anunciar con alegría y convicción la “ buena nueva ” sobre la familia, como fundamento de la sociedad y como “Iglesia doméstica”).

6. La presencia de tantos jóvenes en este “ Sentro Deportivo Korsou ” es ya motivo de esperanza en el advenimiento del mundo mejor que todos deseamos. ¡Queridos jóvenes, a quienes llevo siempre en mi corazón! Vivid ilusionados en seguir a Cristo. No os dejéis arrebatar por nada ni por nadie vuestra confianza en El, y vuestro entusiasmo por construir un mundo nuevo, donde reine la generosidad y el amor. En vuestro corazón sentís continuamente las ansias de verdad y de vida. Jesucristo es el único camino y es, al mismo tiempo, la suprema verdad y la verdadera vida.

Joven de Curaçao, participa en la incansable tarea de anunciar el evangelio. Estás llamado a ser un apasionado buscador de la verdad, de ideales altos y nobles. No caigas en la apatía, en la indiferencia, en el desánimo. El Señor está contigo. Sé, pues, protagonista en la construcción de una sociedad más justa, más sana y más fraterna.

7. Quiero ahora dirigir mi palabra llena de afecto a las personas consagradas. Me parece ver en vosotros el signo actual del amor de Cristo. Toda vuestra vida consagrada, por ser desposorio con Cristo, es “como señal y estímulo de la caridad y como un manantial extraordinario de espiritual fecundidad en el mundo” (Lumen gentium, 42). Que sigáis siendo fieles a las esperanzas que tiene puestas en vosotros la Iglesia. Sentíos profundamente amados por Cristo. Solamente convencidos de esto os sentiréis con fuerzas para amar y para hacer amar a Cristo y a la Iglesia su esposa. De este modo, vuestro amor esponsal a Cristo “se convierte también en amor por la Iglesia como Cuerpo de Cristo, por la Iglesia como pueblo de Dios, por la Iglesia que es a la vez Esposa y Madre” (Redemptoris Donum, 15).

A los queridos sacerdotes y a los futuros sacerdotes, os aliento a que sigáis fieles a vuestra vocación de ser “signo sacramental de Cristo pastor y Cabeza de la Iglesia” (Puebla, 659). Con el “ gozo pascual ”, que deriva de una vida inmolada como “ máximo testimonio del amor ” (Presbyterorum Ordinis, 11), podréis ser presencia y transparencia de Cristo, “ camino, verdad y vida ” para la familia cristiana, para los laicos, para los trabajadores, para los jóvenes, para las personas consagradas y para todo el pueblo de Dios. Cristo os necesita para llegar a los enfermos, a los pobres, a los alejados y a todos los que han comenzado a buscarle.

8. En la celebración litúrgica de hoy, escuchando la palabra de Dios, nos hemos acercado a Cristo que es la piedra angular, como nos lo ha recordado san Pedro citando al profeta Isaías: “He aquí que coloco en Sión una piedra angular, elegida, preciosa y el que crea en ella no será confundido” (1P 2,6; cf.Is 28,16). Hay que aceptar esta piedra angular, que es Cristo, y no desecharla en la construcción de la vida humana aquí en la tierra.

Antes de terminar, y en el marco del V Centenario de la llegada del Evangelio al Nuevo Mundo, deseo renovar mi llamado a la Iglesia que está en Curaçao a un mayor empeño en la nueva evangelización, que reavive con fuerza sus raíces cristianas. Esta nueva evangelización reclama hombres y mujeres asiduos en la escucha de la Palabra de Dios, en la oración, en la celebración eucarística y dispuestos a compartir los bienes con los hermanos (cf. Hch 2,42; 4,32). La nueva evangelización necesita cristianos y comunidades que sean “un solo corazón y una sola alma” (Hch 4,32). La Virgen Santísima, Madre de la unidad, os ayudará a vivir esta comunión eclesial tan ansiada por Jesús, como signo eficaz de vida nueva y de evangelización.

El Obispo de Roma, Sucesor de san Pedro, al visitar esta querida Iglesia local, os alienta a seguir siempre a Cristo “camino, verdad y vida”. Esto es lo que pido al Señor hoy y aquí, por vosotros y con vosotros. Así sea.

 

© Copyright 1990 - Libreria Editrice Vaticana

 

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