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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL CARDENAL ARZOBISPO DE GLASGOW
CON MOTIVO DEL XVI CENTENARIO
DE LA LLEGADA DEL CRISTIANISMO A ESCOCIA

 

A mi venerable hermano
cardenal THOMAS WINNING
arzobispo de Glasgow

Ahora que la Iglesia que está en Escocia vuelve a recordar sus orígenes y celebra el XVI centenario de la llegada de san Niniano a Galloway, que tuvo lugar el año 397, le envío un cordial saludo en el Señor y le ruego que transmita a sus hermanos en el episcopado, así como a los sacerdotes, a los religiosos y a los fieles laicos la seguridad de mi oración y mi participación en esta alegre conmemoración. Se suele considerar que la vida y el apostolado de san Niniano marcan la introducción del cristianismo en su país. Por eso este aniversario brinda a todos los cristianos escoceses la ocasión para dar gracias a nuestro Padre celeste que, a través de sus instrumentos elegidos, especialmente Niniano, Mungo y Columba, hizo brillar en sus corazones «la luz del conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo » (cf. 2 Co 4, 6).

La educación de Niniano, británico de nacimiento, fue esencialmente romana y, después de su ordenación episcopal, probablemente en Roma, volvió a Escocia como su primer misionero. Su fundación de Casa Cándida en Galloway, en el sureste de Escocia, que más tarde se conocería como Whithorn, fue el principio de un importante centro de vida espiritual monástica y de actividad evangelizadora que, impulsada por Niniano, extendió el mensaje evangélico por gran parte del país, hacia el norte y hacia el este, como lo atestiguan muchos nombres de lugares y tradiciones locales que se refieren a él.

La misión de Niniano a Escocia debería considerarse como una parte del amplio cuadro de las grandes iniciativas misioneras que difundieron el cristianismo por todos los rincones de Europa durante el primer milenio. Ahora, en el umbral del tercer milenio del cristianismo, se están realizando en Europa —también en Escocia— unas transformaciones culturales, políticas, sociales y económicas que hacen necesaria y esencial una nueva evangelización. Todos los que se declaran seguidores de Cristo deben escuchar la llamada a una fe más profunda y a un testimonio más convincente de Cristo vivo.

La celebración de vuestro aniversario es un momento importante en la preparación que toda la Iglesia está llevando a cabo ante la proximidad del gran jubileo del año 2000. San Niniano os lleva a Cristo. Predicó el mensaje de Cristo; hizo sacramentalmente presente el misterio pascual de Cristo y fundó en Escocia la Iglesia de Cristo. Recordar a san Niniano es volver a comprometeros en la obra de evangelización y santificación a la que él consagró su vida. Además, todos debemos sentir la apremiante necesidad de realizar esfuerzos para apresurar el proceso de reconciliación entre los cristianos divididos, «de modo que ante el gran jubileo nos podamos presentar, si no del todo unidos, al menos mucho más próximos a superar las divisiones del segundo milenio» (Tertio millennio adveniente, 34).

Ojalá que la misa solemne que el 31 de agosto celebraréis a poca distancia de Whithorn, cerca del sitio que se suele llamar la Cueva de San Niniano, y que conmemorará el XVI centenario de la llegada del santo a ese preciso lugar, sea un acto de ferviente acción de gracias por la vida y la fidelidad de la Iglesia en su país desde su comienzo. Que sea una oración ardiente para pedir que se acorte el tiempo en que todos los creyentes en Cristo puedan glorificar juntos, de forma unánime, a Dios (cf. Rm 15, 6).

Encomendando a su eminencia, a sus hermanos en el episcopado y a todos los fieles de Escocia a la intercesión de san Niniano y a la protección amorosa de María, Madre del Redentor, les imparto cordialmente mi bendición apostólica.

Vaticano, 29 de junio de 1997, solemnidad de San Pedro y San Pablo.

 

© Copyright 1997 - Libreria Editrice Vaticana  

 

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