Sábado 6 de enero de 2001
Solemnidad
de la Epifanía de Señor
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Con el canto solemne del Te Deum elevaremos dentro de poco
nuestra acción de gracias a Dios por el don inestimable que el Año santo ha
constituido para la Iglesia y para la humanidad.
Se unen a nosotros en la acción de gracias las diócesis del mundo entero,
que han vivido con intensidad este jubileo en comunión constante con la
Iglesia de Roma. Y no podemos olvidar la cordial participación de cristianos
de otras Iglesias y comunidades eclesiales, así como la adhesión de
seguidores de otras religiones a la alegría de los cristianos por este
extraordinario acontecimiento.
2. En este momento siento la necesidad de expresar mi profunda gratitud a
las instituciones y a los responsables del Gobierno italiano, de la región
del Lacio, de la Provincia y del Ayuntamiento de Roma, por el esfuerzo
realizado para el éxito del jubileo.
Doy las gracias al Comité central para el gran jubileo y a los que han
colaborado en sus diversas comisiones y articulaciones. Doy las
gracias a los que han preparado las sagradas liturgias y los tiempos de oración;
y a los que han prestado a los peregrinos el valioso servicio de la escucha y de
las confesiones.
Expreso mi agradecimiento a las Fuerzas del orden, a los encargados del
servicio de acogida e información, y a los profesionales de la salud; a la Agencia
romana para el jubileo y a los cerca de setenta mil voluntarios, de
todas las edades y procedencias, que se han relevado sin interrupción a lo
largo de todo el Año jubilar; a las familias que han acogido en su
casa a peregrinos, especialmente a los jóvenes. Son realmente muchos los que
han dado su aportación: a todos, sin excepción, se dirige mi cordial y
profunda gratitud.
Además, no puedo por menos de agradecer a los que han contribuido
espiritualmente al éxito del jubileo: pienso en las monjas y en los
monjes de clausura, así como en las numerosas personas, especialmente en
los ancianos y los enfermos, que incesantemente han orado y
ofrecido sus sufrimientos por el jubileo. De modo particular, quisiera dar las
gracias a los enfermos que cada mes se han dado cita en la basílica de Santa
María la Mayor, y a todos los que se han unido desde todas
partes de Italia.
A todos expreso de corazón mi gratitud.
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua
española. Que el encuentro especial con Cristo que ha supuesto este gran
jubileo y las gracias obtenidas a lo largo del mismo inspiren toda vuestra
vida en los años venideros, haciendo de cada uno un testigo del amor y de la
misericordia de Dios.