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MISA DE CANONIZACIÓN DE CUATRO BEATOS
EN LA SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

HOMILÍA DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II

Domingo 25 de noviembre de 2001

 

1. «Había encima de él una inscripción:  "Este es el rey de los judíos"» (Lc 23, 38).

Esta inscripción, que Pilato había hecho poner sobre la cruz (cf. Jn 19, 19), contiene el motivo de la condena y, al mismo tiempo, la verdad sobre la persona de Cristo. Jesús es rey -él mismo lo afirmó-, pero su reino no es de este mundo (cf. Jn 18, 36-37). Ante él, la humanidad se divide:  unos lo desprecian por su aparente fracaso, y otros lo reconocen como el Cristo, "imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura" (Col 1, 15), según la expresión del apóstol san Pablo en la carta a los Colosenses, que hemos escuchado.

Ante la cruz de Cristo se abre, en cierto sentido, el gran escenario del mundo y se realiza el drama de la historia personal y colectiva. Bajo la mirada de Dios, que en el Hijo unigénito inmolado por nosotros se ha convertido en medida de toda persona, de toda institución y de toda civilización, cada uno está llamado a decidirse.

2. Ante el divino Rey crucificado se han presentado también los que acaban de ser proclamados santos:  José Marello, Paula Montal Fornés de San José de Calasanz, Leonia Francisca de Sales Aviat y María Crescencia Höss. Cada uno de ellos se encomendó a su misteriosa realeza, proclamando con toda su vida:  "Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino" (Lc 23, 42). Y, de modo absolutamente personal, cada uno de ellos recibió del Rey inmortal la respuesta:  "Te lo aseguro:  hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lc 23, 43).

¡Hoy! Este "hoy" pertenece al tiempo de Dios, al designio de salvación, del que habla san Pablo en la carta a los Romanos:  "A los que de antemano [Dios] conoció, también los predestinó (...), los llamó (...), los justificó (...) y los glorificó" (Rm 8, 29-30). Este "hoy" encierra también el momento histórico de esta canonización, en la que estos cuatro testigos ejemplares de vida evangélica son elevados a la gloria de los altares.

3. "Quiso Dios que residiera en [Cristo] toda plenitud" (Col 1, 19). De esta plenitud fue hecho partícipe san José Marello, como sacerdote del clero de Asti y obispo de la diócesis de Acqui. Plenitud de gracia, fomentada en él por la intensa devoción a María santísima; plenitud del sacerdocio, que Dios le confirió como don y compromiso; plenitud de santidad, que él alcanzó conformándose a Cristo, buen pastor. Monseñor Marello se formó en el período de oro de la santidad piamontesa, cuando, en medio de múltiples formas de hostilidad contra la Iglesia y la fe católica, florecieron campeones  del  espíritu y de la caridad, como Cottolengo, Cafasso, don Bosco, Murialdo y Allamano. Joven bueno e inteligente, apasionado por la cultura y el compromiso civil, nuestro santo encontró únicamente en Cristo la síntesis de todo ideal y a él se consagró en el sacerdocio:  "Cuidar de los intereses de Jesús" fue el lema de su vida, y por esto se reflejó totalmente en san José, el esposo de María, el "custodio del Redentor". De san José lo atrajo fuertemente el servicio oculto, alimentado por una profunda vida interior. Supo infundir este estilo en los Oblatos de San José, la congregación religiosa que fundó. Solía repetirles:  "Sed extraordinarios en las cosas ordinarias", y añadía:  "Sed cartujos en casa y apóstoles fuera de ella".
El Señor quiso servirse de su fuerte personalidad en bien de su Iglesia, llamándolo al episcopado en la diócesis de Acqui, donde, en pocos años, consumió en favor de su grey todas sus energías, dejando una huella que el tiempo no ha borrado.

4. "Te lo aseguro:  hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lc 23, 43). En el paraíso, en la plenitud del reino de Dios, fue acogida santa Paula Montal Fornés de San José de Calasanz, fundadora del Instituto de las Hijas de María, Religiosas Escolapias, tras una vida de santidad. Primero en su ciudad natal, Arenys del Mar, comprometida en diversas actividades apostólicas y adentrándose, con la oración y la piedad sincera, en los misterios de Dios; luego, como fundadora de una familia religiosa, inspirada en el lema calasancio "piedad y letras", se dedica a la promoción de la mujer y de la familia con su ideal de "Salvar la familia, educando a las niñas en el santo temor de Dios"; al final dará muestra de la autenticidad, el temple y la ternura de su espíritu, un espíritu modelado por Dios durante los treinta años de vida escondida en Olesa de Montserrat.

