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VISITA PASTORAL A CHIÁVARI Y BRESCIA

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
EN LA MISA CELEBRADA EN CHIÁVARI


Sábado 19 de septiembre de 1998

 

1. «Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen» (Lc 11, 28).

Estas palabras de Cristo, que acabamos de escuchar, tomadas del evangelio de san Lucas, ponen en el centro de nuestra celebración la figura de María santísima, icono del perfecto discípulo y de la santa Iglesia. Respondiendo a la exclamación de una mujer del pueblo, Jesús hace una afirmación que, a primera vista, puede sorprender, pero que, si se mira a fondo, revela la verdadera grandeza de la Virgen: María es realmente dichosa, no sólo porque engendró y crió a Jesús, sino porque acogió con fe la voluntad del Señor y la puso en práctica. Esta es la auténtica grandeza de María y es también su bienaventuranza: la bienaventuranza de la fe, que abre la vida del hombre a la acción del Espíritu Santo y la hace fecunda con frutos benditos para la gloria de Dios.

En este icono, amadísimos hermanos y hermanas, se refleja hoy vuestra comunidad diocesana, la Iglesia que está en Chiávari. Se refleja en María como en su modelo sublime, y la contempla con la esperanza de que se apliquen a ella las palabras que Jesús pronunció aquel día: «¡Dichosa tú, Iglesia de Chiávari, que escuchas la palabra de Dios y la cumples!».

Amadísimos hermanos, el Papa ha venido a vosotros sobre todo para traeros la palabra salvífica del Evangelio y para ayudaros a hacer esa comprobación.

2. Amadísimos habitantes de Chiávari, es grande mi alegría al encontrarme hoy entre vosotros. Saludo con afecto a vuestro obispo, monseñor Alberto María Careggio. Os lo he mandado como pastor a él, que me acompañó por los senderos de la montaña, para que os acompañe por los senderos que llevan hacia el cielo. Ayudadle a ser para todos vosotros un buen guía. Asimismo, saludo a vuestro obispo emérito, monseñor Daniele Ferrari, que ha hecho tanto por esta diócesis. Saludo cordialmente al cardenal arzobispo de Génova y a todo el episcopado de Liguria. Saludo también a los obispos huéspedes y les agradezco su presencia.

Dirijo un saludo cordial especialmente a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, felicitándolos por la generosidad con que cumplen su servicio eclesial, sin preocuparse de fatigas e incomodidades. Mi saludo se extiende también a los laicos comprometidos, cuya valiosa colaboración es indispensable para la actividad pastoral en las diferentes comunidades.

Asimismo, mi saludo deferente va a las autoridades civiles, a quienes doy gracias por su presencia en esta celebración. Mi pensamiento se dirige también a los que se hallan unidos a nosotros a través de la radio y la televisión. Pienso, en particular, en los ancianos y en los enfermos que nos siguen desde sus casas. A todos les aseguro una oración especial.

3. En la comunidad de Chiávari la santísima Virgen es particularmente amada y venerada. María, con el título de Nuestra Señora del Huerto, es la patrona de la diócesis. Pero, ¿quién no conoce el hermoso santuario de Montallegro, cerca de la ciudad de Rapallo? También allí una célebre imagen evoca la presencia espiritual de la Madre de Dios. Asimismo es conocido el santuario de Velva, dedicado a la Virgen de la Guardia.

Según la enseñanza del concilio ecuménico Vaticano II, es preciso conservar y valorar este rico patrimonio de piedad popular mariana para que, a través de la Virgen santísima, también las nuevas generaciones encuentren a Cristo, único Mediador entre Dios y el hombre, y en él hallen la salvación.

4. ¿Qué puede significar, en concreto para vosotros, comunidad eclesial de Chiávari, el compromiso de escuchar y cumplir la palabra de Dios? Significa, ciertamente, leerla y meditarla en la Biblia, pero también escucharla y ponerla en práctica según la mediación que hizo de ella el Sínodo diocesano, concluido en 1992, cien años después de la fundación de esta Iglesia particular.

Como Sucesor de Pedro, os invito a crecer en la unidad y en el espíritu misionero, siguiendo las directrices del Sínodo. Estad cada vez más unidos entre vosotros y, al mismo tiempo, abríos a los amplios horizontes de la evangelización: os debéis interesar por todos los que aún no han encontrado a Cristo y a la Iglesia, desde vuestro territorio hasta los países de misión.

