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  MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LAS RELIGIOSAS BENEDICTINAS
REPARADORAS DE LA SANTA FAZ
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

    

Al venerado hermano
Señor cardenal FIORENZO ANGELINI
Presidente emérito del Consejo pontificio
para la pastoral de los agentes sanitarios


1. Al celebrarse el quincuagésimo aniversario de la fundación de la amada congregación de religiosas Benedictinas Reparadoras de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, me complace unirme a la acción de gracias que usted, señor cardenal, eleva al Señor junto con las religiosas de ese benemérito instituto religioso, que desde hace muchos años acompaña con gran esmero y asiduidad.

Es oportuno recordar en este momento el origen del instituto, fruto de un impulso superior:  mientras la Iglesia celebraba el Año jubilar del "gran retorno y del gran perdón", el siervo de Dios Ildebrando Gregori, entonces abad general de la Congregación benedictina Silvestrina, con rigurosa y coherente aplicación de la Regla de san Benito, emprendió una obra de asistencia y formación humana y espiritual de los niños más pobres y abandonados, víctimas de la segunda guerra mundial. En aquellos "pequeños" supo descubrir, como recomienda el Evangelio, el rostro sufriente de Cristo. La pía asociación, constituida el 15 de agosto de 1950, al poco tiempo fue reconocida como congregación religiosa de derecho diocesano y, después, de derecho pontificio.

2. La constante referencia a la Santa Faz de Cristo ha sostenido la espiritualidad de las religiosas que, desde el comienzo de la congregación hasta el día de hoy, se han comprometido a reparar las ofensas cometidas diariamente contra el Señor:  compromiso traducido, según la invitación de san Benito, en una vida diaria de oración ("ora") y en el esfuerzo incesante ("labora") de estar junto a las infinitas cruces en las que el Hijo de Dios sigue siendo crucificado. Modelo de las religiosas Reparadoras de la Santa Faz es la Virgen María, que el siervo de Dios abad Ildebrando Gregori quiso tener como punto de referencia, al fundar la congregación el día de la solemnidad de la Asunción.

Doy gracias al Señor por el desarrollo vocacional que ha experimentado la congregación durante estos cincuenta años, también en virtud de su profunda fidelidad al carisma fundacional. La respuesta generosa con la que muchas jóvenes han acogido en estos años la llamada del Señor ha llevado a la apertura de nuevas y florecientes comunidades en India, Polonia, Rumanía y África, donde el instituto ha emprendido prometedoras iniciativas de apostolado misionero.

3. Esta dilatación de su presencia y de su servicio ha permitido emprender nuevas formas de asistencia a los más pobres y a los que sufren, tanto niños como ancianos, en los que se vuelve a reflejar, a veces de manera particularmente conmovedora, el Rostro sufriente de Jesús.

Deseo asimismo expresar a la congregación mi complacencia por haber querido conjugar el apostolado del servicio a los que sufren con una creciente profundización de la espiritualidad, en la que este apostolado se inspira y se apoya. Con este propósito, la congregación ha contribuido de manera decisiva a la creación del Instituto internacional de investigación sobre el Rostro de Cristo, cuya finalidad consiste en promover, mediante congresos anuales, publicaciones cualificadas y múltiples iniciativas, la profundización de la reflexión sobre el Rostro de Jesús y la difusión de su devoción, ambas resaltadas en la expresión bíblica grabada en la medalla de la Santa Faz:  "Illumina, Domine, Vultum tuum super nos".

4. En el alba del nuevo milenio, a la vez que doy gracias a Dios por los frutos de bien producidos por el instituto en los cincuenta años transcurridos desde el jubileo de 1950 hasta el actual, deseo de corazón que el aniversario sea para cada religiosa Reparadora una ocasión de renovado entusiasmo por el don de la vocación y un estímulo a dar un gozoso testimonio de vida consagrada ejemplar.

Encomiendo estos deseos a la intercesión de María, Madre de Cristo muerto y resucitado, pidiéndole que ayude a las religiosas Reparadoras de la Santa Faz a vivir sus votos con el rigor y a la vez con la alegría de quien mediante su vivencia de los consejos evangélicos se une a Cristo que, por amor, fue "casto, pobre y obediente" (Lumen gentium, 46).

Con estos sentimientos, de buen grado le imparto una especial bendición apostólica a usted, señor cardenal, a las religiosas Reparadoras de la Santa Faz y a cuantos se unen a ellas en su acción de gracias a Dios por el feliz aniversario jubilar.

Vaticano, 27 de septiembre de 2000
 

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