La nueva santa pertenece a ese grupo de fundadores de institutos religiosos que en el siglo XIX salieron al paso de las muchas necesidades que entonces se presentaban y a las cuales la Iglesia, desde las perspectivas del Evangelio y las insinuaciones del Espíritu, tenía que responder en bien de la sociedad. El mensaje de santa Paula sigue siendo actual y su carisma educativo es fuente de inspiración en la formación de las generaciones del tercer milenio cristiano.

5. El designio providencial del Padre, que "nos hace entrar en el reino de su Hijo amado", encuentra en santa Francisca de Sales Aviat una espléndida realización:  vivió hasta el fin la entrega de sí misma. En el centro de su compromiso y de su apostolado, sor Francisca de Sales pone la oración y la unión con Dios, en las que encuentra luz y fuerza para superar las pruebas y las dificultades, y hasta el final de su existencia persevera en esta vida de fe, deseando dejarse guiar por el Señor:  "¡Oh, Dios mío, que mi felicidad sea sacrificarte toda mi voluntad y todos mis deseos!". La decisión que caracteriza tan bien a la madre Aviat, "olvidarme totalmente de mí", es también para nosotros una exhortación a ir contra la corriente del egoísmo y de los goces fáciles, y a abrirnos a las necesidades sociales y espirituales de nuestro tiempo. Queridas hermanas Oblatas de San Francisco de Sales, en la escuela de vuestra fundadora, en comunión profunda con la Iglesia, donde Dios os ha situado, estad dispuestas a recibir las gracias presentes y a aprovecharlas, puesto que en Dios se encuentran la luz y la ayuda necesarias en cada circunstancia.
Confiando en la poderosa intercesión de la nueva santa, acoged con alegría la invitación a vivir, con una fidelidad renovada, las intuiciones que ella vivió tan perfectamente.

6. Honrar a Cristo Rey:  este deseo animó a santa María Crescencia Höss desde su más tierna infancia. Para ello utilizó sus talentos. Dios le concedió una hermosa voz. Cuando era una muchacha cantó como solista en el coro, no para brillar ella, sino para cantar y tocar para Cristo Rey.

También puso su conocimiento de las personas al servicio del Señor. Esta franciscana era una consejera muy solicitada. Ante la puerta del monasterio se apiñaban los visitantes:  hombres y mujeres sencillos, príncipes y emperatrices, sacerdotes y religiosos, abades y obispos. Así, se convirtió en una especie de "comadrona", para ayudar a dar a luz la verdad en el corazón de quienes le pedían consejo.

A esta santa no se le ahorró el sufrimiento. Las "presiones" ya existían en su tiempo. Soportó humillaciones en su propia comunidad, sin dudar por ello de su vocación. La meditación de la Pasión hizo que madurara en ella la virtud de la paciencia. Llegó a ser superiora:  dirigir espiritualmente significaba para ella servir. Fue generosa con los pobres, maternal con sus hermanas, y sensible con todos los que necesitaban una palabra amable. Santa Crescencia vivió lo que significa el reino de Cristo:  "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40).

7. "Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz" (Col 1, 12). En estos momentos, más que nunca, resuenan en nosotros estas palabras de san Pablo. Verdaderamente la comunión de los santos nos hace pregustar el Reino celestial y, al mismo tiempo, nos  impulsa, con  su  ejemplo, a construirlo  en  el mundo y en la historia.

"Oportet illum regnare", "es necesario que él reine" (1 Co 15, 25), escribió el Apóstol refiriéndose a Cristo.

"Oportet illum regnare", nos repetís con vuestro testimonio vosotros, san José Marello, santa Paula Montal Fornés de San José de Calasanz, santa Leonia Francisca de Sales Aviat y santa María Crescencia Höss. Ojalá que vuestro ejemplo nos estimule a una contemplación más viva de Cristo Rey, crucificado y resucitado. Que vuestro apoyo nos ayude a caminar fielmente tras las huellas del Redentor, para compartir un día con vosotros, juntamente con María y todos los santos, su gloria eterna en el paraíso. Amén.

 

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