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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL CARDENAL LUSTIGER CON MOTIVO DE LA
MUERTE DE JÉRÔME LEJEUNE
Al Cardenal JEAN-MARIE LUSTIGER,
Arzobispo de París
«Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque
muera, vivirá» (Jn 11, 25).
Nos vienen a la mente esas palabras de Cristo en este momento en
que nos hallamos ante la muerte del profesor Jérôme Lejeune. Si el Padre
celestial se lo ha llevado de esta tierra el mismo día de la resurrección de
Cristo, es difícil no ver en esta coincidencia un signo. La resurrección de
Cristo es un gran testimonio de la vida, que es más fuerte que la muerte.
Iluminados por estas palabras del Señor, vemos en toda muerte humana una
participación en la muerte de Cristo y en su resurrección, especialmente cuando
la muerte tiene lugar el mismo día de la Resurrección. Esta muerte testimonia
con mayor fuerza la vida a la que el hombre está llamado en Jesucristo. Durante
toda la vida de nuestro hermano Jérôme, esta llamada representó una línea
directriz. Como sabio biólogo, sintió pasión por la vida. En su campo fue una de
las mayores autoridades mundiales. Diversos organismos lo invitaban a dar
conferencias y le pedían sus consejos. Lo respetaban incluso quienes no
compartían sus convicciones más profundas.
Deseamos agradecer hoy al Creador, «de quien toma nombre toda
familia en el cielo y en la tierra», (Ef 3, 15), el carisma particular del
fallecido. Hay que hablar aquí de carisma, porque el profesor Lejeune supo usar
siempre su profundo conocimiento de la vida y de sus secretos para el verdadero
bien del hombre y de la humanidad, y sólo para esto. Llegó a ser uno de los más
ardientes defensores de la vida, especialmente de la vida de los niños por nacer
que, en nuestra civilización contemporánea, frecuentemente están amenazados,
hasta el punto de que se puede pensar en una amenaza programada. Hoy esta
amenaza se extiende igualmente a los ancianos y a los enfermos. Las instancias
humanas, los parlamentos elegidos democráticamente, se arrogan el derecho de
poder decidir quién tiene derecho a vivir y, por el contrario, a quién se le
puede negar, sin que exista una culpa de su parte. De muchos modos, nuestro
siglo ha experimentado este tipo de actitud, sobre todo durante la segunda
guerra mundial, y también después. El profesor Jérôme Lejeune asumió plenamente
la responsabilidad particular del sabio, dispuesto a convertirse en un signo de
contradicción, sin tener en cuenta las presiones externas ejercidas por la
sociedad permisiva ni el ostracismo al que lo habían condenado.
Nos hallamos hoy ante la muerte de un gran cristiano del siglo XX, un hombre para el que la defensa de la vida llegó a ser un apostolado. No
cabe duda de que en la situación actual del mundo esta forma de apostolado de
los laicos es muy necesaria. Deseamos agradecer hoy a Dios, el autor de la vida,
todo lo que representó para nosotros el profesor Lejeune, todo lo que hizo para
defender y promover la dignidad de la vida humana. En particular, quisiera
agradecerle el haber tomado la iniciativa de la creación de la Academia
pontificia para la vida. El profesor Lejeune, miembro de la Academia pontificia
de ciencias desde hacía muchos años, preparó todos los elementos necesarios para
esta nueva fundación, cuyo primer presidente fue. Estamos seguros de que pedirá
ahora a la Sabiduría divina por esta institución tan importante, que le debe en
gran parte su existencia.
Cristo dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en
mí, aunque muera, vivirá... Creemos que estas palabras se han cumplido en la
vida y en la muerte de nuestro hermano Jérôme. Que la verdad sobre la vida sea
también fuente de fuerza espiritual para la familia del fallecido, para la
Iglesia en París, para la Iglesia en Francia y para todos nosotros, a los que el
profesor Lejeune ha dejado un testimonio verdaderamente resplandeciente de su
vida como hombre y como cristiano.
Me uno en la oración a todos los que participan en sus funerales
y les envío, por medio del cardenal arzobispo de París, mi bendición apostólica.
Vaticano, 4 de abril de 1994
© Copyright 1994 - Libreria Editrice Vaticana
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