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VIAJE APOSTÓLICO
DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
A CROAZIA

CELEBRACIÓN DE LA HORA SEXTA EN LA FIESTA DE MARÍA,
MADRE DE LA IGLESIA

HOMILÍA DE JUAN PABLO II

Zadar, lunes 9 de junio de 2003

 

1. Con alegría, al final de mi viaje apostólico a Croacia, me encuentro con vosotros, amadísimos fieles de la archidiócesis de Zadar y de las regiones vecinas, que habéis venido a esta plaza del Foro a la sombra de la catedral de Santa Anastasia, mártir de Sirmio. Nos hemos reunido aquí para celebrar juntos la plegaria de la hora Sexta.

Os saludo con afecto en nombre del Señor, recordando la presencia en vuestra ciudad de mi predecesor, el Papa Alejandro III, que  en  marzo  de 1177 se detuvo aquí mientras visitaba también algunas localidades cercanas. Saludo a vuestro arzobispo, monseñor Ivan Prendja, que me ha acogido en nombre de todos, y al arzobispo emérito, monseñor Marijan Oblak, que participó conmigo en el concilio ecuménico Vaticano II. Dirijo un saludo fraterno a los obispos croatas, que hoy me rodean y me han acompañado durante este viaje apostólico. Saludo cordialmente a los cardenales Sodano, Vlk y Puljic. Mi saludo se extiende también al obispo serbio-ortodoxo de Dalmacia Fotije.

Por último, saludo con deferencia al señor presidente de la República, al que agradezco vivamente su presencia en este encuentro, y a las demás autoridades civiles y militares, a las que expreso mi gratitud por cuanto han hecho para la realización de mi visita.

2. Nuestra asamblea litúrgica tiene lugar al día siguiente de la solemnidad de Pentecostés, día en que celebráis la fiesta de María, Madre de la Iglesia. La lectura que acaba de proclamarse la presenta en el Cenáculo, rodeada por la comunidad primitiva. El pequeño grupo, reunido "en la estancia superior" de la casa (Hch 1, 13), ora y espera. Vendrá el Espíritu Santo, y entonces se abrirán de par en par las puertas del Cenáculo para permitir que el anuncio evangélico salga a la plaza de Jerusalén, y se encamine después por las sendas del mundo.

Como en el día de Pentecostés, la Virgen ha permanecido espiritualmente en medio de los fieles a lo largo de los siglos, para invocar la constante efusión de los dones del Espíritu sobre la Iglesia, que afronta los desafíos que se le van planteando en las diversas épocas de la historia.

Así, María realiza plenamente su misión materna:  no es madre sólo porque dio a luz y alimentó al Hijo de Dios; es madre también porque es "la Virgen hecha Iglesia", como solía saludarla san Francisco de Asís (cf. FF 259), el cual según la tradición pasó por Zadar al inicio del siglo XIII durante su viaje a Oriente y a Tierra Santa.

3. La Virgen María, congregando en torno a sí a los Apóstoles y a los discípulos tentados de dispersarse, les entrega al "fuego" del Espíritu, que los impulsará a la aventura de la misión. El sensus fidei del pueblo cristiano reconocerá la presencia activa de María no sólo en la comunidad primitiva, sino también en los eventos sucesivos de la Iglesia. Por eso, no dudará en atribuirle el título de "Reina de los Apóstoles".

La Virgen santísima, que según el evangelista san Lucas "guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón" (Lc 2, 19), sigue proponiendo a la memoria de los creyentes los acontecimientos históricos que fundan su fe. María, testigo de los orígenes y garante de la fidelidad de las generaciones cristianas, repite en todo tiempo las palabras que pronunció en las bodas de Caná:  "Haced lo que él os diga" (Jn 2, 5).

4. Las palabras y el ejemplo de María constituyen una sublime escuela de vida, en la que se forman los apóstoles, tanto los de ayer como los de hoy. María los prepara continuamente para la misión con su oración asidua al Padre, con su adhesión al Hijo y con su docilidad a las inspiraciones del Espíritu Santo.

Me alegra saber que esta archidiócesis ha visto florecer y multiplicarse en los últimos años diversas formas de compromiso y de apostolado laical. Queridos hermanos y hermanas, aprended de María a ser testigos creíbles y apóstoles generosos, dando vuestra contribución a la gran obra de la nueva evangelización. Y recordad siempre que el auténtico apostolado requiere como condición previa el encuentro personal con Jesús, el Viviente, el Señor (cf. Ap 1, 17-18).

5. María santísima sigue siendo modelo de los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica (cf. Lc 8, 21). Así pues, es natural que haya un profundo entendimiento espiritual entre los creyentes y la Virgen del Magníficat. Los pobres y los humildes de todos los tiempos no se han equivocado al hacer de María en el silencio su portavoz y de María en el servicio su reina.

También nosotros nos acercamos a ella, para aprender su docilidad y su apertura a Dios. También nosotros, peregrinos del tercer milenio, nos encomendamos a su intercesión, para que con su oración sostenga nuestra fe, alimente nuestra esperanza y haga activa nuestra caridad.

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, 
acuérdate de todos tus hijos,
ven en nuestro auxilio.

Guíanos al encuentro con Cristo, 
camino, verdad y vida; 
alcánzanos del Padre los dones del Espíritu, 
la protección de las insidias y la liberación del mal.

Ayúdanos a testimoniar 
en toda circunstancia la fecundidad del amor 
y el sentido auténtico de la vida; 
enséñanos a edificar contigo el reino de tu Hijo, 
reino de justicia, de amor y de paz.

Ruega por nosotros y sé nuestra patrona ahora y siempre. 
A ti, que eres también la Virgen del Gran Voto Bautismal  de  Croacia, 
la  Reina  del Santo Rosario,
te encomendamos nuestras personas, 
esta tierra y a todo el pueblo croata.


Palabras del Papa al final de la celebración en Zadar

A punto de regresar a Roma, deseo dirigir una vez más a todos y cada uno mi saludo y mi agradecimiento.

Gracias, ante todo, a mis hermanos obispos de Croacia, que me han acogido y acompañado en sus Iglesias locales, cuya vitalidad y celo apostólico he podido admirar. Llevo en mi corazón estos momentos de comunión.

Gracias a las autoridades del país, en particular al señor presidente de la República. Les expreso mi gratitud por el empeño puesto en la organización de esta visita. Gracias a los responsables de la seguridad, a los agentes de la comunicación social, y a todos los que, de diversas maneras, más o menos visibles, han colaborado en el éxito de estas jornadas.

Gracias especialmente a ti, amado pueblo de Croacia, que me has abierto los brazos y el corazón por los caminos de Dalmacia, Eslavonia y Carnaro. Recuerdo el sufrimiento causado por una guerra que aún marca tu rostro y tu vida, y me siento cerca de los que sufren sus tristes consecuencias. Sin embargo, conozco también tu fuerza, tu valentía y tu esperanza, y sé que la constancia en el empeño te permitirá ver días mejores.

Gracias también a ti, juventud croata. ¡Que Dios te proteja!

Tierra de Croacia, ¡Dios te bendiga!

 

 

© Copyright 2003 - Libreria Editrice Vaticana

 

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