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  CARTA DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II
A LOS OBISPOS, SACERDOTES Y FIELES
DE TODA LA IGLESIA CATÓLICA PARA PEDIR ORACIONES
POR EL VI SÍNODO DE LOS OBISPOS

 

Venerables hermanos y amadísimos hijos:

1. Se aproxima la celebración del Sínodo de los Obispos, que desde el día 26 de septiembre de este año se ocupará del papel de la familia cristiana en el mundo contemporáneo. En el Sínodo será examinado pues un problema de primaria importancia. Sobre el ministerio de la Iglesia respecto de la familia ha hablado mi predecesor el Papa Pablo VI (cf. Humanae vitae, 39); sobre este tema se ha pronunciado el último Concilio Ecuménico, recordando que la familia es "el fundamento de la sociedad" (Gaudium et spes, 52) y que, siendo a la vez una "iglesia domestica", contribuye a la existencia y desarrollo de toda la Iglesia. En efecto, en la familia "nacen nuevos ciudadanos de la sociedad humana, quienes, por la gracia del Espíritu Santo, quedan constituidos en el bautismo hijos de Dios, que perpetuarán a través del tiempo el Pueblo de Dios" (Lumen gentium, 11).

Esta imagen divina de la familia, renovada y santificada por Jesucristo, en nuestro tiempo es frecuentemente empobrecida, ofuscada y quizá incluso profanada (cf. Gaudium et spes, 47). Por ello, hace falta reflexionar nuevamente sobre las palabras de Jesús: "Al principio no fue así" (Mt 19, 8). Es necesario que el Sínodo "manifieste lo que quiere decir seguir a Cristo en la vida matrimonial y familiar" (cf. Juan Pablo II, Discurso al Consejo de la Secretaría del Sínodo, 23 de febrero, 1980).

Sí. Es necesario que las familias de nuestro tiempo sepan remontarse a mayor altura. Es necesario que sigan a Cristo.

El Sínodo de este año es un acontecimiento importante para la vida de la Iglesia entera y para su misión. Si esta misión se expresa en la evangelización (que fue el tema del Sínodo de 1974) y se concreta en la catequesis (tema del Sínodo de 1977), ambas tareas, vitales para la Iglesia, están unidas de modo estrecho con la familia. La misión de la Iglesia se orienta hacia la familia con aquel amor que Dios mismo ha revelado en ella mediante su Hijo: al mismo tiempo esta misión se realiza en buena parte en la familia y mediante la familia. Considerando la importancia de este problema, hay que prestar a los trabajos del Sínodo de los Obispos de este año una solicitud particular, que se manifieste en la oración universal.

2. Por ello, cuando dentro de poco empiece el Sínodo de los Obispos, toda la Iglesia deberá participar en sus trabajos. Toda la Iglesia deberá estar presente, en cierto sentido, en el Sínodo; presente sobre todo con la oración y el sacrificio. Todos los hijos de la Iglesia oren y eleven sus ofrendas espirituales por el Sínodo, a fin de obtener la luz y la fuerza de Dios para los Padres del Sínodo, reunidos en la asamblea sinodal. La familia es una célula de la que procede toda vocación y los diversos estados de vida en la Iglesia. Y éstos, cada, uno según su propia medida, son dados para el servicio de la familia, de acuerdo con la enseñanza de Pablo VI a los sacerdotes: "Vosotros lo sabéis por una larga y rica experiencia: vuestro celibato consagrado os coloca en condiciones de particular disponibilidad, para ser en los hogares, en su camino hacia la santidad, los testigos activos del amor del Señor en la Iglesia" (cf. Discurso a los miembros de la Asociación de Equipos de Nuestra Señora, 4 de mayo, 1970; L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 17 de mayo de 1970, pág. 11).

En efecto, en la Iglesia, como enseña el Apóstol: "tenemos dones diferentes según la gracia que nos fue dada" (Rom 12, 6). Esto sucede porque "somos un solo cuerpo en Cristo" (Rom 12, 5).

Por esto pido insistentemente a todos que rueguen y ofrezcan sacrificios por el Sínodo. De manera particular lo pido a los enfermos, llamados por la Providencia a una singular participación en el sacrificio de Cristo. Esta petición la hago también a las Ordenes contemplativas, llamadas por Cristo, de manera particular, a una solicitud ardiente por los problemas de la Iglesia.

3. Dirijo también una cordial palabra de aliento a las familias. Las "iglesias domésticas" de las familias cristianas se conviertan desde el próximo 26 de septiembre en un lugar de ferviente oración por el Sínodo de este año, tan "familiar", tan orientado en el Espíritu Santo, con una especial solicitud y amor, hacia ellas mismas.

Que vuestros hijos e hijas, tan cercanos al corazón del Señor Jesús, obtengan de El, para vuestras familias y para las familias de todo el mundo, su bendición.

4. El día principal de oración por el Sínodo será el domingo 12 de octubre. Deseo que en ese día se eleven plegarias públicas en todas las diócesis, en las parroquias, en las iglesias, según las indicaciones de los Pastores.

En ese día toda la Iglesia y todas las familias se unan en una oración común. E invito para aquel día —si es posible— a Roma, a los representantes de las familias de toda la Iglesia, para que puedan encontrarse con el Sucesor de Pedro y con los Pastores del Sínodo, manifestando de esta manera la presencia espiritual de todas las familias de la Iglesia, unidas en la fe y en el amor.

A la Santa Familia de Nazaret encomiendo cada familia e imparto de corazón a vosotros, venerables hermanos y amadísimos hijos, de modo particular a cada hogar, la bendición apostólica.

Vaticano, 15 de agosto de 1980.

IOANNES PAULUS PP. II

 


PLEGARIA COMPUESTA POR JUAN PABLO II PARA EL SÍNODO

 

Oh Dios, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra,
Padre, que eres Amor y Vida,
haz que cada familia humana sobre la tierra se convierta,
por medio de tu Hijo, Jesucristo, "nacido de Mujer",
y mediante el Espíritu Santo, fuente de caridad divina,
en verdadero santuario de la vida y del amor
para las generaciones que siempre se renuevan.

Haz que tu gracia guíe los pensamientos y las obras de los esposos
hacia el bien de sus familias
y de todas las familias del mundo.

Haz que las jóvenes generaciones encuentren en la familia un fuerte apoyo
para su humanidad y su crecimiento en la verdad y en el amor.

Haz que el amor corroborado por la gracia del sacramento del matrimonio,
se demuestre más fuerte que cualquier debilidad y cualquier crisis,
por las que a veces pasan nuestras familias.

Haz finalmente, te lo pedimos por intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret,
que la Iglesia en todas las naciones de la tierra
pueda cumplir fructíferamente su misión
en la familia y por medio de la familia.

Tú, que eres la Vida, la Verdad y el Amor,
en la unidad del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

 

 © Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

 

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