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HOMILÍA DE JUAN PABLO II

DURANTE EL REZO DE LAS SEGUNDAS VÍSPERAS DE NAVIDAD
Y LA APERTURA DE LA PUERTA SANTA DE LA CATEDRAL DE ROMA


 Sábado 25 de diciembre
Basílica de San Juan de Letrán

1. "Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida (...) os lo anunciamos" (1 Jn 1, 1-3).

Amadísimos hermanos y hermanas, en este día solemne, en el que recordamos el nacimiento del Señor Jesucristo, sentimos la verdad, la fuerza y la alegría de estas palabras del apóstol san Juan.
Sí, por la fe, nuestras manos han tocado a la Palabra de vida; han tocado a Aquel que, como hemos rezado en el cántico, es la imagen del Dios invisible, primogénito de toda la creación. Por medio de él y con vistas a él fueron creadas todas las cosas (cf. Col 1, 15-16). Este es el misterio de la Navidad, que percibimos con profunda emoción, sobre todo hoy, comienzo del gran jubileo del año 2000. Dios ha entrado en la historia humana y ha venido a recorrer los caminos de esta tierra, para dar a todos la capacidad de llegar a ser hijos de Dios.

De todo corazón deseo que este misterio de santidad y esperanza inunde con su continuo resplandor el alma de toda la comunidad diocesana de Roma, reunida espiritualmente en esta basílica para la solemne apertura de la Puerta santa.

En este momento de fuerte intensidad espiritual, quiero dirigir mi afectuoso saludo y mis mejores deseos al cardenal vicario, mi primer colaborador en la solicitud por los fieles de la Iglesia que está en la Urbe. Saludo, asimismo, al vicegerente y a los obispos auxiliares, que colaboran con él en el servicio pastoral diocesano. Dirijo mi cordial saludo también al cabildo lateranense, a los párrocos, a todo el clero romano, al seminario, así como a todos los religiosos, religiosas y agentes pastorales laicos, que forman la parte elegida de nuestra Iglesia de Roma, llamada a presidir en la caridad y a destacar en la fidelidad al Evangelio.

Saludo al señor alcalde, a las autoridades y a los representantes de la Administración pública que han querido estar presentes. Saludo a los romanos, a los peregrinos y a cuantos, a través de la televisión, se unen a nosotros para este acontecimiento de gran importancia histórica y espiritual.

2. Después de abrir anoche la Puerta santa en la basílica vaticana, acabo de abrir la Puerta santa de esta basílica de San Juan de Letrán, "omnium Ecclesiarum Urbis et orbis Mater et caput", Madre y cabeza de todas las Iglesias de Roma y del mundo, y catedral del Obispo de Roma. Aquí, en el año 1300, el Papa Bonifacio VIII comenzó de forma solemne el primer Año santo de la historia. Aquí, en el jubileo del año 1423, el Papa Martín V abrió por primera vez la Puerta santa. Aquí se halla el corazón de la dimensión particular de la historia de la salvación vinculada a la gracia de los jubileos, y la memoria histórica de la Iglesia de Roma.

Hemos cruzado el umbral de esta Puerta, que representa a Cristo mismo, pues sólo él es el Salvador enviado por Dios Padre, que nos hace pasar del pecado a la gracia, introduciéndonos en la plena comunión que lo une al Padre en el Espíritu Santo.

Demos gracias a Dios, rico en misericordia, que ha dado su único Hijo como Redentor del mundo.

3. Podríamos decir que el rito de esta tarde asume una dimensión más familiar. En efecto, hoy la familia diocesana comienza su camino jubilar, en especial unidad con las Iglesias esparcidas por el mundo entero. A este gran evento se ha preparado desde hace tiempo, primero mediante el Sínodo y luego con la Misión ciudadana. La ferviente participación de la ciudad y de toda la diócesis testimonia que Roma es consciente de la misión de solicitud universal y de ejemplaridad en la fe y en el amor que la providencia de Dios le ha confiado. Roma sabe bien que se trata de un servicio que tiene su raíz en el martirio de los apóstoles san Pedro y san Pablo, y que ha encontrado alimento siempre nuevo en el testimonio de los innumerables mártires, santos y santas, que han marcado la historia de esta Iglesia nuestra.

Amadísimos hermanos y hermanas, el Año santo, que hoy comienza, nos invita también a nosotros a proseguir por este camino. Nos invita a responder con alegría y generosidad a la llamada a la santidad, para ser cada vez más signo de esperanza en la sociedad actual, encaminada hacia el tercer milenio.

4. A lo largo del Año santo los creyentes tendrán numerosas ocasiones de profundizar mejor este compromiso religioso, íntimamente vinculado al itinerario jubilar. Ante todo, el jubileo diocesano, que se celebrará, el domingo 28 de mayo, en la plaza de San Pedro.

Otro evento, encomendado de modo peculiar a la diócesis de Roma, es el Congrego eucarístico internacional, que tendrá lugar, Dios mediante, del 18 al 25 de junio.

5. La tercera cita de gran importancia es la XV Jornada mundial de la juventud.
Junto con los jóvenes, las familias. Mi pensamiento va al Encuentro mundial de las familias, que se celebrará los días 14 y 15 de octubre del año 2000. Así pues, son muchas y significativas las citas que nos esperan. Las encomendamos todas a la maternal intercesión de María, Salud del pueblo romano. Que ella nos acompañe y guíe nuestros pasos para que este año sea un tiempo de extraordinaria gracia espiritual y de renovación social.

6. Iglesia de Roma, hoy el Señor te visita para abrir ante ti este año de gracia y de misericordia. Cruzando, en humilde peregrinación, el umbral de la Puerta santa, acoge los dones del perdón y del amor. Crece en la fe y en el impulso misionero:  esta es la primera herencia de los apóstoles san Pedro y san Pablo. ¡Cuántas veces, a lo largo de tu historia milenaria, has experimentado las maravillas de la venida de Cristo, que te ha hecho madre en la fe y faro de civilización para muchos pueblos! El gran jubileo, con el que te dispones a iniciar el nuevo milenio, te vuelva a confirmar, Roma, en la alegría de seguir fielmente a tu Señor y te conceda un deseo siempre ardiente de anunciar su Evangelio. Esta es tu peculiar aportación a la construcción de una era de justicia, paz y santidad. Amén.

 

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