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VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA
DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

HOMILÍA DE JUAN PABLO II

Domingo 25 de marzo de 2001

1. "En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios" (2 Co 5, 20). Hoy, IV domingo de Cuaresma, resuenan con singular elocuencia estas palabras del apóstol san Pablo. Constituyen un fuerte llamamiento a la conversión y a la reconciliación con Dios. Son una invitación a emprender un camino de auténtica renovación espiritual. Al experimentar el amor misericordioso del Padre celestial, el creyente se convierte a su vez en heraldo y testigo de este don extraordinario ofrecido a toda la humanidad en Cristo crucificado y resucitado.

A este propósito, el Apóstol recuerda:  "Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo" (2 Co 5, 18). Y añade que Dios sigue exhortando por medio de nosotros y "nos encargó el servicio de reconciliar" (2 Co 5, 19). La misión de proclamar la reconciliación compete, ante todo, a los Apóstoles y a sus sucesores; corresponde, además, a todo cristiano según las responsabilidades y las modalidades propias de su estado. Por tanto, todos estamos llamados a ser "misioneros de reconciliación" con la palabra y con la vida.

2. "Reconciliaos con Dios". Haciendo mía la exhortación de san Pablo, me alegra saludaros a todos vosotros, amadísimos hermanos y hermanas de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, y a los habitantes del barrio Cinquina. Prosiguiendo mi peregrinación pastoral a las comunidades parroquiales romanas, hoy tengo la alegría de estar en medio de vosotros. Saludo con afecto al cardenal vicario, al obispo auxiliar del sector, a vuestro celoso párroco, don Paolo Corsi, al vicario parroquial y a los demás sacerdotes. Saludo a los religiosos, a las religiosas y a cuantos cooperan activamente en las diversas actividades pastorales. Saludo a las familias, a los ancianos, a los enfermos y a cuantos no han podido estar con nosotros, pero se hallan unidos espiritualmente a nosotros. Doy las gracias a quienes, en nombre de toda la familia parroquial, me han dirigido amables palabras de bienvenida al comienzo de la santa misa.

Os saludo en especial a vosotros, amadísimos jóvenes, que dais a la comunidad parroquial una significativa contribución con vuestro gran entusiasmo. Permitidme que aproveche esta circunstancia para recordaros la importante cita del jueves 5 de abril, a las cinco de la tarde, en la plaza de San Pedro. Junto con otros coetáneos vuestros de Roma, nos reuniremos para rezar y prepararnos para la XVI Jornada mundial de la juventud que, como sabéis, este año se celebra en cada diócesis el domingo de Ramos.

Os saludo también a vosotros, queridos niños, y os agradezco vuestra calurosa acogida.
3. La liturgia de hoy, con abundantes llamadas al perdón y a la reconciliación, nos brinda estímulos útiles para una revisión de vida personal y comunitaria. ¡Qué ocasión tan oportuna también para vuestra parroquia de reflexionar en su historia pasada, en su compromiso actual y en sus perspectivas futuras!

Desde que se fundó, hace casi veintisiete años, ha realizado notables esfuerzos para brindar una acogida adecuada a las numerosas familias que han venido a vivir aquí. Ahora es necesario dar un decisivo paso adelante, privilegiando de todas las maneras la evangelización, con itinerarios apropiados de formación cristiana. Vuestra comunidad parroquial ya ha emprendido este camino pastoral, participando activamente en la Misión ciudadana y en la celebración del gran jubileo. Otra etapa providencial de ese camino será la Asamblea diocesana, que tendrá lugar el próximo mes de junio, y a la que os invito a prepararos con esmero y, sobre todo, rezando.

El desafío que tenéis ante vosotros es arduo. Como observáis vosotros mismos, es necesario llegar a articular un verdadero itinerario de formación en la fe, que implique a cuantos reciben los sacramentos de la iniciación cristiana, y prosiga en la edad de la adolescencia y de la juventud, involucrando luego a los novios y a las familias. Para este fin, podréis valorar las diversas modalidades existentes:  la catequesis y las interesantes actividades juveniles, como los encuentros para los muchachos que han recibido el sacramento de la confirmación, los campamentos de verano, el laboratorio teatral y las iniciativas del oratorio, incluidas las destinadas a los más pequeños. Hay que fomentar asimismo una presencia cada vez más activa de los laicos en los organismos de participación pastoral. Es igualmente importante estimular la colaboración de los fieles en la vida de la parroquia a través de su adhesión  a  asociaciones, grupos y movimientos eclesiales y a las propuestas de la Cáritas y del Voluntariado vicenciano.

4. Para realizar un programa apostólico tan vasto, es necesario en primer lugar dedicarse a la oración y a la escucha de la palabra de Dios. Sé que en la parroquia hay varios encuentros de oración y se realiza la adoración eucarística semanal. Os felicito por ello. Queridos hermanos y hermanas, que el corazón de todo proyecto y de todo plan misionero sea siempre la santa misa, vivida con fe y alegría, sobre todo el domingo, "día del Señor".

Al contemplar el rostro de Cristo muerto y resucitado por nosotros, y al celebrar su presencia eucarística, podréis proseguir con más fidelidad y valentía la gran empresa de la "nueva evangelización". Es un compromiso urgente. En efecto, en vuestro barrio afrontáis también el desafío de las sectas. No puedo dejar de deciros que hagáis lo posible para que a vuestros hijos y a todas las personas de buena voluntad se les anuncie el Evangelio tal como lo hace la Iglesia desde hace dos mil años. Proponed con claridad las verdades de la fe cristiana, acompañándolas siempre  con  el  lenguaje  del amor y de la fraternidad, que todos pueden comprender.

5. "El que es de Cristo es una criatura nueva:  lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado" (2 Co 5, 17). Es precisamente así:  en Cristo todo se renueva, y renace constantemente la esperanza, incluso después de experiencias amargas y tristes. La parábola del "hijo pródigo", mejor definida como la parábola del "Padre misericordioso", proclamada hoy en nuestra asamblea, nos asegura que el amor misericordioso del Padre celestial puede cambiar radicalmente la actitud de todo hijo pródigo:  puede convertirlo en una criatura nueva.

El que, por haber pecado contra el cielo, estaba perdido y muerto, ahora ha sido realmente perdonado y ha vuelto a la vida. ¡Prodigio extraordinario de la misericordia de Dios! La Iglesia tiene como misión anunciar y compartir con todos los hombres el gran tesoro del "evangelio de la misericordia".

Aquí está la fuente de la alegría que impregna la liturgia de este domingo, llamado precisamente "domingo laetare", por las primeras palabras latinas de la antífona de entrada. Es la alegría del antiguo pueblo de Israel que, después de cuarenta años de camino en el desierto, pudo celebrar la primera Pascua y gozar de los frutos de la tierra prometida. Es también la alegría de todos nosotros que, después de recorrer los cuarenta días de la Cuaresma, reviviremos el misterio pascual.

Que nos acompañe en este itinerario María, la cual, con el fiat de la Anunciación, abrió las puertas de la humanidad al don de la salvación. Ella nos obtenga pronunciar a diario nuestro "sí" a Cristo, para estar cada vez más "reconciliados con Dios". Amén.

       

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