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CARTA DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II
AL CARDENAL GANTIN ACEPTANDO SU RENUNCIA
A LA FUNCIÓN DE DECANO
DEL COLEGIO CARDENALICIO 

 

Al señor cardenal
BERNARDIN GANTIN
Decano del Colegio cardenalicio
Venerado y querido hermano:
 

He retenido largo tiempo la carta que me dirigió, para reflexionar y pedir luz a Dios en la oración.
Deseo, ante todo, asegurarle que han tenido gran eco en mi corazón los sentimientos de devoción que me ha expresado en ella una vez más con gran confianza. Se lo agradezco sinceramente, señor cardenal, consciente de que son la confirmación, de acuerdo con su lema episcopal:  "In tuo sancto servitio", de toda una vida consagrada al servicio del Señor, en profunda comunión de pensamiento y afecto con el Sucesor de Pedro, primero como secretario de la Congregación para la evangelización de los pueblos, luego como presidente de la Comisión pontificia Iustitia et pax y presidente del Consejo pontificio "Cor unum", y por último como prefecto de la Congregación para los obispos.

En su carta me manifestaba, asimismo, el deseo de ser dispensado, al cumplir los ochenta años, del oficio de decano del Colegio cardenalicio, motivando la solicitud con las crecientes dificultades que afectan a su salud con el paso del tiempo. También me expresaba su ferviente anhelo de volver a su amado Benin, para prestar su contribución a la vida de la Iglesia en el país que le vio nacer.

He esperado antes de responderle, porque no le oculto que su alejamiento de Roma me priva de un colaborador impregnado de un profundo "sensus Ecclesiae" y de una amplia experiencia en cosas y personas. Sin embargo, comprendo su amor a la patria y a su ambiente natural y cultural, al que se refiere en su carta, y también soy consciente de las oportunidades que la vuelta a su tierra le brindará para dar un eficaz testimonio del Evangelio.

Teniendo en cuenta todo ello, he decidido acceder a las dos solicitudes que me ha presentado, queriendo atestiguarle con este gesto también la viva gratitud que siento en el corazón por toda la ayuda que durante estos años me ha prestado generosamente. Por tanto, al cumplir ochenta años, podrá usted ser llamado "decano emérito" del Colegio cardenalicio y volver a Benin, donde le deseo que haga aún mucho bien al servicio del reino de Dios.

Con estos sentimientos, a la vez que le aseguro mi recuerdo ante el Señor de modo especial en el santo sacrificio de la misa, le envío con fraternal afecto mi bendición, que extiendo a todos sus seres queridos, con un saludo particular para las religiosas que le asisten.

Vaticano, 19 de marzo de 2002

 

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