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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
CON OCASIÓN DEL 50 ANIVERSARIO
DE LA ORGANIZACIÓN CATÓLICA INTERNACIONAL DE CINE
Rvdo. Lucien Labelle:
En los comienzos de nuestro pontificado nos es grato unirnos a la
conmemoración de las bodas de oro de la Organización Católica Internacional del
Cine, que tiene lugar en La Haya. La presencia eclesial que esta institución se
propone asegurar en el corazón mismo de la amplia producción cinematográfica, la
hace merecedora de que se la estimule para que ayude a nuestros contemporáneos
y a toda la sociedad' a beneficiarse de verdad, en el plano humano y en el
espiritual, del desarrollo de este sector importante y a superar los riesgos que
encierra. Asimismo podéis ayudar a la Iglesia a comprender y utilizar mejor los
recursos de este "séptimo arte" en favor de su misión de salvación.
A vuestros pioneros se debe el mérito de haber captado la coyuntura y haber
sabido alertar la atención de los cristianos hacia la creatividad
cinematográfica. Esta actividad no tardó en recibir el aliento de la Santa
Sede, situándola así en el plano de la Iglesia universal; pensamos
concretamente en Pío XlI, que mostró gran interés por este sector (Discurso a
los representantes de la Industria Cinematográfica Italiana, 21 de junio de
1955). Y el Concilio Vaticano II vino a iluminar y estimular este apostolado de
las comunicaciones sociales asentando las bases de la Instrucción Pastoral
Comunión y progreso. Con razón sacáis de ésta el dinamismo y las orientaciones
que vuestras responsabilidades demandan.
Ciertamente a la OCIC no le ha tocado una tarea fácil, si quiere ser plenamente
fiel a su vocación: y las modalidades de su acción pueden a veces juzgarse de
modo distinto si se fija la sensibilidad personal en tal o cual aspecto. Porque
esta institución eclesial debe acoger y promover los intentos del cine moderno
con la lucidez y comprensión que pide este arte específico; y, al mismo tiempo,
dar testimonio con libertad de los valores humanos y espirituales que exige la
ética cristiana, recordada con frecuencia por el Magisterio. Queremos
manifestaros el agradecimiento de la Iglesia por la obra realizada en este
sentido. Pero el aniversario de vuestra Organización debe producir sobre todo
un impulso hacia las tareas futuras. Por una parte, esperamos que las instancias
varias de la Organización mejoren aún más la competencia y calidad apostólica de
vuestro servicio. Y, por otra parte, deseamos que aumente sin cesar la sintonía
entre ellas y la Santa Sede, concretamente dentro de la OCIC; sintonía que
prestará a su actividad la fuerza de un compromiso católico de mayor
envergadura. Ahora nos parece bueno confiar a vuestra meditación algunos puntos
fundamentales.
Hablar de cine es ante todo evocar el sector complejísimo de la creatividad y
producción de películas. Aquí se debe establecer un auténtico diálogo entre la
Iglesia y el mundo del cine: podríais ser cada vez más —y lo sois ya— los
artífices cualificados y eficientes de este diálogo. Podríais contribuir a
suscitar una mentalidad nueva que acepte asentar sin ambigüedades las
prioridades.
He aquí algunos temas que podrían ser objeto de una reflexión conjunta con
realizadores y actores, en orden a una mayor profundización: ¿Persiguen éstos la
promoción de los valores humanos auténticos? ¿Dan el lugar que les corresponde
a los valores religiosos y específicamente cristianos? Al menos podéis
insistir para que éstos ni se omitan ni se minimicen. ¡Qué responsabilidad para
la Iglesia y también qué esperanza al fomentar sin tregua la vuelta a una
producción cinematográfica humanamente digna de este nombre!
Se impondría hoy otra serie de reflexiones, aunque toca un problema delicado
que se rige por la ley del comercio: ¿Acaso los órganos de distribución de
películas tienen suficientemente en cuenta la dignidad y convicciones de los
destinatarios? Porque países técnicamente avanzados difunden con demasiada
frecuencia —y las naciones jóvenes parece que las acogen con facilidad— gran
número de producciones cinematográficas discutibles. sin pensar en las
diversidades culturales, étnicas e históricas de los espectadores.
Pero la pastoral de la OCIC debe proponerse más aún la formación de los
educadores y destinatarios para prepararlos a beneficiarse con discernimiento
de las secuencias que les presentan, y a intervenir con competencia ante los
responsables.
Y finalmente, el reto de la evangelización puesto de relieve con tanto acierto
en los dos últimos Sínodos de los Obispos, debería suscitar asimismo mayor
húmero de iniciativas en el campo cinematográfico.
Se trata de producir películas para testimoniar abiertamente la fe de la
Iglesia, aunque sean modestas y de corto metraje. Muchas producciones
interesantes han visto la luz ya —y felicitamos a los autores—: pero a pesar de
la pobreza de medios, las comunidades cristianas no deberían vacilar en
invertir más en este sector tan importante en la hora de la "civilización de la
imagen".
Antiguamente nuestros santuarios se llenaban de mosaicos, pinturas y esculturas
religiosas para inculcar la fe. ¿Tendremos nosotros vigor espiritual e ingenio
suficientes para crear "imágenes que se mueven" de gran calidad y, a la vez,
adaptadas a la cultura de hoy? Va en ello no sólo el anuncio primero de la fe y
la catequesis para ahondar esta fe, en un mundo con frecuencia secularizado,
sino la inculturación del mensaje evangélico a nivel de cada pueblo y de cada
tradición cultural.
El tema que han elegido las instancias internacionales para el año próximo nos
sugiere una reflexión particular: la promoción de la infancia. Los niños y los
jóvenes son de hecho los usuarios privilegiados y también los más expuestos a
los beneficios y perjuicios de la producción cinematográfica.
El Sínodo reciente los ha considerado destinatarios de la catequesis a título
particular. Vosotros sabréis concederles un lugar especial en vuestra solicitud.
En este cincuenta aniversario deseamos a la OCIC una actividad provechosa en
comunión profunda con los obispos y el conjunto de la Iglesia. Y de todo corazón
damos nuestra bendición apostólica a los miembros de esta Organización y a
todos los que actúan con ellos para que el cine esté al servicio del progreso
humano y espiritual de sus hermanos.
Vaticano, 31 de octubre de 1979.
IOANNES PAULUS PP. II
© Copyright 1978 - Libreria Editrice Vaticana
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