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VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE
JESÚS ADOLESCENTE
HO MILÍA DE
JUAN PABLO
II
V Domingo de Cuaresma, 29 de marzo de 1998
1. «No quiero la muerte del malvado, sino que
cambie de conducta y viva » (Antífona
antes del Evangelio; cf. Ez 33, 11).
Las palabras de la Antífona
antes del Evangelio, que acabamos de proclamar, introducen el consolador
mensaje de la misericordia de Dios, que después ha sido ilustrado por el pasaje
de hoy tomado del evangelio de san Juan. Algunos escribas y fariseos, para
«poder acusarlo » (Jn 8, 6), llevan a Jesús una mujer sorprendida en
flagrante adulterio. Quieren poner su enseñanza sobre el amor misericordioso en
contradicción con la ley, que castigaba el pecado de adulterio con la
lapidación.
Sin embargo, Jesús desenmascara su malicia: «El que esté sin pecado, que le
tire la primera piedra» (Jn 8, 7). Esta respuesta autorizada, a la vez
que nos recuerda que el juicio pertenece sólo al Señor, nos revela la verdadera
intención de la misericordia divina, que deja abierta la posibilidad del
arrepentimiento, y muestra un gran respeto a la dignidad de la persona, que ni
siquiera el pecado quita: «Anda, y en adelante no peques más» (Jn 8, 11).
Las palabras conclusivas del episodio indican que Dios no quiere la muerte del
pecador, sino que se arrepienta del mal cometido y viva.
2. «Todo lo estimo pérdida,
comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús» (Flp 3,
8). El apóstol Pablo experimentó personalmente la justicia salvífica. Su
encuentro con Jesús en el camino de Damasco le abrió la senda hacia una profunda
comprensión del misterio pascual. Pablo comprendió con claridad cuán ilusoria es
la pretensión de construirse una justicia fundada únicamente en la observancia
de la Ley. Sólo Cristo justifica al hombre, a todo hombre, mediante el
sacrificio de la cruz.
Tocado por la gracia, Pablo, de perseguidor acérrimo de los cristianos, se
convierte en heraldo incansable del Evangelio, porque «fue conquistado por
Cristo Jesús» (Flp 3, 8). También nosotros, especialmente durante este
tiempo de Cuaresma, somos invitados a dejarnos conquistar por el Señor: por el
atractivo de su palabra de salvación, por la fuerza de su gracia y por el
anuncio de su amor redentor.
3. Amadísimos hermanos y hermanas de la parroquia de Jesús adolescente, me
alegra celebrar con vosotros este quinto domingo de Cuaresma, que marca otra
etapa en el itinerario litúrgico hacia la Pascua ya cercana. Saludo cordialmente
al cardenal vicario, al monseñor vicegerente, a vuestro celoso párroco, don Enzo
Policari, así como a sus colaboradores, a la comunidad salesiana que vive y
trabaja en la parroquia y a los seminaristas ucranios, que se hospedan aquí
durante el actual período de reestructuración de su colegio.
Deseo dirigir un saludo particular a toda la familia salesiana que,
precisamente el domingo pasado, recordó el quincuagésimo aniversario de su
presencia y de su actividad en este barrio romano. Se trata de una presencia muy
apreciada, porque está asociada al instituto «Barrio de los muchachos de don
Bosco», benemérita institución surgida después de la guerra para brindar
hospitalidad a los adolescentes sin familia o sin hogar, obligados a vivir
arreglándoselas de cualquier modo.
Al conmemorar los cincuenta años del «Barrio de los muchachos de don Bosco»,
tan querido a mi venerado predecesor, el siervo de Dios Papa Pablo VI, quisiera
rendir homenaje a los numerosos salesianos que, siguiendo el carisma de san Juan
Bosco, se han sucedido aquí dedicándose con generosidad a las jóvenes
generaciones de esta amplia zona de la periferia de Roma. Gracias, queridos
hermanos, por el bien que incansablemente habéis hecho y seguís haciendo
mediante vuestras actividades en favor de los jóvenes. Pienso, en particular, en
el oratorio interparroquial, en la escuela popular para sostener a los muchachos
y muchachas carentes de títulos de estudio, en la preparación para los
sacramentos en los numerosos grupos juveniles, y en tantas otras iniciativas de
formación y recreo.
4. Los jóvenes son el futuro de la humanidad. Preocuparse por su maduración
humana y cristiana representa una valiosa inversión para el bien de la Iglesia y
de la sociedad. Me alegro de cuanto ya estáis realizando y deseo que, en
sintonía con las directrices pastorales diocesanas, vuestro meritorio esfuerzo
en este sector se intensifique cada vez más. Como en los primeros tiempos del
«Barrio de los muchachos de don Bosco», también hoy existen, por desgracia, los
así llamados «muchachos con dificultades», sin trabajo y privados de puntos
firmes de referencia, implicados en la microcriminalidad y dedicados al ocio,
con todos los riesgos que entraña una existencia licenciosa. No abandonéis a
esos jóvenes y muchachos con dificultades; brindadles amistad sincera y abridles
vuestro corazón, para que experimenten la ternura del amor divino.
Amadísimos parroquianos de Jesús adolescente, el título mismo de vuestra
parroquia representa un estímulo a prestar atención y servir a las nuevas
generaciones. Se trata de un compromiso que exige la colaboración de todos los
que tienen tareas de responsabilidad educativa. Igual comunión de propósitos y
esfuerzos exige el trabajo misionero que cada comunidad parroquial está llamada
a realizar. Haced que la parroquia sea para cada uno un hogar acogedor, capaz
.sobre todo a partir de este tiempo especial de gracia que es la gran misión
ciudadana. de no excluir a nadie del anuncio personal de Jesús, muerto y
resucitado por nuestra salvación. Ese anuncio va siempre acompañado por una
atención real a las necesidades del prójimo, con la clara conciencia de que la
caridad constituye el mejor camino para abrir los corazones a Cristo. Parroquia
de Jesús adolescente, imita a la Sagrada Familia de Nazaret. Trata de crear un
ambiente educativo sereno; haz que todos respiren un clima de familia,
favoreciendo la colaboración y la corresponsabilidad en la misión
evangelizadora.
5. «No recordéis lo de antaño
(...); mirad que realizo algo nuevo» (Is 43, 18-19). El profeta
Isaías nos invita hoy a mirar con gran atención las novedades que Dios realiza
todos los días a través de sus fieles. «Mirad que realizo algo nuevo». El
Espíritu actúa siempre, y sus frutos son las maravillas que él sigue realizando
por medio de nosotros.
«No recordéis lo de antaño».
No dirijáis vuestra mirada .dice el Señor. hacia el pasado; dirigidla, más bien,
hacia Cristo, «ayer, hoy y siempre». Él, en el misterio de su muerte y de su
resurrección, cambió definitivamente el destino de la humanidad. A la luz de los
acontecimientos pascuales, la existencia humana no teme la muerte, porque el
Resucitado abre de nuevo a los creyentes las puertas de la vida verdadera. En
estos últimos días de Cuaresma que nos separan del Triduo pascual, dispongamos
nuestro corazón para acoger la gracia del Redentor, muerto y resucitado, que
afianza los pasos de nuestra fe.
María, que permaneció en silencio al pie de la cruz, y después se encontró
con su Hijo resucitado, nos ayude a prepararnos para celebrar dignamente las
fiestas pascuales.
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