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SANTA MISA CON LAS COMUNIDADES DE LAS
PARROQUIAS ROMANAS DE
San Maximiliano Kolbe en la vía
Prenestina San Patricio Santa María Mediadora Santa Margarita María
Alacoque
HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
Sala Pablo VI Sábado 20 de marzo de 2004
1. "Alégrate..." (Antífona de entrada; cf. Is 66, 10-11). La
invitación a la alegría, que ha resonado al inicio de la celebración
eucarística, expresa bien el clima que caracteriza esta liturgia. Hemos llegado
al IV domingo de Cuaresma, tradicionalmente llamado domingo "Laetare" y,
en cierto modo, ya gustamos anticipadamente el gozo espiritual de la Pascua.
La exhortación a alegrarse es aún más íntima y comprometedora al escuchar la narración evangélica, que vuelve a proponer la
conmovedora parábola "del hijo pródigo" (cf. Lc 15, 1-3. 11-32). En el
padre, que abraza de nuevo a su hijo "perdido", contemplamos el rostro de Dios
bueno y misericordioso, siempre dispuesto a ofrecer a todos los hombres su
perdón, fuente de serenidad y paz.
2. Abramos nuestro corazón a estas consoladoras palabras de salvación,
amadísimos hermanos y hermanas de las parroquias de San Maximiliano Kolbe en la
vía Prenestina, San Patricio, Santa Margarita María Alacoque y Santa María
Mediadora. Os acojo a todos con afecto. Saludo al cardenal vicario, al que
agradezco las amables palabras que ha querido dirigirme haciéndose intérprete de
los sentimientos de todos los presentes. Saludo al monseñor vicegerente, a
vuestros celosos párrocos: don Duilio Colantoni, don Arnaldo D'Innocenzo, don
Salvatore Uras y el padre Tomasz Porzycki, de la Sociedad de Cristo para los
emigrantes polacos. Extiendo mi saludo a los sacerdotes y a los diáconos que
colaboran con ellos, a los religiosos y a las religiosas presentes en algunas de
vuestras parroquias: en particular, a los padres monfortanos, a las Hermanas de
San Pablo de Chartres y a las Hermanas Reparadoras del Sagrado Corazón. Os
abrazo con afecto a todos vosotros, aquí presentes, y saludo en especial a los
miembros de los consejos parroquiales, a los catequistas, a los componentes de
los diversos grupos parroquiales y a los muchachos que asisten al catecismo.
Vuestras parroquias, situadas en la periferia este de Roma, están llamadas a un
esfuerzo constante de evangelización. Me congratulo con cuantos, a pesar de la
precariedad de las estructuras, frecuentan asiduamente los itinerarios de
formación cristiana y de catequesis, se dedican al servicio litúrgico y de
caridad con los hermanos necesitados, así como a la preparación de los jóvenes
para el matrimonio y la vida familiar.
3. La presencia de la comunidad parroquial de Santa Margarita María Alacoque, en
cuyo territorio se halla Tor Vergata, nos hace remontarnos idealmente al
inolvidable encuentro de los jóvenes con ocasión de la Jornada mundial de la
juventud, en el año 2000. En el centro de aquel memorable acontecimiento
destacaba la cruz del Año santo de la Redención.
Queridos jóvenes, haced de la cruz vuestro punto de referencia esencial. Sacad
de Cristo crucificado y resucitado la valentía para evangelizar nuestro mundo,
tan atormentado por divisiones, odios, guerras y terrorismo, pero con gran
riqueza de recursos humanos y espirituales. Espero que vengáis en gran número,
junto con vuestros coetáneos de Roma y del Lacio, a la cita del jueves 1 de
abril en la plaza de San Pedro. Así, nos prepararemos para la Jornada mundial de
la juventud, que este año se celebrará en las diversas diócesis el domingo de
Ramos.
4. Os invito a mirar la cruz a todos vosotros, amadísimos hermanos y hermanas,
reunidos esta tarde para la sagrada eucaristía. Sed comunidades parroquiales
abiertas y acogedoras. Entre vosotros viven numerosos fieles latinoamericanos y
polacos. Que estos hermanos y hermanas nuestros se sientan amados como Cristo
amó y sirvió a todo hombre y a toda mujer hasta el sacrificio de sí. Este es el
testimonio concreto de la fe, que toca el corazón incluso de los así llamados
alejados.
5. "El que es de Cristo es una criatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo
ha comenzado" (2 Co 5, 17). Amadísimos hermanos y hermanas, que esta
certeza, recordada por el Apóstol en la segunda lectura, guíe vuestro camino.
Vivid en Cristo como criaturas nuevas. Así, se elevará de vuestro corazón un
ferviente himno de alabanza y acción de gracias a Aquel que nos ha redimido con
el sacrificio de la cruz.
María, presente con lágrimas en el Calvario, os obtenga el don de una verdadera
conversión, preludio de la alegría sin fin prometida a los discípulos fieles de
su Hijo divino. Amén.
© Copyright 2004 - Libreria Editrice Vaticana
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