Tened siempre presentes las palabras de Cristo: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13, 35). En la comunidad eso implica llevar cada uno las cargas de los demás, compartir, colaborar y sentirse corresponsables. Todos .obispo, sacerdotes, religiosos y laicos; asociaciones, movimientos y grupos . están llamados a crear ese estilo de comunión. El primer ámbito en el que es preciso formar comunidad es la parroquia: las parroquias, como teselas de un mosaico, componen la comunidad diocesana; y ésta, por su parte, está insertada en el organismo vivo de la Iglesia universal.

En vuestro territorio merecen atención particular dos clases de personas: los turistas y los ancianos. Es importante que los veraneantes, al venir en gran número a pasar períodos incluso largos a la orilla del mar, encuentren comunidades vivas, acogedoras, en las que puedan sentirse a gusto, en un clima de familia. Por otra parte, será preciso no descuidar a los numerosos ancianos locales, que constituyen una inestimable riqueza humana y espiritual.

5. La santísima Virgen María es la tierra buena y fecunda que acogió con fe la semilla de la palabra de Dios y dio el fruto mesiánico, bendición salvífica para todo el género humano. La Iglesia se refleja en ese modelo: cada comunidad diocesana se puede comparar al jardín del que habla el profeta Isaías, en el que florecen muchos carismas que manifiestan la acción de la gracia y enriquecen al pueblo de Dios.

Pienso en los numerosos santos y beatos de esta tierra: el obispo san Antonio María Gianelli y santa Catalina Fieschi Adorno; los beatos Alberto y Baltasar de Chiávari, el beato Agustín Roscelli y la reciente beata Brígida Morello, fundadora de las Ursulinas de María Inmaculada. A ellos se añaden algunos venerables y siervos de Dios.

Pienso en los diversos institutos de vida consagrada, tanto femeninos como masculinos, e invito a los jóvenes a conocerlos, porque en alguno de ellos podrían encontrar el carisma que corresponde a su búsqueda de sentido y de entrega a Dios y a los hermanos.

Pienso también en las asociaciones, en los movimientos, en las comunidades y en los grupos laicales, que dan una contribución indispensable a la misión de la Iglesia, tanto en la formación como en la animación espiritual, caritativa, social y cultural. Para cada una de estas realidades eclesiales invoco la fuerza del Espíritu Santo y las invito a actuar siempre en armonía con la pastoral diocesana según las directrices del obispo.

Os aliento a proseguir la intensa labor de pastoral juvenil, formando a los «cercanos» y, al mismo tiempo, buscando a los «alejados». Os deseo que tengan un desarrollo fructuoso vuestras numerosas iniciativas, tanto antiguas como nuevas, entre las que quiero recordar los programas de formación de la Acción católica, la catequesis interparroquial para el sacramento de la confirmación y, como «árbol» muy floreciente en el jardín de la diócesis, la Obra de la Ciudad de los niños.

Invito a promover de modo cada vez más orgánico y capilar la pastoral familiar, que tiene su punto de referencia en el centro de espiritualidad «Madonnina del Grappa». La familia es el elemento fundamental de la vida social y sólo trabajando mucho y bien con las familias se puede renovar el entramado de la comunidad eclesial y la misma sociedad civil.

6. Amadísimos hermanos y hermanas de Chiávari, en esta solemne eucaristía, os encomiendo a todos a la Madre de Dios y de la Iglesia. Que ella esté siempre en el centro de vuestra comunidad, como lo estuvo entre los primeros discípulos, en Jerusalén. Por su intercesión, en este segundo año de preparación inmediata para el gran jubileo del año 2000, invoquemos juntos una renovada efusión del Espíritu Santo sobre esta joven diócesis, para que escuche siempre la palabra de Dios y la ponga en práctica, y, para que, además de sus bellezas naturales, sobresalga por su fe, su esperanza y su amor. «Como esposa que se adorna con sus joyas» (Is 61, 10).

¡Dichosa tú, Iglesia de Chiávari, si sabes escuchar la palabra de Dios y te esfuerzas por cumplirla! (cf. Lc 11, 28)

Ojalá seas el jardín del que habla el profeta Isaías: el Señor Dios haga que florezca en ti la justicia y esto te proporcione «alabanza ante todos los pueblos» (cf. Is 61, 11). Amén.

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

 

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